VEINTE
Paredes heladas en la fría madrugada del domingo. Berta duerme enroscada en sí misma. Su madre le ha echado una manta por encima cuando ha visto que Morfeo entró en su habitación, pero no es suficiente.
Junto a ella, en su mesita de noche, el móvil comienza a vibrar, una y otra vez. No se despierta porque lo tiene en modo silencio hasta que, con la vibración, el aparato cae al suelo y el golpe provoca un sobresalto en la chica. Se sienta sobre la cama, pero no sabe qué ha pasado. Está aturdida y mira a su alrededor buscando una explicación a ese golpe repentino hasta que ve su móvil en el suelo, abierto por la mitad. Se levanta corriendo y se agacha para recoger las dos partes del teléfono, las cuales no pesan todo lo que deberían pesar ¿Dónde está la batería? Berta alarga la mano para encender la luz de la mesita, pero justo antes de hacerlo, mira el reloj. Las cuatro y media de la mañana... no son horas para despertar a sus padres, aunque seguramente ya se hayan despertado al oír el suicidio de su móvil. Va a tener que buscar a oscuras si quiere que su madre no se levante de la cama para ver qué pasa.
Palpa el suelo de toda su habitación con la palma de sus manos, pero no hay rastro de la batería. Sus pupilas se han ido acostumbrando a la oscuridad y ya puede ver más o menos. Se sienta en el suelo y deja caer la espalda sobre el lado de la cama. Su paciencia se acaba. No sólo tiene curiosidad por saber quién le llama a estas horas, sino que también quiere dormir. Lo necesita. Ha sido un día lleno de emociones y cambios. El domingo quiere ir a correr por el parque para aislarse de todo, y para ello, necesita descansar esta noche.
Al final, se decide a encender la luz, se sitúa de pie en el centro de la habitación, con las manos en jara y gira sobre sí misma mirando al suelo. No puede ser, ni rastro de la batería. Se agacha para mirar debajo de la cama y de la mesilla de noche. Tampoco está ahí. Mira hacia su derecha, hacia su izquierda y ¡Al fin! Había caído dentro de uno de los zapatos que llevaba puestos el día anterior. La coge, la coloca dentro del móvil y cierra la tapadera. Le da al botón de encender y mientras espera a que cargue, apaga la luz y se sienta sobre la cama. Pone el código pin y aparecen un cartelito azul en la pantalla avisándole de que tiene un mensaje. Debería cambiar la melodía que tiene asignada para cuando le mandan uno de esos. Es demasiado larga y luego pasa lo que pasa, ¡¡Que el móvil vibra y se pierden las baterías!! Abre el mensaje y se sorprende al ver que es de su ex representante.
Tengo algo que contarte. ¿Podemos vernos el domingo? Contesta cuanto antes, por favor.
lunes, 29 de octubre de 2012
domingo, 28 de octubre de 2012
Con "B" de BERTA. Cap. 19
DIECINUEVE
Paredes oscuras, cubiertas por la sombra de la noche. A Pablo le ha tocado dormir en el suelo. O, al menos, tumbarse, porque lo que es dormir, no ha dormido mucho. Mira a los dos lados. Ni rastro de Marcos. Se lleva las manos a la cara e intenta pensar en otra cosa. Hace mucho calor y tiene la boca seca. Por mucho que lo intente, no puede dormir, así que se levanta y camina hasta la cocina. Cuando se va acercando, se da cuenta de que la luz está encendida y, al entrar, ve a Lucas en el suelo, sentado contra la pared y con las rodillas hacia arriba, donde deja caer los brazos estirados sujetando una taza. No se le ve muy contento, y eso que dentro de nada comienzan los ensayos para trabajar en la tele.
-¿Qué bebes?
Lucas se asusta al oír a su amigo.
-¿Qué haces aquí? No te había oído llegar.
-Ya... se te veía muy pensativo, como si tu mente no estuviera en este lugar.
-Tila
-¿Qué?
-Tila. ¿No me has preguntado qué bebía? Estoy bebiendo tila.
-No me cambies de tema que eso conmigo no funciona. ¿Qué te pasa tío? No estás disfrutando de este momento que la vida te ofrece. -Pablo se despega del marco de la puerta y se sienta junto a Lucas, adoptando la misma postura que su amigo.
-No puedo disfrutarlo. Te juro que lo intento, pero no puedo.
-Vamos tío, no te pongas así. -Le pasa el brazo a Lucas por encima de los hombros y lo aprieta contra sí mismo. -Tienes todo lo que cualquier persona querría tener.
-No la tengo a ella. -Al joven músico le cuesta mucho pronunciar estas palabras y no puede evitar venirse abajo. Una lágrima desciende por su mejilla y cae sobre la camiseta. Pablo no sabe qué decir pero no puede ver así a su amigo.
-Lucas, sé que es muy duro, pero ya ha pasado casi un año. Tienes que superarlo.
-Creí que lo había hecho, pero no. Me convencisteis para que tocara con vosotros en el casting y cuando me dijeron que estaba dentro, no me lo podía creer. Era la oportunidad perfecta para cambiar de vida, para seguir adelante sin Sara. Estaba convencido de que podía hacerlo, pero a medida que se van acercando los ensayos, lo veo todo más negro. Está claro que no puedo ser feliz sin ella. Las cosas deberían haber sido muy distintas aquel día.
-Vamos, Lucas, no estás solo. Has conseguido reunir al grupo y nosotros vamos a conseguir que salgas a flote. La música es tu vida, no puedes dejarla de lado por lo que pasó ese día.
-¡No, es que no lo entiendes! ¡¡ELLA es mi vida!! ¡Sin Sara, mi vida no tiene sentido, joder! -Lucas rompe a llorar y se separa de su amigo, que intenta abrazarlo a pesar de sus intentos de escape hasta que lo consigue.
-Vas a salir de esta, Lucas. Vamos a salir de esta. Todos juntos. Te vamos a acompañar el lunes a los ensayos y lo vas a hacer como nunca antes lo habías hecho. Lo harás por ella, porque si ese día no hubiera estado en ese coche, ahora mismo estaría aquí, a tu lado. Pero sea donde sea, esté donde esté, sé que te apoya, porque Sara amaba tu música y te amaba a ti. Hazlo por ella.
Los dos permanecen abrazados hasta que Lucas se calma y se van a la cama. Ha sido un día muy duro y ambos están cansados. Suerte que el grupo vuelve a estar unido, aunque no se sabe si seguirá siendo así por mucho tiempo.
Paredes oscuras, cubiertas por la sombra de la noche. A Pablo le ha tocado dormir en el suelo. O, al menos, tumbarse, porque lo que es dormir, no ha dormido mucho. Mira a los dos lados. Ni rastro de Marcos. Se lleva las manos a la cara e intenta pensar en otra cosa. Hace mucho calor y tiene la boca seca. Por mucho que lo intente, no puede dormir, así que se levanta y camina hasta la cocina. Cuando se va acercando, se da cuenta de que la luz está encendida y, al entrar, ve a Lucas en el suelo, sentado contra la pared y con las rodillas hacia arriba, donde deja caer los brazos estirados sujetando una taza. No se le ve muy contento, y eso que dentro de nada comienzan los ensayos para trabajar en la tele.
