lunes, 27 de agosto de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 7

SIETE
  Paredes amarillo ocre, hace cuatro meses, en una casa en Salceda de Caselas, Galicia.
  -¡¿Qué?!
  -Pues eso, que necesito que hagas el casting.
  -¡No puedes pedirme eso! ¡No puedes hacerlo! Sabes que no.
  -Venga Lucas, será solo un momento. Te llevas la guitarrita, te plantas delante del micrófono, cantas alguna de tus canciones moñas y te vas. No tienes que hacer nada más
  Lucas no sabe qué decir. No puede hacerlo. No quiere. No es el momento. Hace unos años estaría encantadísimo con esa oportunidad de demostrar su talento, pero ahora, no. No entiende por qué su amigo le pide eso. Él sabe mejor que nadie que no ha vuelto a sacar la guitarra desde lo de Sara, y mucho menos ha vuelto a cantar. No tiene ganas de hacerlo. El hecho de pensarlo le produce un escalofrío. La última vez que lo hizo fue con ella, el día de su cumpleaños. Recuerda perfectamente lo nervioso que estaba, pero también recuerda la ilusión. Estaba seguro de que le iba a encantar que por fin le mostrara su faceta más oculta, su faceta más íntima y cuando lo hizo, se dio cuenta de que no estaba equivocado. Aún siente ese abrazo cálido cuando terminó de cantar y ese beso mojándole la cara al chocar las mejillas impregnadas de sus lágrimas. De las lágrimas de Sara.
  -No es tan fácil como lo pintas. Sabes que no es tan fácil.
  -Venga, no te pediría este favor si no fuera importante. Si no consigo a cinco personas como mínimo para el casting, me echan. No necesito que te explayes, solo que cantes.
  -¿Tanto te cuesta entender que no estoy preparado? No he vuelto a tocar desde aquel día y no voy a hacerlo ahora. Búscate a otro. -Lucas no quiere enfadarse, pero no puede evitarlo. No es justo lo que le está pidiendo, y mucho menos lo son las formas que está utilizando. Si lo quiere convencer quitándole hierro al asunto, va por muy mal camino. Sara aún está presente en su vida.
  -Vale, está bien. Lo entiendo. Siento haberte hecho recordar aquello.
  Lucas sabe que no puede estar enfadado con uno de sus mejores amigos y rápidamente olvida lo que ha pasado.
  -No pasa nada.
  -No, en serio, lo siento. Es que necesito a alguien para dentro de dos días y no sé qué hacer. No conocerás a alguien, ¿No?
  -No sé. Puedo llamar a los del grupo, pero no te aseguro nada. Además, dos días es muy precipitado.
  -¡Muchas gracias, de verdad! Pero pensé que ya no tenías contacto con ellos.
  -Y no lo tengo, pero creo que ya es hora de retomar viejas amistades. "Acclaim" fue algo muy importante en mi vida.
  -¿Te imaginas que se vuelve a unir el grupo? Sería genial y seguro que así te distraes un poco. Yo podría enchufaros en algún que otro casting, siempre y cuando me lleve comisión.
  Lucas sonríe al oír las ocurrencias de su amigo. Siempre intentando buscar algún negocio.
  -Sigue soñado, capullo.
  -Tenía que intentarlo jajajaja.
  -Bueno, hablo con los chicos y mañana te llamo.
  -Esperare impaciente tu llamada. Crucemos los dedos.
  -Venga, tío, un abrazo.
  -¡Adios!
  Y no puede evitar pensar que la llamada de su amigo le ha venido bien. Un reencuentro entre antiguos amigos nunca viene mal. Ya es hora de seguir con su vida y salir del pozo en el que se ha metido.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 6

