jueves, 13 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 38

TREINTA Y OCHO
  Paredes a oscuras. Suena la alarma del móvil que tiene enchufado en la pared de la habitación, justo al lado del colchón que ya ha sido trasladado desde el salón. Lucas se sienta sobre el mismo, silencia el aparato y se lleva las manos a la cara mientras bosteza. No ha pegado ojo en toda la noche pensando en lo que pasó ayer, pero sobre todo, pensando en lo que va a pasar hoy. Se suponía que sus tres amigos habían viajado hasta Madrid para darle ánimos en su primer día de trabajo como miembro de la banda de un programa de televisión y al final resulta que dos de ellos se fueron mucho antes de tiempo. El primero fue Marcos, que no soportó que nadie le dijera lo que tenía que hacer e impuso sus normas rompiendo la unión que había entre los cuatro marchándose sin ni siquiera despedirse. Y luego fue Elías el que se marchó cuando él mismo le recriminó que no hubiera tenido paciencia con Marcos. Al menos le sigue quedando Pablo, que está ahora mismo dormido en el otro lado de la cama, si es que se le puede llamar cama a un colchón puesto en el suelo. Se promete a sí mismo que después de los ensayos de hoy, si sale temprano se pasará por el Ikea para comprar muebles baratos y decorar la casa con todo lo necesario para vivir allí el tiempo que dure su nueva aventura.
Se levanta de la cama y se pone una camiseta para no desayunar sólo en boxers. Se lava la cara en el cuarto de baño y agradece haber arreglado ya el grifo de la cocina cuando se dispone a hacer el café. Pone pan de molde a tostar y mientras se prepara un zumo de naranja que se toma en cuanto está listo. Busca por la cocina algún condimento que untar en las tostadas, pero sólo encuentra un bote de mermelada que compró el mismo día que llegó a Madrid, así que se tendrá que conformar con eso. El café ya está listo y lo echa en dos tazas que coloca sobre una bandeja, junto al plato con las tostadas, la mermelada y el azúcar. Lo coge todo y lo lleva a la habitación, sujeta la bandeja con una mano mientras sube la persiana con la otra y hace que Pablo se despierte a causa de la luz que le da en los ojos.
  -Buenos días, princesita. -Dice Lucas riéndose. -Te he traído el desayuno.
  -Muchas gracias. -Pablo se sienta en la cama y estira los brazos para que su amigo le pase la bandeja y pueda sentarse él también.
  -Pero no te acostumbres, que esto lo hago porque eres mi invitado.
Los dos se quedan en silencio, seguramente pensando en lo mismo, pero es Pablo quien decide ser el que lo diga.
  -Todo va a salir bien, ya lo verás. -Lucas sonríe y le pega un bocado a su tostada justo después de haberla untado de mermelada de fresa.
  -Me va a resultar muy difícil vivir aquí, sin vosotros.
  -Lucas, a mí me vas a tener siempre que me necesites. Sólo tienes que llamarme y me compraré el primer billete de tren que me traiga hasta aquí. Tardaré unas horitas en llegar, pero te prometo que estaré contigo.
  -Quédate. -Los ojos de Lucas se empañan y Pablo no sabe qué decir. -Quédate, tío, por favor. Aunque sea un mes para que me dé tiempo a acostumbrarme.
Su amigo le abraza para que no se derrumbe, para que sepa que si se cae, él le levanta y le contesta. -Claro que sí. Te ayudaré con todo esto -Dice mirando las paredes de la habitación a medio pintar. - Y con todo lo que necesites. Y si quieres que te acompañe hoy a trabajar... sólo tienes que decírmelo.
  -Muchas gracias pero... tú hoy tienes otro tema pendiente. ¿O te crees que te vas a librar porque ayer Marcos fuera a ver a Vero antes de irse?
Ambos sonríen pensando en la mala suerte que tuvo Pablo, con lo decidido que iba a abrirle su corazón y se encontró con ese panorama.
  -Bueno, está bien, pero llevo el móvil encima por si quieres algo.
  -Siiiiii, mami. -Contesta Lucas poniendo voz de niño.
  -Las relaciones se estropean cuando empiezas a ver a tu pareja como a una madre. -Dice fingiendo preocupación.
  -Tú siempre serás mi princesita, ya te lo dije antes jajajajaja. Anda, vamos a ducharnos que no quiero llegar tarde el primer día.
  -Sí, pero primero uno y luego otro, que esta conversación está llegando ya a unos niveles extraños jajajajaa
  -Yo primero que no quiero llegar tarde. -Grita Lucas mientras sale corriendo y se encierra en el cuarto de baño.
 