-¿Qué bebes?
Lucas se asusta al oír a su amigo.
-¿Qué haces aquí? No te había oído llegar.
-Ya... se te veía muy pensativo, como si tu mente no estuviera en este lugar.
-Tila
-¿Qué?
-Tila. ¿No me has preguntado qué bebía? Estoy bebiendo tila.
-No me cambies de tema que eso conmigo no funciona. ¿Qué te pasa tío? No estás disfrutando de este momento que la vida te ofrece. -Pablo se despega del marco de la puerta y se sienta junto a Lucas, adoptando la misma postura que su amigo.
-No puedo disfrutarlo. Te juro que lo intento, pero no puedo.
-Vamos tío, no te pongas así. -Le pasa el brazo a Lucas por encima de los hombros y lo aprieta contra sí mismo. -Tienes todo lo que cualquier persona querría tener.
-No la tengo a ella. -Al joven músico le cuesta mucho pronunciar estas palabras y no puede evitar venirse abajo. Una lágrima desciende por su mejilla y cae sobre la camiseta. Pablo no sabe qué decir pero no puede ver así a su amigo.
-Lucas, sé que es muy duro, pero ya ha pasado casi un año. Tienes que superarlo.
-Creí que lo había hecho, pero no. Me convencisteis para que tocara con vosotros en el casting y cuando me dijeron que estaba dentro, no me lo podía creer. Era la oportunidad perfecta para cambiar de vida, para seguir adelante sin Sara. Estaba convencido de que podía hacerlo, pero a medida que se van acercando los ensayos, lo veo todo más negro. Está claro que no puedo ser feliz sin ella. Las cosas deberían haber sido muy distintas aquel día.
-Vamos, Lucas, no estás solo. Has conseguido reunir al grupo y nosotros vamos a conseguir que salgas a flote. La música es tu vida, no puedes dejarla de lado por lo que pasó ese día.
-¡No, es que no lo entiendes! ¡¡ELLA es mi vida!! ¡Sin Sara, mi vida no tiene sentido, joder! -Lucas rompe a llorar y se separa de su amigo, que intenta abrazarlo a pesar de sus intentos de escape hasta que lo consigue.
-Vas a salir de esta, Lucas. Vamos a salir de esta. Todos juntos. Te vamos a acompañar el lunes a los ensayos y lo vas a hacer como nunca antes lo habías hecho. Lo harás por ella, porque si ese día no hubiera estado en ese coche, ahora mismo estaría aquí, a tu lado. Pero sea donde sea, esté donde esté, sé que te apoya, porque Sara amaba tu música y te amaba a ti. Hazlo por ella.
Los dos permanecen abrazados hasta que Lucas se calma y se van a la cama. Ha sido un día muy duro y ambos están cansados. Suerte que el grupo vuelve a estar unido, aunque no se sabe si seguirá siendo así por mucho tiempo.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Neox Fan Awards
Ayer, 23 de Octubre, se celebró la primera edición de los Neox Fan Awards. La gala de entrega de los premios, que fue patrocinada por la marca Fanta, contó con la presencia de Patricia Conde y Arturo Valls como presentadores. La alfombra naranja reunió a los rostros más conocidos del panorama televisivo y musical, entre los que se encontraban David Bustamante, Auryn, Mario Casas y Florentino Fernández.
Los primeros en entregar un premio fueron Anna Simon y Florentino Fernández, que volvían a verse las caras tras la penúltima gala de Tu Cara Me Suena.
Los premiados en dicha gala fueron:
-Mejor actor de cine: Mario Casas.
-Mejor actriz de cine: Blanca Suárez
-Mejor solista: Pablo Alborán
-Mejor cuerpazo: David Bustamante
-Mejor beso: Ana fernández y Luis Fernandez
-Mejor tweet: Paco León
-Mejor película: Tengo ganas de ti
-Mejor actriz de serie: Irene Montalá
-Mejor actor de serie: Luis Fernández
-Mejor canción: Te he echado de menos (Pablo Alborán)
-Mejor grupo: Auryn
-Mejor programa de televisión: El hormiguero
-Mejor presentador: Arturo Valls
-Mejor crack del año: Iker Casillas
-Mejor serie: El barco
-Mejor single para ligar: DOn't give up my name (Auryn)
-Mejor personaje Neox: Florentino Fernández
A continuación os dejo con algunas fotos del evento.
Cristina Pedroche fue la encargada de dar la bienvenida a todos aquellos que iban pasando por la alfombra, donde se reencontró con varios de sus ex compañeros de Otra Movida y Sé lo que hicisteis.
A pesar de los problemas técnicos con los que tuvo que enfrentarse Neox como los extraños cortes de publicidad mal programados y el escaso funcionamiento de la mayoría de los micrófonos de mano, la gala no se hizo interminable e incluso hubo momento de risa, ya fuera por la originalidad del guión o por la espontaneidad de los que se subían al escenario.Los premiados en dicha gala fueron:
-Mejor actor de cine: Mario Casas.
-Mejor actriz de cine: Blanca Suárez
-Mejor solista: Pablo Alborán
-Mejor cuerpazo: David Bustamante
-Mejor beso: Ana fernández y Luis Fernandez
-Mejor tweet: Paco León
-Mejor película: Tengo ganas de ti
-Mejor actriz de serie: Irene Montalá
-Mejor actor de serie: Luis Fernández
-Mejor canción: Te he echado de menos (Pablo Alborán)
-Mejor grupo: Auryn
-Mejor programa de televisión: El hormiguero
-Mejor presentador: Arturo Valls
-Mejor crack del año: Iker Casillas
-Mejor serie: El barco
-Mejor single para ligar: DOn't give up my name (Auryn)
-Mejor personaje Neox: Florentino Fernández
A continuación os dejo con algunas fotos del evento.
domingo, 21 de octubre de 2012
Con "B" de BERTA. Cap. 18
DIECIOCHO
Paredes de un color naranja muy suave, con una cenefa de un par de tonos más oscura a media altura.
A África siempre le ha gustado recorrer ese pasillo que llega hasta la puerta de la casa de su jefe. Recuerda la primera vez que pasó por allí hacía justo un mes. Esa vez no iba sola, como ahora. A su lado se encontraba el hombre más apuesto que había conocido en su vida y sabía que no podía perder esa maravillosa oportunidad que el destino le estaba ofreciendo. El hecho de que fueran compañeros de trabajo y, más aún, de que fuera su jefe, hacía que no se dejara llevar por sus impulsos y se controlara bastante, lo cual le ponía más nerviosa. Ella estaba acostumbrada a actuar sin pensar, según le dictara su cuerpo, pero ahora debía reprimirse si no quería que su historia con su jefe acabara antes de empezar.