SEIS
 Paredes alicatadas con losas blancas y una cenefa media altura con losas de color cazuela. Se sienta en una de las cuatro sillas de madera que rodean la mesa, de madera también. Está nerviosa. No comprende por qué no la ha llamado aún. ¿Le habrá pasado algo? Seguro que no. Su hija es una chica responsable y no se mete en problemas. Seguramente se habrá distraído al encontrarse con algún conocido de vuelta a casa.
Mercedes se levanta, se asoma por la ventana de la cocina que da a la calle y la busca por la acera, pero no obtiene ningún resultado. Vuelve a sentarse y golpea la mesa con las yemas de los dedos repetidas veces mientras mira el reloj de la otra mano. Es muy tarde, no puede ser que la prueba no haya terminado aún.
Cuando menos se lo espera, suena el teléfono y le da un vuelco al corazón. A pesar de sus cincuenta y dos años, sale corriendo de la cocina y, sin darle tiempo a que vuelva a sonar, descuelga el aparato que hay en la pequeña mesita cuadrada de la izquierda.
  -¿Diga?
  -Hola mamá, ya he salido...
  -¿Y qué te han dicho? -Mercedes se impacienta y, a pesar de notar que el tono de voz de su hija no es exactamente animado, la esperanza es lo último que se pierde.
  -Que no soy el perfil que buscan, pero no te preocupes que estoy bien.
  -¿Seguro? ¿No quieres tarde de chicas para despejarte? No sé, podemos ir de compras, al cine...
  -No mamá. Ya te he dicho que estoy bien. Además, ya he quedado con África y luego tengo que cuidar a Martita, que me lo pidió la tía Isabel.
  -¡Es cierto! Casi se me olvida decírtelo. -Mercedes se lleva la mano con la que no sujeta el teléfono a la cabeza. -Me dijo tu tía que no hace falta que vayas hoy, que al final no va a cenar fuera.
  -Está bien, entonces ya veré lo que hago esta tarde. Ahora voy para casa y ya hablamos. ¿Vale?
  -Muy bien, cariño. Ahora nos vemos. Un besito, hija.
  -Otro para ti, mami.
  Y, mientras camina en busca del abrazo de su madre, se encuentra con alguien al que nunca pensó que volvería a ver.

viernes, 17 de agosto de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 5

CINCO
Paredes exteriores de piedra. Debe ser un edificio antiguo, de arquitectura barroca. Berta sale del portal y baja las escaleras que dan a la calle. Tiene el teléfono móvil en la mano. Lo sacó del bolsillo mientras esperaba el ascensor con la intención de llamar a su madre y contarle cómo le ha ido la prueba para ser la nueva copresentadora del programa de moda de la televisión, pero no siente fuerzas para hacerlo. A sus veinticinco años, ya ha tenido que pasar por más de una desilusión en su corta vida laboral, pero esta vez es diferente. Necesita desahogarse con alguien, pero no puede ser con su madre. No quiere que le oiga llorar porque se le partiría el alma y sabe que le resultará imposible contener las lágrimas. Necesita un abrazo, pero ahora mismo está sola en la calle, rodeada de gente que no tiene ni idea de todo lo que está pasando por su cabeza. Recuerda la canción de El Sueño de Morfeo. "Gente que está sola aunque haya mucha gente". Así se siente ella... Si por lo menos estuviera su amiga a su lado, ella la haría sentirse mejor, pero a estas horas estará trabajando y no debe molestarla. A ella si que le ha ido bien. Está orgullosísima de su amiga, aunque algunas veces la envidia. Envidia sana, por supuesto, pero envidia al fin y al cabo. Aún recuerda el primer casting al que fueron juntas. Era para hacer de azafata en un concurso y su amiga solo iba para acompañarla, pero al final se animó y empezó a bailar sin sentir vergüenza alguna hasta contagiarle el ritmo a Berta. Ninguna de las dos fue seleccionada, pero desde entonces iban juntas a cada prueba y cada negativa que le daban a Berta acababa convirtiéndose en motivo de celebración, ya fuera porque ese día iba muy bien conjuntada o porque el director de casting tenía un cuerpo diez. Lo importante era irse de cañas y punto, pero ahora no están juntas.
Berta sigue caminando, pero a cada paso que da, se siente cada vez más rota por dentro. Esta vez no le han dado ninguna esperanza. Ni un simple "Ya te llamaremos". Solo le han dicho que no es lo que están buscando, que quieren a alguien con más preparación. ¿Con más preparación? ¡Pero si ella tiene la carrera de periodismo y desde los doce años está acostumbrada a hacer todo tipo de anuncios! La cámara ya no tiene secretos para ella. Incluso ha posado para un catálogo de ropa interior, y eso no fue nada fácil. En cambio, la que sería su compañera si la hubieran elegido a ella para el trabajo no sabe ni expresarse con claridad. Si no fuera por los guiones que le dan , estaría perdida. Pero... ¿Por qué piensa eso? Ella no es así.  ¿Qué más da si sabe o no hacer bien su trabajo? Esa pobre chica no tiene la culpa de que no la hayan cogido a ella.
De repente, suena el móvil y lo primero que se le pasa a Berta por la cabeza es que ojalá no sea su madre. Cruza los dedos de la mano izquierda y, con la manos derecha, se aparta los mechones rubios de pelo que le tapan la cara y rebusca en el bolso hasta que encuentra el aparato. Mira la pantalla táctil pero no reconoce el número y no tiene ni idea de quién puede ser porque aparecen más de nueve dígitos. No le queda más remedio que contestar y salir de dudas.
  -¿Diga?
  -Hola, Berta, cariño.¿Has salido ya de la prueba?
  -Hola, Afri. Sí, he salido ya, pero prefiero no hablar de eso. Me ha salido fatal.
  -¡Venga ya! ¡Siempre dices lo mismo y mira la de veces que te han llamado! ¿O a caso no eres la niña de los "Caramelos Sweetty"?
  -Sí, pero de eso hace ya mucho. Hazme caso, que esta vez no me llaman.
  Las dos amigas se quedan en silencio unos segundos hasta que África se decide a hablar.
  -Bueno, no importa. Ya saldrán otros trabajos y, lo mejor de esto es que... -África hace con la boca un sonido que simula al redoble de unos tambores. -¡Nos vamos de cañas para celebrarlo!
  -No tengo ganas de celebraciones. Además, no hay nada que celebrar.
  -Está usted ofendiéndome Señorita Romero. ¿Cómo que no hay nada que celebrar? ¿Acaso no le parece apropiado celebrar que hoy es hoy y que somos unas amigas estupendísimas?
  Berta sonríe al otro lado del teléfono, aunque sigue teniendo los ojos llorosos.
  -Bueno, está bien, pero aunque celebráramos eso, tú estás trabajando. No te puedes escaquear así porque sí.
  -¿Y quién te ha dicho a ti que yo me vaya a escaquear? ¡Nos vamos de cañas telefónicamente!
  -Afri, estás loca. Vas a gastar un pastón en móvil..
  -¡Bah! Por eso tú no te preocupes, que estoy llamando con el teléfono de mi oficina.
  -Lo siento, África, no puedo. Todavía tengo que llamar a mi madre, que aún no he hablado con ella y estará la pobre mordiéndose las uñas... Gracias de todas formas, me has animado bastante.
  -¿De" gracias de todas formas", nada! No te vas a librar de mí tan fácilmente. Cuando salga del trabajo te llamo y nos vamos a tomar algo.
  -Está bien, pero una y para casa, que tengo que quedarme cuidando de mi prima pequeña.
  -No te preocupes, yo también tengo cosas que hacer. ¡Un beso!
  Y sin dejar que Berta conteste, África cuelga el teléfono. Ya tenía planes para hacer después del trabajo, pero va a tener que aplazarlos al menos dos horas. Todo sea por animar a una amiga y que no caiga en las garras del malvado helado de tres sabores. Va a tener que organizarse muy pero que muy bien si quiere que le dé tiempo a hacer todo lo que tiene planeado.