Habían pasado la tarde juntos y él la había invitado a ver su colección de fotografías, hobby que ambos compartían. Una vez dentro de la casa el señor Sauras consiguió que se tranquilizara. En ese momento no era su jefe, sino un amigo.
Charlaron, bebieron, rieron, cenaron juntos unas pizzas que pidieron por teléfono y, cuando llegó la hora de irse, él se ofreció a llevarla a su casa en el coche. Lógicamente, ella no se lo permitió. Ya era mayorcita como para volver sola a su casa. Además, tenía la Vespa aparcada dos calles más abajo, pero le agradeció el gesto con un leve beso en los labios al despedirse. No puede evitar reírse cada vez que lo recuerda. Llevaba toda la noche queriendo hacerlo pero no se atrevía y, en el último momento, lo hizo. No sabe cómo se atrevió ni por qué lo hizo, pero lo hizo. Se dejó llevar por sus impulsos y, cuando se dio cuenta de lo que había hecho, se dio la vuelta rápidamente y desapareció por aquel largo pasillo naranja. Cuando llegó a su casa, miró el móvil y leyó el único mensaje que tenía. "Ya era hora de te comportaras tal y como eres. Me encantas". No podía creérselo. Había estado en casa de su jefe, le había besado y ahora él le mandaba un mensaje. No sabía cómo debía sentirse o si lo estaba haciendo bien o mal. Solo sabía que no podía evitar sonreír y, con esa misma sonrisa, se fue a la cama a soñar con él.
Ahora volvía a estar allí. Delante de esa puerta que le separaba del único amor, su amor. Esta vez no estaba nerviosa, sino feliz.
Abre su minúsculo bolso de fiesta y saca de su interior un espejo pequeñito en el que se mira para colocarse bien el flequillo. Si no lo tiene bien colocado, nada le saldrá bien esa noche. Su flequillo para ella es como el pelo para Sansón. Es el que le da fuerzas para enfrentarse a todo y hoy es un día muy importante. Necesita asegurarse de que todo sigue en su sitio y, tras hacerlo, guarda el espejito, se alisa el vestido y llama al timbre.
"Din, don" .
¿Quién será a estas horas? Miguel no espera a nadie. Ni siquiera tiene el aspecto adecuado para abrir la puerta. Le da mucha pereza vestirse, pero no puede presentarse ante nadie con un pantalón viejo de pijama, descalzo y sin camiseta. Se para a pensar un momento y, tras mirar el reloj, decide abrir la puerta así, tal cual. Siendo tan tarde, al otro lado de la puerta solo puede estar una de sus vecinas quejándose por cualquier tontería y, con lo cansado que está, no le compensa vestirse. Parece mentira que viviendo en uno de los edificios más caros de la ciudad, tenga que aguantar a vecinas pesadas cada dos por tres. Se supone que en ese edificio vive gente con clase, distinguida, que se dedica a llamar a las tantas a puertas ajenas.
El timbre vuelve a sonar y Miguel corre hacia la puerta, aunque preferiría fingir que no está en casa y así no le molestarían. Respira hondo para relajarse, no quiere parecer alterado y abre la puerta cabizbajo.
Esperaba encontrarse unas piernas arrugadas por el paso de la edad, pero lo que ve son unas preciosas piernas torneadas. Unas piernas morenas que reconoce a la perfección. A medida que va subiendo la mirada, le gusta más lo que va viendo.
-¡África!
-La misma. Y hoy vengo dispuesta a que me colonices. -La joven deja las bolsas con la comida en el suelo y le da un beso al chico del pijama. Un beso apasionado de esos que no solo demuestran amor, sino también tensión sexual. Se agacha, vuelve a coger las bolsas y pregunta.
-¿Puedo pasar?
-Cla... claro. ¿Qué haces aquí? -No sabe lo que está pasando. África es la última persona que se esperaba encontrar tras esa puerta. Hace tan solo un rato que ha hablado con ella por teléfono y no le había comentado nada. Vaya sorpresa se ha llevado. La chica entra y comienza a explicarse.
-Es que estaba hablando con el aburrido de mi novio y, como tenía que trabajar mucho, me ha colgado, así que he venido a verte a ti.
-Pues no será tan aburrido tu novio porque, según me han dicho, le quieres mucho ¿Me equivoco?
-Hombre, mucho, mucho... tampoco.
-Anda, ven aquí. -Miguel agarra a su chica por la cintura y le da un beso. -Este mes ha sido uno de los más felices de mi vida. Te quiero.
-Yo a ti también, mi amor.
Y siguen abrazados durante unos segundos más, mirándose a los ojos, hablando con la mirada.
Paredes de un color naranja muy suave, con una cenefa de un par de tonos más oscura a media altura.
A África siempre le ha gustado recorrer ese pasillo que llega hasta la puerta de la casa de su jefe. Recuerda la primera vez que pasó por allí hacía justo un mes. Esa vez no iba sola, como ahora. A su lado se encontraba el hombre más apuesto que había conocido en su vida y sabía que no podía perder esa maravillosa oportunidad que el destino le estaba ofreciendo. El hecho de que fueran compañeros de trabajo y, más aún, de que fuera su jefe, hacía que no se dejara llevar por sus impulsos y se controlara bastante, lo cual le ponía más nerviosa. Ella estaba acostumbrada a actuar sin pensar, según le dictara su cuerpo, pero ahora debía reprimirse si no quería que su historia con su jefe acabara antes de empezar.
Habían pasado la tarde juntos y él la había invitado a ver su colección de fotografías, hobby que ambos compartían. Una vez dentro de la casa el señor Sauras consiguió que se tranquilizara. En ese momento no era su jefe, sino un amigo.
Charlaron, bebieron, rieron, cenaron juntos unas pizzas que pidieron por teléfono y, cuando llegó la hora de irse, él se ofreció a llevarla a su casa en el coche. Lógicamente, ella no se lo permitió. Ya era mayorcita como para volver sola a su casa. Además, tenía la Vespa aparcada dos calles más abajo, pero le agradeció el gesto con un leve beso en los labios al despedirse. No puede evitar reírse cada vez que lo recuerda. Llevaba toda la noche queriendo hacerlo pero no se atrevía y, en el último momento, lo hizo. No sabe cómo se atrevió ni por qué lo hizo, pero lo hizo. Se dejó llevar por sus impulsos y, cuando se dio cuenta de lo que había hecho, se dio la vuelta rápidamente y desapareció por aquel largo pasillo naranja. Cuando llegó a su casa, miró el móvil y leyó el único mensaje que tenía. "Ya era hora de te comportaras tal y como eres. Me encantas". No podía creérselo. Había estado en casa de su jefe, le había besado y ahora él le mandaba un mensaje. No sabía cómo debía sentirse o si lo estaba haciendo bien o mal. Solo sabía que no podía evitar sonreír y, con esa misma sonrisa, se fue a la cama a soñar con él.