En esa misma oficina, hace unas horas
  Ya no puede echarse atrás. Está ahí dentro, en su despacho, aunque ahora mismo debería habérselo pensado antes. No tiene derecho a pedirle lo que le va a pedir y posiblemente lo ponga en un compromiso, pero como siempre dice su padre, "de perdidos, al río".
  -¿Qué te trae por mi humilde despacho, Africa?
  Su sonrisa perfecta y sus ojos azul grisáceo paralizan a la joven becaria. Comienzan a temblarle las piernas y no sabe por donde empezar. Intenta hablar pero no le salen las palabras. Sigue pensando que no es una buena idea pedírselo y teme su reacción.
  -Venga, que no te voy a comer. Sabes que no soy de esa clase de jefes.
  Otra sonrisa. Ahora incluso más bonita que la anterior. Esto parece un festival de sonrisas y, por ahora, el chico tiene todas las de ganar.
  -Verá, no sé cómo decirle esto pero... le quiero pedir un favor.
  -Venga África, no me hables de usted. Te lo he dicho ya cien veces: Aquí los dos estamos en igualdad de condiciones.
  -Bueno, tu eres el jefe y yo, la becaria. Creo que las mismas, mismas condiciones, no son.
  Aparece la primera sonrisa de África desde que entró por la puerta y esto le ayuda a relajarse un poco. Al fin y al cabo, es cierto que él no es el típico jefe que se piensa que está por encima de todo el mundo. Y aunque lo fuera, ambos han ido labrando una relación más estrecha desde que comenzaron a trabajar juntos.
  -En fin, lo que TE quería pedir -África recalca el "te" en tono de broma para hacerle ver que ya no le habla de usted -es que hoy me dejes salir un poco antes. No te pido una hora exacta, sino cuando termine todo mi trabajo.
  -No sé, Afri... Fuiste tú la que me pidió que te tratara como al resto de la plantilla y ahora me pides todo lo contrario.
  -Ya sé que no sería justo para los demás, pero es solo un día.
  -Es solo un día, pero mañana será otro. Y pasado mañana, otro.
  -Que no, de verdad. Es solo hoy porque es un día especial.
 El Señor Sauras se levanta de su silla y se acerca a la chica, todo ello con una sonrisa bastante pícara en su rostro. Mientras, África da un paso hacia atrás y su cuerpo choca contra la puerta, que permanece cerrada desde que ella entró.
  -¡Ah! ¡Sí? ¿Un día especial? ¿Y eso por qué?
  El joven la abraza y le da un ligero beso en los labios. Ambos sonríen.
  -Hoy, justamente hoy, hace un mes que empecé a salir con mi chico.
  -No sabía que tuvieras novio.
  Otras dos sonrisas al unísono.
  -Vamos, Miki, tengo que trabajar y este no es el momento ni el lugar más adecuado para hacer esto. ¿Me dejas salir antes o no?
  Un beso. Otro beso. Y otro más. La chica separa a Miguel con la mano y pone ojitos de carnero degollado. Eso nunca falla. Su jefe se da por rendido y le contesta de camino a su mesa.
  -Está bien, pero ni una palabra a nadie y espero que no te acuestes tarde porque mañana tienes que venir a trabajar a la misma hora de siempre.
  -Sí, sí. No te preocupes. ¡Muchas gracias! Nos vemos luego en la sesión de fotos ¿No?
  -Lo siento, pero la sesión se ha cancelado. Quiero estar presente y hoy no puedo porque tengo bastantes cosas que hacer y salgo dentro de quince minutos a una reunión que no sé cuánto durará. Ya te avisaré cuando la vayamos a hacer.
  -Está bien. Me hacía mucha ilusión pero... otra vez será.
  -Hasta mañana.
  -Hasta mañana entonces.
  Y mientras sale de la habitación y cierra la puerta, le regala un guiño y una sonrisa a su jefe.
 

miércoles, 15 de agosto de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 4

CUATRO
Paredes verde lima listas para pintar y darle la bienvenida al inquilino que dormirá a partir de ahora entre ellas. Lucas coge con las dos manos el bote de cuatro litros de pintura azul y lo acerca hasta la pared con el gran ventanal. Ya ha cubierto con papel de periódico el marco del mismo, el de la puerta y todo el suelo, así que al fin le toca su parte favorita: darle color a todo lo que le rodea con la única ayuda de un rodillo y un par de brochas.
Intenta abrir el bote de pintura con las manos pero, como era de esperar y a pesar de que lleva ya algunos meses haciendo ejercicio, no tiene la fuerza suficiente para abrirlo. Acaba de mudarse a aquella casa y aún no tiene allí su completísima caja de herramientas, de modo que sale de la habitación y busca por toda la casa algo que pueda usar a modo de palanca. Avanza por el pasillo, que no tiene ni un solo mueble; busca por todas las habitaciones, las cuales están también vacías. En el salón solo hay un colchón en el suelo que ni siquiera ha sido desembalado y, por último, rebusca en los cajones de la cocina, la única habitación que venía con los muebles instalados. Nada, no encuentra nada. El joven empieza a desesperarse y vuelve a la primera habitación, en la que nada más entrar, ve un destornillador justo al lado de la pintura. ¿Cómo ha podido no verlo antes? Lucas sonríe y se da un ligero golpe con la palma de la mano en la cabeza. Se agacha e introduce la punta del destornillador entre el bote y la tapadera del mismo y, con un simple toque, destapa la pintura. El olor se introduce rápidamente en su nariz y pasa por la garganta hasta llegar a los pulmones. No le queda más remedio que toser.
Entre tos y tos, vuelve a la cocina a por un vaso de agua, pero cuando abre el grifo, se da cuenta de que ésta no tiene un color muy saludable y es que, tras salir durante unos segundos de color marrón, el chorro cesa, caen al fregadero tres pegotes de barro y comienza a hacer un ruido bastante extraño. Lucas lo da por muerto, al menos hasta que le traigan su magnífica caja de herramientas, y lo cierra mientras continua tosiendo, aunque cada vez lo hace con menos frecuencia.
Ahora se dirige al cuarto de baño pero, cuando abre el grifo, ya ha parado de toser. Al menos aquí el agua parece ser potable y no tendrá que arreglarlo.
Con tanto ajetreo se le han saltado hasta las lágrimas y sus grandes ojos verdes ahora están un poco rojos. El joven se echa agua en la cara y en la nuca. Lleva un día bastante duro entre una cosa y otra y está agotadísimo. Después de toda una noche de viaje en tren en el que casi no ha podido dormir, ha  llegado a Madrid al amanecer, ha llevado todo el equipaje hasta su nuevo piso, luego ha ido a firmar su nuevo contrato de trabajo y ha vuelto para comenzar el largo trabajo que le espera hasta convertir aquella casa en lo que será su hogar.