Ahora volvía a estar allí. Delante de esa puerta que le separaba del único amor, su amor. Esta vez no estaba nerviosa, sino feliz.
Abre su minúsculo bolso de fiesta y saca de su interior un espejo pequeñito en el que se mira para colocarse bien el flequillo. Si no lo tiene bien colocado, nada le saldrá bien esa noche. Su flequillo para ella es como el pelo para Sansón. Es el que le da fuerzas para enfrentarse a todo y hoy es un día muy importante. Necesita asegurarse de que todo sigue en su sitio y, tras hacerlo, guarda el espejito, se alisa el vestido y llama al timbre.
"Din, don" .
¿Quién será a estas horas? Miguel no espera a nadie. Ni siquiera tiene el aspecto adecuado para abrir la puerta. Le da mucha pereza vestirse, pero no puede presentarse ante nadie con un pantalón viejo de pijama, descalzo y sin camiseta. Se para a pensar un momento y, tras mirar el reloj, decide abrir la puerta así, tal cual. Siendo tan tarde, al otro lado de la puerta solo puede estar una de sus vecinas quejándose por cualquier tontería y, con lo cansado que está, no le compensa vestirse. Parece mentira que viviendo en uno de los edificios más caros de la ciudad, tenga que aguantar a vecinas pesadas cada dos por tres. Se supone que en ese edificio vive gente con clase, distinguida, que se dedica a llamar a las tantas a puertas ajenas.
El timbre vuelve a sonar y Miguel corre hacia la puerta, aunque preferiría fingir que no está en casa y así no le molestarían. Respira hondo para relajarse, no quiere parecer alterado y abre la puerta cabizbajo.
Esperaba encontrarse unas piernas arrugadas por el paso de la edad, pero lo que ve son unas preciosas piernas torneadas. Unas piernas morenas que reconoce a la perfección. A medida que va subiendo la mirada, le gusta más lo que va viendo.
-¡África!
-La misma. Y hoy vengo dispuesta a que me colonices. -La joven deja las bolsas con la comida en el suelo y le da un beso al chico del pijama. Un beso apasionado de esos que no solo demuestran amor, sino también tensión sexual. Se agacha, vuelve a coger las bolsas y pregunta.
-¿Puedo pasar?
-Cla... claro. ¿Qué haces aquí? -No sabe lo que está pasando. África es la última persona que se esperaba encontrar tras esa puerta. Hace tan solo un rato que ha hablado con ella por teléfono y no le había comentado nada. Vaya sorpresa se ha llevado. La chica entra y comienza a explicarse.
-Es que estaba hablando con el aburrido de mi novio y, como tenía que trabajar mucho, me ha colgado, así que he venido a verte a ti.
-Pues no será tan aburrido tu novio porque, según me han dicho, le quieres mucho ¿Me equivoco?
-Hombre, mucho, mucho... tampoco.
-Anda, ven aquí. -Miguel agarra a su chica por la cintura y le da un beso. -Este mes ha sido uno de los más felices de mi vida. Te quiero.
-Yo a ti también, mi amor.
Y siguen abrazados durante unos segundos más, mirándose a los ojos, hablando con la mirada.
jueves, 18 de octubre de 2012
Con "B" de BERTA. Cap. 17
DIECISIETE
Las paredes del almacén de "La Luna" están llenas de estanterías cubiertas de una gran capa de polvo. Hace mucho tiempo que nadie limpia ahí, pero ese no es problema ahora para Vero y Marcos.
-Qué pena que tus amigos se hayan tenido que ir tan pronto ¿No crees?
-Así podemos conocernos mejor.
Marcos está cada vez más cerca de esa chica rubia tan peculiar a la que acaba de conocer y a ella no le incomoda la situación. Los dos sonríen y se regalan miradas, cómplices de lo que saben que va a suceder.
-No necesito conocerte para saber cómo eres. Me basta con solo mirarte.
-¿Sí? -Marcos se acerca más a la camarera hasta que la deja pegada a la pared y sin ningún espacio entre ellos dos. Le da un beso en los labios y continúa con su técnica de seducción. -¿Y cómo se supone que soy? -Mas besos, ahora en el cuello.
-Fácil. Un pica flor que piensa que el amor es una tontería, que va engañando por ahí a mujeres para que se acuesten con él y mañana si te he visto, no me acuerdo. Mucho prometer y poco cumplir. Pero yo no soy de esas a las que le comes la oreja y ya se creen que le estás jurando amor eterno. -El chico deja por un momento su tarea, separa la cara de su cuello y la mira con una sonrisa pícara. -Marcos, no te he dicho en ningún momento que pares ¿Te lo he dicho? -El bajista de "Acclaim" se lleva la mano a la sien como si de un soldado acatando órdenes se tratase y continua ofreciéndole sus besos, pero esta vez se centra en la oreja de la chica. Ahora sí que es una de esas a las que les come la oreja. -Solo quiero que sepas que a mí no me la cuelas. ¿Entendido?
-Sí, mi coronel -Sus músculos se tensan al cogerla en brazos y se vuelven a relajar cuando la deja caer sobre la vieja mesa de madera que hay justo al lado de la puerta. Ella le quita la camiseta y se deleita mirando cada uno de los tatuajes que tiene sobre su piel. Se agarra con fuerza a su espalda, cierra los ojos y se deja llevar.
Mientras tanto, en la Calle Rivera de Curtidores número 12, en el ático, el resto de componentes del grupo se preparan para ir a la cama, o al menos para intentar dormir, porque solo hay un colchón. Lo único seguro es que Lucas dormirá en él. Queda un hueco libre y el asunto se solucionará por sorteo, como la mayoría de decisiones que tienen que toman. El otro tendrá que dormir en el suelo junto a Marcos, si es que duerme allí, claro.
Elías se está lavando los dientes, lo cual no le impide hablar, aunque a los demás les cueste entender lo que dice.
-Este tío es subnormal. No entiendo por qué le seguimos siempre el juego.
-Solo le hemos hecho un favor a un amigo.
-Pero no tiene por qué dar por hecho que se lo vamos a hacer. ¿A qué viene contestar que nos tenemos que ir ya cuando Vero dijo que nos quedáramos? Siempre no echa para quedarse a solas con las tías. Ya estoy cansado. A mí esa chica me caía bien y por culpa de Marcos y sus hormonas, no va a querer volver a vernos el pelo.
-Venga, Elías, no te pongas así. -Lucas intenta tranquilizarle. -Teníamos que acostarnos temprano de todas formas porque te recuerdo que prometisteis ayudarme con la reforma de la casa. No le des más importancia a esta tontería.