Hace cuatro meses, en Salceda de Caselas, Galicia)
  Está a punto de entrar en su casa cuando, mientras busca la llave para abrir, escucha sonar el teléfono al otro lado de la puerta. Se pone nervioso e intenta meter rápidamente la llave en la cerradura, pero ésta no encaja. Qué momento más inoportuno para llamar. Seguro que es su madre para preguntarle qué tal le ha ido el día y saber si está mejor después de su ruptura con Sara, como si lo viera. Por fin atina con la pequeña ranura y con un brusco giro de muñeca hacia la derecha, la puerta se abre. Sale corriendo hacia el salón, sin ni siquiera cerrar la puerta y, cuando va a descolgar el teléfono, éste deja de sonar. Justo en ese momento, en el bolsillo trasero del pantalón, comienza a vibrar su móvil. No le da tiempo a que comience a sonar la melodía cuando ya ha contestado:
  -¡Hey! ¿Qué pasa? No puedes estar ni dos horas separado de mí ¿Verdad?
  -Más quisieras... ¡Que sé que desde que me dejé perilla no me quitas el ojo de encima!
  -¿Tanto se me nota? Jajajajaja
  Los dos amigos ríen al unísono, aunque a bastantes metros de distancia el uno del otro.
  -Tío. te he estado llamando a tu casa, pero no lo cogías ¿Dónde estás?
  -Ya, ya lo sé. Justo cuando estaba abriendo la puerta he escuchado el teléfono, pero no me ha dado tiempo a cogerlo -En ese momento, recuerda que aún no ha cerrado la puerta y se dirige hacia la entrada para hacer lo propio.
  -Verás, Lucas... Te tengo que pedir un favor.
  -Va, tío, ¿Qué pasa? Sabes que haré cuanto esté en mi mano para ayudarte. Somos amigos ¿No?
  -Sí, sí. Somos amigos, pero esto es diferente. No es un favor de los de siempre.
  -Me estás acojonando ¿Qué grado de favor es? -La mente de Lucas empieza a trabajar a la velocidad de la luz y empieza a imaginar lo más descabellado que se le pudiera haber ocurrido a su amigo. La preocupación comienza a verse reflejada en su perfecto rostro. -¿Es un favor tipo "déjame dinero", "necesito que me arregles una silla"...? ¿O es más bien "ayúdame a conquistar a una chica con frasecitas cursis"?
  -No. No es nada de eso.
  -¿Entonces?
  -Necesito que cantes y toques la guitarra ante los directores de casting de "Dime una palabra".



jueves, 12 de julio de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 3

TRES
Paredes blancas, decoradas exclusivamente por grandes fotografías de las portadas más famosas se la revista. Desde el mismo día en el que fue a entregar el currículum, África se quedó impresionada con ese largo pasillo y, desde entonces, no ha dejado de ser uno de sus lugares favoritos.
La chica sigue caminando y atraviesa la sala de descanso en la que algunos de sus compañeros están tomando un café, charlando, o incluso algunos revisan proyectos que deben ser entregados no muy tarde para que sus jefes les den el visto bueno. Tras pasar por el estudio de fotografía, al fin llega a su lugar de trabajo, donde saluda a su compañera y becaria, al igual que ella, Blanca. Aun no tiene mucha relación con ella e incluso no está segura si su nombre es Blanca o Clara, pero espera estrechar lazos con ella ya pronto tendrán que trabajar mano a mano.
Comienza el ritual de cada día y deja el bolso en el perchero que hay junto a la ventana. Coloca las gafas de sol sobre la mesa, justo detrás del teclado del ordenador para que no le molesten al escribir y, tras sentarse en su cómoda silla, lee por encima los post-it que tiene pegados en la pantalla del ordenador, los cuales ha dejado allí el señor Sauras a primera hora de la mañana para adelantarle cuáles son sus tareas del día. Una vez que las ha leído todas, vuelve a leerlas más detenidamente porque ya no se acuerda ni de la primera. Siempre le pasa lo mismo, pero está claro que forma parte de sus costumbres diarias y no piensa cambiarlas.
Parece ser que hoy no tiene demasiado trabajo. Tan solo debe maquetar un artículo sobre la moda de las prendas flúor este verano, lo cual le mantendrá ocupada unas dos horas como mucho. Luego se tomará un breve descanso y, para terminar, asistirá a una sesión de fotos que hay a las once y media. Obviamente, la fotógrafa no será ella, pero está tan ilusionada como si así fuera. Es la primera sesión a la que le dejan asistir y está convencida de que aprenderá muchísimo. Desde que se lo comunicaron, estaba deseando que llegara el momento y, por fin, hoy es el día; No puede ser más feliz, o al menos, eso es lo que ella piensa.
Ya es hora de ponerse a trabajar, de modo pulsa el botón para encender el ordenador y, mientras despega las notitas de la pantalla, se le ocurre un idea genial. Se levanta corriendo de la silla, tanto que casi tropieza, y sin pensárselo dos veces, se planta frente a la puerta del despacho de su jefe. Un pequeño letrero de color verde lima situado a la altura de los ojos indica claramente que ese es el despacho de Don Miguel Sauras, Director gráfico.
Berta se para frente a la puerta, se retoca el flequillo echándoselo un poco hacia el lado para que no le tape los ojos, se coloca bien la camiseta y da dos golpecitos con los nudillos en la madera.
   -¿Se puede?
   -Adelante.
La puerta se abre con decisión. A un lado, se encuentra un joven que, sin levantar la vista de la pantalla del ordenador, sabe perfectamente quién ha venido a verle. Desde que entró en la empresa hace tres años ha conseguido demostrar que está allí por méritos propios y no por ser el hijo de uno de los accionistas mayoritarios, aunque esto último lo saben muy pocas personas. Con tan solo catorce años,  comenzó a interesarse por el mundo de la imagen, el diseño y, sobre todo, la fotografía, y ahora que ya tiene veintiocho, puede presumir de haber ganado algún que otro premio como reconocimiento a su trabajo, aunque no se considera un gran profesional. Tampoco le gusta su trabajo actual y es por eso que pretende dejarlo algún día para volcarse en algo más artístico, pero por ahora tiene varias deudas que pagar y no es el mejor momento para arriesgarse a perder un sueldo del que no se puede quejar.
Al otro lado de la puerta, África comienza a arrepentirse de no haber meditado antes la decisión. Tan solo hace tres meses que empezó a trabajar allí y comienza a plantearse si pedir que la dejen salir un poco antes del trabajo es una buena idea, pero ya no hay marcha atrás y avanza dando pequeños pasos hacia su jefe.
La chica levanta la cabeza y lo ve sumergido en sus asuntos, tecleando en el ordenador y contrastando información procedente de diferentes papeles que tiene sobre su escritorio. No es un buen momento para interrumpirle, pero él le sonríe sin dejar de prestar atención a lo que estaba haciendo.
África se da cuenta del gesto y, sin quererlo, se le escapa también una sonrisa que consigue hacer que se relaje un poco; aunque las piernas siguen temblándole igual que el primer día que vino a trabajar.