-Ya verás como al final nos quedamos sin contrato para tocar allí. ¡Ya lo verás! Solo basta con que ella se encapriche de él, cosa que suele pasar, y él la deje tirada, como hace siempre.
-No te precipites. no creo ni que ella haya accedido a acostarse con él. No es ese tipo de chicas, o al menos no lo parece. Ya verás como todo sale bien.
Pablo se limita a escuchar, sin decir una sola palabra. Está de acuerdo en todo momento con su amigo Elías y sabe que Lucas piensa exactamente lo mismo pero no quiere que haya peleas dentro del grupo y solo intenta apaciguar los ánimos. Espera a que Elías salga por fin del cuarto de baño para dejar de pensar. No sabe si lo que le hace estar molesto con Marcos es la razón o el corazón, que esa noche ha latido mucho más rápido de lo habitual.
Las paredes del almacén de "La Luna" están llenas de estanterías cubiertas de una gran capa de polvo. Hace mucho tiempo que nadie limpia ahí, pero ese no es problema ahora para Vero y Marcos.
-Qué pena que tus amigos se hayan tenido que ir tan pronto ¿No crees?
-Así podemos conocernos mejor.
Marcos está cada vez más cerca de esa chica rubia tan peculiar a la que acaba de conocer y a ella no le incomoda la situación. Los dos sonríen y se regalan miradas, cómplices de lo que saben que va a suceder.
-No necesito conocerte para saber cómo eres. Me basta con solo mirarte.
-¿Sí? -Marcos se acerca más a la camarera hasta que la deja pegada a la pared y sin ningún espacio entre ellos dos. Le da un beso en los labios y continúa con su técnica de seducción. -¿Y cómo se supone que soy? -Mas besos, ahora en el cuello.
-Fácil. Un pica flor que piensa que el amor es una tontería, que va engañando por ahí a mujeres para que se acuesten con él y mañana si te he visto, no me acuerdo. Mucho prometer y poco cumplir. Pero yo no soy de esas a las que le comes la oreja y ya se creen que le estás jurando amor eterno. -El chico deja por un momento su tarea, separa la cara de su cuello y la mira con una sonrisa pícara. -Marcos, no te he dicho en ningún momento que pares ¿Te lo he dicho? -El bajista de "Acclaim" se lleva la mano a la sien como si de un soldado acatando órdenes se tratase y continua ofreciéndole sus besos, pero esta vez se centra en la oreja de la chica. Ahora sí que es una de esas a las que les come la oreja. -Solo quiero que sepas que a mí no me la cuelas. ¿Entendido?
-Sí, mi coronel -Sus músculos se tensan al cogerla en brazos y se vuelven a relajar cuando la deja caer sobre la vieja mesa de madera que hay justo al lado de la puerta. Ella le quita la camiseta y se deleita mirando cada uno de los tatuajes que tiene sobre su piel. Se agarra con fuerza a su espalda, cierra los ojos y se deja llevar.
Mientras tanto, en la Calle Rivera de Curtidores número 12, en el ático, el resto de componentes del grupo se preparan para ir a la cama, o al menos para intentar dormir, porque solo hay un colchón. Lo único seguro es que Lucas dormirá en él. Queda un hueco libre y el asunto se solucionará por sorteo, como la mayoría de decisiones que tienen que toman. El otro tendrá que dormir en el suelo junto a Marcos, si es que duerme allí, claro.
Elías se está lavando los dientes, lo cual no le impide hablar, aunque a los demás les cueste entender lo que dice.
-Este tío es subnormal. No entiendo por qué le seguimos siempre el juego.
-Solo le hemos hecho un favor a un amigo.
-Pero no tiene por qué dar por hecho que se lo vamos a hacer. ¿A qué viene contestar que nos tenemos que ir ya cuando Vero dijo que nos quedáramos? Siempre no echa para quedarse a solas con las tías. Ya estoy cansado. A mí esa chica me caía bien y por culpa de Marcos y sus hormonas, no va a querer volver a vernos el pelo.
-Venga, Elías, no te pongas así. -Lucas intenta tranquilizarle. -Teníamos que acostarnos temprano de todas formas porque te recuerdo que prometisteis ayudarme con la reforma de la casa. No le des más importancia a esta tontería.
-Ya verás como al final nos quedamos sin contrato para tocar allí. ¡Ya lo verás! Solo basta con que ella se encapriche de él, cosa que suele pasar, y él la deje tirada, como hace siempre.
-No te precipites. no creo ni que ella haya accedido a acostarse con él. No es ese tipo de chicas, o al menos no lo parece. Ya verás como todo sale bien.
Pablo se limita a escuchar, sin decir una sola palabra. Está de acuerdo en todo momento con su amigo Elías y sabe que Lucas piensa exactamente lo mismo pero no quiere que haya peleas dentro del grupo y solo intenta apaciguar los ánimos. Espera a que Elías salga por fin del cuarto de baño para dejar de pensar. No sabe si lo que le hace estar molesto con Marcos es la razón o el corazón, que esa noche ha latido mucho más rápido de lo habitual.
domingo, 14 de octubre de 2012
Con "B" de BERTA. Cap. 16
DIECISÉIS
Paredes de madera. Dentro del armario de África hay todo tipo de pantalones, camisas, camisetas, faldas, vestidos, bolsos, pañuelos para el cuello y un largo etcétera de prendas y complementos para combinar. No hay nada de luz hasta que la chica abre rápidamente las tres puertas correderas y la luz de las bombillas que hay repartidas por toda la habitación iluminan ese asombroso escaparate. Es la única parte de su casa que mantiene ordenada en todo momento. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo hasta el fin de sus días.
Se quita la toalla rosa que cubría su cuerpo y la deja sobre la cama. Se acerca a la mesita de noche blanca y coge el tanga rojo que tiene guardado en el segundo cajón para las ocasiones especiales. Rebusca y rebusca, pero no encuentra el sostén a juego. No tiene ni idea de dónde puede estar y comienza a ponerse nerviosa. ¡No tiene tiempo que perder y ahora resulta que ha perdido la parte de arriba del conjunto! No puede ser, por mucho que remueva toda la ropa que hay en ese pequeño espacio, no ve por ningún lado ninguna tela roja. Cierra el cajón y, de repente, se acuerda. Lo lavó hace solo unos días y no llegó a guardarlo, para variar. Sale corriendo hasta el salón y rebusca en el gran barullo de ropa que tiene sobre el sofá. Son todo calcetines, bragas, tangas y sujetadores, lo cual dificulta la búsqueda. Por fin lo encuentra y se lo pone de camino a su habitación, donde aún le quedan bastantes cosas por hacer.
Mete casi medio cuerpo en el enorme armario y va sacando vestidos de diferentes tipos, cortes y colores y los va poniendo sobre la cama, uno al lado del otro hasta que se encuentra con cinco vestidos fuera. Ahora cierra las puertas del armario y se coloca delante de una de ellas, la que tiene un espejo de cuerpo completo. Coge un vestido de los que tiene sobre la cama y se lo pone por encima, sin sacarlo de la percha. Se mira y se remira, gira sobre sí misma y lo vuelve a dejar sobre la cama, repitiendo el mismo proceso con los cuatro trajes restantes.