domingo, 8 de julio de 2012

Orgullosa de lo que tengo

Es curioso que el ser humano sea avaricioso por naturaleza cuando, en realidad, son pocas las cosas que necesitamos para ser felices.
Tirar un papel a la papelera como si fuera una canasta, ir al extranjero y que sepan de dónde eres por tu acento, que jueguen con tu pelo (esto va por mi cari), bañarte en una piscina mientras llueve o incluso la luz de la nevera cuando la abres a oscuras son pequeños placeres a los que no les damos importancia porque solo pensamos en conseguir más y más. Pero a veces, algo hace "clic" en nuestra cabecita y de esta forma, conseguimos darnos cuenta de la vida es bonita, que hay que disfrutar cada momento y que no hay nada mejor que unos buenos amigos para pasártelo en grande.
Yo no me había dado cuenta de todo esto hasta ayer, cuando volví a mi casa después de pasar unos días estupendos con la mejor compañía que jamás habría imaginado.
Todo empezó el viernes mientras me comía una manzana (me encantan las manzanas), cuando sonó el teléfono. Era mi hermanita del alma preguntándome si podía ir a su casa un rato antes de coger el autobús rumbo a Chiclana, así que no me lo pensé dos veces y me planté allí a pesar del solano que pegaba en ese momento.

Una vez llegué al 3º A, me encontré con Pablo, al cual no veía desde hacía un año y fue en ese momento cuando me di cuenta de que lo había echado mucho de menos. Un año sin mi latino, ese enanito al que humillar de vez encuando, pero siempre desde el cariño y el respeto. Ese enanito que me ayudó a entender declinaciones, verbos y demás parafernalias en latín y a aprobar algún que otro examen. Ese enanito que se ha ganado para siempre mi amistad y que podrá contar conmigo cada vez que me necesite.

Minutos más tarde, nos encontrábamos ya sentados en el autobús. A mi lado, Alejandra y, delante nuestra, Amanda y Pablo. Aprovechamos cada segundo del recorrido para recordar momentos, anécdotas, canciones y demás tonterías que refuerzan la base de una buena amistad. Puede parecer una tontería pero yo en ese autobús era feliz. ¿Cuánto tiempo hacía que no tenía un momento "a solas" y de tranquilidad con aquella persona que me proporciona tantos momentos inolvidables? Y en realidad es eso lo que hace que la quiera tanto porque creo que muy pocas personas se atreverían a disfrazarse de Superman un día cualquiera e ir hasta Chiclana o incluso comprar en el Mercadona con esas pintas; a casi nadie se le ocurre dormir en el suelo de un cuarto de baño; y a quién si no se le iba a ocurrir modelar la comida hasta crear formas fálicas.

Si señores, esa es Alejandra. Mi amiga. Mi hermana.

Nos bajamos del autobús y allí nos esperaba Adri, que como yo siempre supe, no tenía muchas luces y había cogido el bus anterior. Mientras, se había estado distrayendo buscando obscenidades con el móvil pero es mejor que ese tema lo dejemos a un lado.
Una vez llegamos al campo, podríamos decir que nos encontramos con la juerga padre. Un montón de amigos bailando y cantando al son de canciones como "Me lo tiro", "No rompas más" o "Soy una taza".
Mientras bailaba, iba saludando a los que se cruzaban por mi camino y, pos supuesto, me seguían el rollo. Mi cuerpo se movía al grito de "La música es mi drogaa!!!" aunque realmente mi ilusión no nacía en las notas musicales, sino en el corazón de cada una de las personas que se encontraban allí:
-Bea, también conocida como mi cari. Una persona que no piensa en ella sin haber pensado antes en los demás. Con la que te puedes ir de copas un día cualquiera y pasártelo en grande sin necesidad de que haya nadie más. Incluso puedes inventarte un código de Malibús con piña o Barceló-Cola para puntuar a los machos que se cruzan por nuestro camino. Una persona que, ante todo, no es racista jajajaja.
-Cristina, con la que picarme cada cinco segundos y, aun así, quererla más cada momento que paso a su lado. Nuestra amistad es el claro ejemplo de la tolerancia. Personas completamente distintas que no podrían vivir la una sin la otra y que me cuida por encima de todo. Una gran amiga, sin duda alguna.
-Isa Riquelme, la yonki del grupo. No se puede ser más feliz que ella cuando vamos a la punta y, lo queramos o no, le da vidilla a las fiestas. ¿Quién mejor que ella para perrear a una columna o para decirte que te quiere en pleno estado de embriaguez?
-Isa Mesa. Con ella sobran las palabras y es que es una persona que me ha hecho ver la vida de otra forma. Es raro que pase un solo día en el que no hable con ella y nos contemos tonterías la una a la otra. Es un gran apoyo y no puedo pedir más de ella porque lo da todo para verme sonreir.