Una vez que los ha visto todos, no sabe con cual quedarse. Hay dos que los ha descartado desde el principio porque no se veía cómoda con ellos, pero ahora tiene que decidirse entre los otros tres. Coge su libreta y apunta.
Opción A. Vestido negro. Ceñido. Una sola manga con pedrería en el escote y el tirante. A combinar con los zapatos negros de encaje.
Se para a pensar un momento y añade.
Deja muy poco a la imaginación.
Quizás no sea eso lo que busca. Tampoco quiere parecer una loba en busca de carne. Simplemente quiere estar sexy e impresionar a ese chico que va a abrirle la puerta. Tras mordisquear un poco el bolígrafo, continua escribiendo.
Opción B. Vestido rosa palo. Palabra de honor. Escote con forma de corazón. Lazo rosa a la altura de la cintura. Parte de arriba estilo corsé. Falda de bailarina.
Este vestido está bastante bien y podría combinarlo con su última adquisición. Los zapatos de la famosa diseñadora Esther Jiménez, que le han costado un ojo de la cara. Además contrastan con el aspecto inocente del vestido.
Aún le queda por barajar la tercera opción, así que empuña de nuevo el bolígrafo y comienza a escribir.
Opción C. Vestido verde agua. Escote en forma de pico. Espalda descub
No ha terminado de escribir cuando lanza la libreta sobre la cama. Es inútil seguir escribiendo. Ya se ha enamorado de aquel vestido rosa y por mucho que le dé vueltas, seguirá pensando en él. Para África, los vestidos son como los hombres y, ahora mismo, acaba de tener un flechazo.
Sale corriendo al baño y comienza a secarse el pelo. Cuando termina, saca del mueblecito que está junto a la ducha un estuche repleto de peines de todo tipo. En menos de cinco minutos, ha formado un despliegue de productos para el pelo que no deja ni un hueco libre en el lavabo. Una media hora más tarde, está lista para el siguiente paso, pero antes se mira al espejo. Le encanta como le queda ese peinado estilo griego, con trencitas por los lados y media melena suelta formando hondas perfectas. Es el turno del maquillaje, con el que le saca todo el provecho posible a esos ojazos marrones que ha heredado de su madre. Tarda un buen rato en terminar, pero el resultado es inmejorable. Está guapísima y lo sabe.
Vuelve a la habitación, donde le espera su vestido de princesita, se lo pone, se mira en el espejo y se siente como una niña. Le encanta. Tiene la sensación de volver a ser inocente, pero se ve sexy al mismo tiempo. Ha hecho muy buena elección esa noche y lo sabe. Ahora mismo podría conseguir todo lo que se propusiera.
Se calza los tacones que, por suerte, tienen una plataforma muy bien disimulada y son comodísimos para andar todo lo que necesite, aunque no tiene intención de ir caminando hasta tan lejos.
Coge su bolso, en el que ya había metido todo lo imprescindible salvo el móvil, que lo dejó en la mesa por ahí cuando habló con su chico. Siempre le pasa lo mismo. No lo encuentra. Menos mal que esto no es como con el sujetador y solo necesita llamar desde el teléfono fijo de su casa al móvil. El aparato suena y por fin lo encuentra. Lo mete en el bolso, saca las llaves para tenerlas a mano cuando salga y coge las bolsas que tenía preparadas en la cocina con la comida metida en lo tuppers. Todo listo, así que sale de su casa, cierra con llaves y se mete en el ascensor.
Para no cambiar lo costumbre, se recoloca el flequillo, se pinta bien los labios y mira en el espejo lo estupenda que está. El trayecto termina y sale de allí justo cuando la puerta se abre. No puede coger la moto porque se le estropearía el peinado con el casco, así que no le queda más remedio que pedir un taxi.
Una vez dentro del vehículo, espera impaciente por llegar a su destino. No sabe si su plan va a salir bien, pero si algo se tuerce, sabe que hoy no hay nada ni nadie que se le resista.
Paredes de madera. Dentro del armario de África hay todo tipo de pantalones, camisas, camisetas, faldas, vestidos, bolsos, pañuelos para el cuello y un largo etcétera de prendas y complementos para combinar. No hay nada de luz hasta que la chica abre rápidamente las tres puertas correderas y la luz de las bombillas que hay repartidas por toda la habitación iluminan ese asombroso escaparate. Es la única parte de su casa que mantiene ordenada en todo momento. Siempre ha sido así y lo seguirá siendo hasta el fin de sus días.
Se quita la toalla rosa que cubría su cuerpo y la deja sobre la cama. Se acerca a la mesita de noche blanca y coge el tanga rojo que tiene guardado en el segundo cajón para las ocasiones especiales. Rebusca y rebusca, pero no encuentra el sostén a juego. No tiene ni idea de dónde puede estar y comienza a ponerse nerviosa. ¡No tiene tiempo que perder y ahora resulta que ha perdido la parte de arriba del conjunto! No puede ser, por mucho que remueva toda la ropa que hay en ese pequeño espacio, no ve por ningún lado ninguna tela roja. Cierra el cajón y, de repente, se acuerda. Lo lavó hace solo unos días y no llegó a guardarlo, para variar. Sale corriendo hasta el salón y rebusca en el gran barullo de ropa que tiene sobre el sofá. Son todo calcetines, bragas, tangas y sujetadores, lo cual dificulta la búsqueda. Por fin lo encuentra y se lo pone de camino a su habitación, donde aún le quedan bastantes cosas por hacer.
Mete casi medio cuerpo en el enorme armario y va sacando vestidos de diferentes tipos, cortes y colores y los va poniendo sobre la cama, uno al lado del otro hasta que se encuentra con cinco vestidos fuera. Ahora cierra las puertas del armario y se coloca delante de una de ellas, la que tiene un espejo de cuerpo completo. Coge un vestido de los que tiene sobre la cama y se lo pone por encima, sin sacarlo de la percha. Se mira y se remira, gira sobre sí misma y lo vuelve a dejar sobre la cama, repitiendo el mismo proceso con los cuatro trajes restantes.
Una vez que los ha visto todos, no sabe con cual quedarse. Hay dos que los ha descartado desde el principio porque no se veía cómoda con ellos, pero ahora tiene que decidirse entre los otros tres. Coge su libreta y apunta.
Opción A. Vestido negro. Ceñido. Una sola manga con pedrería en el escote y el tirante. A combinar con los zapatos negros de encaje.
Se para a pensar un momento y añade.
Deja muy poco a la imaginación.
Quizás no sea eso lo que busca. Tampoco quiere parecer una loba en busca de carne. Simplemente quiere estar sexy e impresionar a ese chico que va a abrirle la puerta. Tras mordisquear un poco el bolígrafo, continua escribiendo.