-Amanda, otra de las personas que me siguen en cada una de las locuras que se me ocurren y a la que le puedes pedir mil favores, los cuales cumplirá siempre que esté en su mano. Única en su especie.


También están Antoñito y Adri, con los que no tengo una relación tan estrecha, pero a los que si que les tengo un cariño especial. Con Antonio he chateado montones de horas y he compartido también muchos momentos. Con Adri, no tantos (muahahahaha) pero creo que muchos momentos se me harían mas pesados si no estuviera él para recordarte que hay que ser un poco cabroncete de vez en cuando. Y más aun, hay que ser cabroncete con él.
No puedo dejar de alabar a mis amigos sin mencionar a Paula, que aunque no estuvo presente físicamente este fin de semana, si que lo estuvo en nuestras cabezas, ya que la recordábamos a cada momento y echábamos de menos sus comentarios ingeniosos y crueles. Habría sido un buen refuerzo para seguir metiéndome con Adri. Solo me quede contar los días para que vuelva al que siempre será su grupo de amigas y así podremos sentirnos completas.


Con todo esto lo que quiero hacer ver es que lo que nos hace felices no son las cosas que tenemos, sino con quien las compartimos. Que todo puede ser oscuridad o estar lleno de luz dependiendo de los ojos con los que queramos mirarlo. Y que uno es feliz si quiere serlo. Por eso quiero dar las gracias a todos estos, que hacen que quiera ser feliz junto a ellos y disfrutar cada momento aunque sea haciendo la cosa más absurda que podáis imaginas, siempre y cuando sea con ellos.
PD: No me preguntéis por qué hay letras en negrita o subrayadas porque ni yo misma lo se. Son cosas que pasan.

martes, 3 de julio de 2012

Con "B" de BERTA: Cap. 2

DOS
Cuatro paredes estrechas. Una de ellas es un espejo de arriba a abajo y otra tiene botones con números del cero al cinco. África pulsa el último botón del ascensor para que este la lleve al piso más bajo. Mientras concluye el corto trayecto le da tiempo a colocarse bien el flequillo frente al espejo y pintarse los labios. Esto último lo hace siempre desde que tenía once años y su madre no le dejaba maquillarse, de modo que no le quedaba otra que hacerlo de esa forma. Con el paso del tiempo se fue convirtiendo en costumbre y, aunque tiene ya veinticinco años y vive sola en un pequeño apartamento, le encanta saber que tiene la habilidad de ponerse guapa en escasos minutos.
El ascensor se para y la puerta automática se abre. Mientras sale, África mira hacia atrás para verse reflejada en el espejo y comprobar una vez más lo bien que le queda esa camiseta blanca de manga corta con esos shorts de color rosa y el bolso inspirado en un capazo. Se coloca las gafas de sol y baja las escaleras que dan a la calle. Es temprano y casi no ha salido el sol, pero las gafas son un complemento más y, aunque ya lleva tres meses trabajando como becaria en la famosísima revista de moda "RuinoGlam", debe seguir causando buena impresión a sus compañeros.
Ya está llegando el verano y no hace mucho frío, de modo que prefiere ir a trabajar dando un paseo y olvida la idea de coger la Vespa que tanto esfuerzo le está costando pagar. Tras unos treinta minutos de camino, llega a la oficina. Todavía no se cree que haya conseguido ese puesto, pero también es cierto que ha trabajado muy duro para conseguirlo y que no se ha rendido a pesar de todos los palos que se ha llevado.
África entra en el edificio y saluda al portero que está sentado en una silla tras el mostrador. Siempre lo hace desde que llegó allí el primer día y le preguntó por el despacho de la señorita Susana Márquez. Él se mostró muy amable con ella y desde entonces se lo agradece con una sonrisa cada vez que pasa por su lado.
De repente, del bolso de la chica se oye la canción Tik-Tok de Kesha y África se apresura a buscar el móvil pero, entre tantas cosas que lleva ahí dentro no lo encuentra y la única solución que se le ocurre es vaciarlo sobre el mostrador. Por fin lo coge y justo antes de descolgar, este deja de sonar. Vuelve a guardarlo todo en el bolso pero esta vez se queda con el móvil en la mano por si a su chico le da por volver a llamarla y, mientras tanto, se dirige hasta su mesa que se encuentra en la tercera planta.