Opción B. Vestido rosa palo. Palabra de honor. Escote con forma de corazón. Lazo rosa a la altura de la cintura. Parte de arriba estilo corsé. Falda de bailarina.
Este vestido está bastante bien y podría combinarlo con su última adquisición. Los zapatos de la famosa diseñadora Esther Jiménez, que le han costado un ojo de la cara. Además contrastan con el aspecto inocente del vestido.
Aún le queda por barajar la tercera opción, así que empuña de nuevo el bolígrafo y comienza a escribir.
Opción C. Vestido verde agua. Escote en forma de pico. Espalda descub
No ha terminado de escribir cuando lanza la libreta sobre la cama. Es inútil seguir escribiendo. Ya se ha enamorado de aquel vestido rosa y por mucho que le dé vueltas, seguirá pensando en él. Para África, los vestidos son como los hombres y, ahora mismo, acaba de tener un flechazo.
Sale corriendo al baño y comienza a secarse el pelo. Cuando termina, saca del mueblecito que está junto a la ducha un estuche repleto de peines de todo tipo. En menos de cinco minutos, ha formado un despliegue de productos para el pelo que no deja ni un hueco libre en el lavabo. Una media hora más tarde, está lista para el siguiente paso, pero antes se mira al espejo. Le encanta como le queda ese peinado estilo griego, con trencitas por los lados y media melena suelta formando hondas perfectas. Es el turno del maquillaje, con el que le saca todo el provecho posible a esos ojazos marrones que ha heredado de su madre. Tarda un buen rato en terminar, pero el resultado es inmejorable. Está guapísima y lo sabe.
Vuelve a la habitación, donde le espera su vestido de princesita, se lo pone, se mira en el espejo y se siente como una niña. Le encanta. Tiene la sensación de volver a ser inocente, pero se ve sexy al mismo tiempo. Ha hecho muy buena elección esa noche y lo sabe. Ahora mismo podría conseguir todo lo que se propusiera.
Se calza los tacones que, por suerte, tienen una plataforma muy bien disimulada y son comodísimos para andar todo lo que necesite, aunque no tiene intención de ir caminando hasta tan lejos.
Coge su bolso, en el que ya había metido todo lo imprescindible salvo el móvil, que lo dejó en la mesa por ahí cuando habló con su chico. Siempre le pasa lo mismo. No lo encuentra. Menos mal que esto no es como con el sujetador y solo necesita llamar desde el teléfono fijo de su casa al móvil. El aparato suena y por fin lo encuentra. Lo mete en el bolso, saca las llaves para tenerlas a mano cuando salga y coge las bolsas que tenía preparadas en la cocina con la comida metida en lo tuppers. Todo listo, así que sale de su casa, cierra con llaves y se mete en el ascensor.
Para no cambiar lo costumbre, se recoloca el flequillo, se pinta bien los labios y mira en el espejo lo estupenda que está. El trayecto termina y sale de allí justo cuando la puerta se abre. No puede coger la moto porque se le estropearía el peinado con el casco, así que no le queda más remedio que pedir un taxi.
Una vez dentro del vehículo, espera impaciente por llegar a su destino. No sabe si su plan va a salir bien, pero si algo se tuerce, sabe que hoy no hay nada ni nadie que se le resista.
Con "B" de BERTA. Cap. 15
QUINCE
Las viejas paredes de "La Luna" llevan horas escuchando las conversaciones de esos cuatro chicos y, desde no hace mucho, de esa chica que se les ha unido.
Uno de ellos, el más bajito, es también el que menos habla. Se limita a oír, sonreír y beber, aunque de vez en cuando se arma de valor y da su opinión sobre algunos temas. Debe ser un chico muy tímido y no le gusta exponerse demasiado a la gente. Suerte que, cuando toca con el grupo, él se esconde detrás de su enorme batería y se olvida de todos aquellos que le están mirando. Solo en ese momento, expresa lo que real mente piensa, y lo hace a través de la música; Otro de ellos, el que parece ser el líder, está muy contento. No le quita ojo a la camarera que se sienta con ellos cada vez que tiene un ratito libre entre pedido y pedido. Sabe que tiene un buen físico y lo saca a relucir cada vez que puede, ya sea diciendo las horas al día que se machaca en el gimnasio o adoptando posturas imposibles en aquel minúsculo taburete sobre el que reposa sus apretados glúteos. Uno de sus brazos está cubierto totalmente por tatuajes, y el otro va por el mismo camino, aunque también ha impregnado con tinta otras partes de su cuerpo que no están a la vista. Sus ojos marrón miel lucen perfectamente junto a sus rizos oscuros, y la argolla que tiene en el labio inferior culmina con ese conjunto hecho para la atracción de muchas mujeres; El tercero de los amigos lleva toda la noche de arriba para abajo. No para quieto, y es que no puede creerse que tenga delante otra vez a Lucas, su gran amigo. Ese que siempre está a su lado y aporta un toque de sensibilidad a esa panda de brutos. Aprovechando su momento de hiperactividad, sus amigos no paran de mandarlo a la barra a pedir todas las cañas que hagan falta y él lo hace gustoso. Además, sabe que así Marcos podrá estar más tiempo con Vero. Apostaría todo lo que tiene a que esa camarera va a acabar esa misma noche en la trastienda con su amigo, pero él no tiene nada que ver en ese asunto, así que se olvida del tema y sigue ejerciendo de camarero temporal. Hace poco que se ha quitado el gorro de lana. No acostumbra a hacerlo, pero la temperatura en el local es bastante alta y, después de todas las cervezas que se ha tomado, es inevitable tener calor. Lógicamente, ahora tiene el pelo despeinado, pero eso a él no le importa. Sus amigos se preguntan constantemente cuál será el motivo de que siempre lleve un gorro puesto. Es el único que tiene el pelo rubio en el grupo y, si quisiera, podría sacarle partido a eso. En cambio, él se siente mejor con la cabeza cubierta; El cuarto componente del grupo, Lucas, no está nada mal. Tiene unos enormes ojos verdes, los cuales tapa con su flequillo. Desde que sus amigos lo conocen, lleva el pelo así, arreglado pero informal. Es la típica melena que parece no requerir ningún tipo de esfuerzo pero que tiene que llevar a recortar las puntas cada dos por tres, tiene que echarse todo tipo de cremas para que tenga brillo, un reparador para el pelo castigado y un largo etcétera de cuidados que ninguno de los demás componentes del grupo estarían dispuestos a soportar. A esa melena perfecta se le une una barba característica de unos dos o tres días sin afeitar, aunque en realidad si que lo ha hecho. Se la recorta cada día hasta dejarla perfectamente a su gusto, justo para que se le vea ese pequeño lunar que tiene un poco más arriba de la comisura de los labios desde pequeño. Su abuela le decía que le hacía mucho más guapo si es que se podía y él siempre hacía caso a su abuela.
Todos ellos tienen un mismo tatuaje. Se lo hicieron juntos cuando más pequeño de ellos cumplió los dieciocho años. La palabra "Acclaim" luce sobre sus cuerpos como símbolo de unión eterna. Una prueba de la amistad que se tienen y se seguirán teniendo. La historia de aquel día es la última anécdota que le han contado a la camarera y cada uno de ellos le ha enseñado su tatuaje.
-Yo también tengo alguno que otro .-Dice Vero
-Uy, uy, uy... ¿Y por donde los tienes? -Pregunta Marcos intrigado a más no poder. Ese tipo de cosas le gustan mucho.
-¡A tí te lo voy a contar! -Responde Vero sonriendo.
-¿A quién mejor que a mí? Yo soy un experto en tatuajes... y en mujeres, también. -Le contesta el bajista del grupo guiñándole un ojo.
-Sigue soñando, anda. -Le dice la camarera mientras se da la vuelta y se dispone a recoger una de las mesas del local que se han quedado vacías. Cada vez hay menos gente y es que ya va siendo hora de cerrar. David, el otro camarero, ha terminado su turno y se fue hace ya rato. Allí solo queda una pareja que, por los besos y los mismos que están compartiendo, se irán pronto del bar para tener un poco más de intimidad; además del grupo Acclaim y de Vero, que está ya poniéndolo todo bien ordenado para acabar su jornada.
Los chicos empiezan a recoger sus cosas para no molestarla, pero ella les hace un gesto con la mano para que se esperen y les dice
-¿Nos tomamos la última así ,en petit comité?
Pero Marcos no da tiempo a que los demás contesten.
Las viejas paredes de "La Luna" llevan horas escuchando las conversaciones de esos cuatro chicos y, desde no hace mucho, de esa chica que se les ha unido.
Uno de ellos, el más bajito, es también el que menos habla. Se limita a oír, sonreír y beber, aunque de vez en cuando se arma de valor y da su opinión sobre algunos temas. Debe ser un chico muy tímido y no le gusta exponerse demasiado a la gente. Suerte que, cuando toca con el grupo, él se esconde detrás de su enorme batería y se olvida de todos aquellos que le están mirando. Solo en ese momento, expresa lo que real mente piensa, y lo hace a través de la música; Otro de ellos, el que parece ser el líder, está muy contento. No le quita ojo a la camarera que se sienta con ellos cada vez que tiene un ratito libre entre pedido y pedido. Sabe que tiene un buen físico y lo saca a relucir cada vez que puede, ya sea diciendo las horas al día que se machaca en el gimnasio o adoptando posturas imposibles en aquel minúsculo taburete sobre el que reposa sus apretados glúteos. Uno de sus brazos está cubierto totalmente por tatuajes, y el otro va por el mismo camino, aunque también ha impregnado con tinta otras partes de su cuerpo que no están a la vista. Sus ojos marrón miel lucen perfectamente junto a sus rizos oscuros, y la argolla que tiene en el labio inferior culmina con ese conjunto hecho para la atracción de muchas mujeres; El tercero de los amigos lleva toda la noche de arriba para abajo. No para quieto, y es que no puede creerse que tenga delante otra vez a Lucas, su gran amigo. Ese que siempre está a su lado y aporta un toque de sensibilidad a esa panda de brutos. Aprovechando su momento de hiperactividad, sus amigos no paran de mandarlo a la barra a pedir todas las cañas que hagan falta y él lo hace gustoso. Además, sabe que así Marcos podrá estar más tiempo con Vero. Apostaría todo lo que tiene a que esa camarera va a acabar esa misma noche en la trastienda con su amigo, pero él no tiene nada que ver en ese asunto, así que se olvida del tema y sigue ejerciendo de camarero temporal. Hace poco que se ha quitado el gorro de lana. No acostumbra a hacerlo, pero la temperatura en el local es bastante alta y, después de todas las cervezas que se ha tomado, es inevitable tener calor. Lógicamente, ahora tiene el pelo despeinado, pero eso a él no le importa. Sus amigos se preguntan constantemente cuál será el motivo de que siempre lleve un gorro puesto. Es el único que tiene el pelo rubio en el grupo y, si quisiera, podría sacarle partido a eso. En cambio, él se siente mejor con la cabeza cubierta; El cuarto componente del grupo, Lucas, no está nada mal. Tiene unos enormes ojos verdes, los cuales tapa con su flequillo. Desde que sus amigos lo conocen, lleva el pelo así, arreglado pero informal. Es la típica melena que parece no requerir ningún tipo de esfuerzo pero que tiene que llevar a recortar las puntas cada dos por tres, tiene que echarse todo tipo de cremas para que tenga brillo, un reparador para el pelo castigado y un largo etcétera de cuidados que ninguno de los demás componentes del grupo estarían dispuestos a soportar. A esa melena perfecta se le une una barba característica de unos dos o tres días sin afeitar, aunque en realidad si que lo ha hecho. Se la recorta cada día hasta dejarla perfectamente a su gusto, justo para que se le vea ese pequeño lunar que tiene un poco más arriba de la comisura de los labios desde pequeño. Su abuela le decía que le hacía mucho más guapo si es que se podía y él siempre hacía caso a su abuela.
Todos ellos tienen un mismo tatuaje. Se lo hicieron juntos cuando más pequeño de ellos cumplió los dieciocho años. La palabra "Acclaim" luce sobre sus cuerpos como símbolo de unión eterna. Una prueba de la amistad que se tienen y se seguirán teniendo. La historia de aquel día es la última anécdota que le han contado a la camarera y cada uno de ellos le ha enseñado su tatuaje.
-Yo también tengo alguno que otro .-Dice Vero
-Uy, uy, uy... ¿Y por donde los tienes? -Pregunta Marcos intrigado a más no poder. Ese tipo de cosas le gustan mucho.
-¡A tí te lo voy a contar! -Responde Vero sonriendo.
-¿A quién mejor que a mí? Yo soy un experto en tatuajes... y en mujeres, también. -Le contesta el bajista del grupo guiñándole un ojo.
-Sigue soñando, anda. -Le dice la camarera mientras se da la vuelta y se dispone a recoger una de las mesas del local que se han quedado vacías. Cada vez hay menos gente y es que ya va siendo hora de cerrar. David, el otro camarero, ha terminado su turno y se fue hace ya rato. Allí solo queda una pareja que, por los besos y los mismos que están compartiendo, se irán pronto del bar para tener un poco más de intimidad; además del grupo Acclaim y de Vero, que está ya poniéndolo todo bien ordenado para acabar su jornada.
Los chicos empiezan a recoger sus cosas para no molestarla, pero ella les hace un gesto con la mano para que se esperen y les dice
-¿Nos tomamos la última así ,en petit comité?
Pero Marcos no da tiempo a que los demás contesten.
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