Apaga el despertador, se gira y vuelve a cerrar los ojos. Se está tan bien en la cama... ¿Para qué pondría la alarma tan temprano? ¡¡¡¡PARA EL CASTING!!!! Berta se levanta de un salto, se pone las zapatillas y va corriendo al baño para lavarse la cara. Una vez está totalmente despierta, se dirige a la cocina y pone a calentar un bol de leche en el microondas mientras saca una caja de cereales con trocitos de fruta. Un minuto más tarde, saca el bol, lo coloca sobre la mesa y se sienta en una de las sillas tras coger la cuchara del cajón de los cubiertos. Desayuna tranquila porque aún es temprano. Menos mal que no se ha vuelto a quedar dormida. Cuando no tiene ya más hambre, cierra la caja de los cereales, se bebe la leche que queda y pone el bol en el fregadero. Vuelve a su habitación y abre las puertas del armario de par en par mientras intenta recordar cuál fue el último modelito que le aconsejó su amiga la tarde anterior.
A ver...primero unos pantalones vaqueros pitillo para no parecer muy seria; por encima, una camiseta color salmón de manga corta color salmón, que se lleva mucho este verano; y para darle un toque de profesionalidad, una chaqueta color cámel; y por último, un cinturón del mismo color que la chaqueta y un collar con un poco de pedrería marrón para darle un toque más vivo a la camiseta. Lo coloca todo sobre la cama y abre ahora la puerta del zapatero que tiene junto al armario y escoge unos tacones color cámel con plataforma y tacón de unos nueve centímetros. Los coloca en el suelo, junto a la cama, y coge un conjunto de ropa interior para ducharse antes de hacer la prueba. Y ya de paso, relajar un poco los músculos con agua caliente porque esta mañana se ha levantado más tensa que nunca.

Con "B" de BERTA. Cap. 37

TREINTA Y SIETE
  Ya es de noche en Madrid y las paredes de la habitación de Berta se iluminan con la pequeña lámpara de la mesita de noche. Sentada en la cama y tapada hasta la cintura, se despide de África por whatsapp, con la que lleva hablando ya casi una hora. Hasta parece que a su amiga le ha hecho más ilusión lo de la prueba de mañana que a ella misma, pero Berta sabe perfectamente que lo que en realidad ocurre es que utiliza esa noticia para no pensar en lo de ese tal Miguel. Tiene curiosidad por saber cómo es; pero no sólo físicamente, sino también como persona. Quiere saber cómo ha conseguido que suene ese "clic" en la cabeza de su amiga; o mejor dicho, en el corazón. África ha tenido mucha suerte de encontrar a alguien que le haga sentir así, tan viva y tan muerta de miedo al mismo tiempo.
En un instante, la vibración del móvil le distrae de sus pensamientos y termina de despedirse de la loca de su amiga. Deja el teléfono en la mesilla y pone el despertador a las ocho de la mañana. La prueba es a las once y media, pero prefiere ir con tiempo de sobra por si le surge algún imprevisto. Apaga la luz y se recuesta dejando caer la cabeza en la almohada. Esa misma tarde, después de enterarse de lo del misterioso jefe de su amiga, las dos estuvieron hablando sobre la reaparición del señor Mateo, la propuesta de ser su representante de nuevo, pero sobre todo, de lo que pasaría mañana en la prueba. Sería un momento crucial para el futuro de Berta y dependiendo de cómo se desenvolviera ante los directores de casting, volvería a trabajar en la pequeña pantalla o no. En este caso era todo o nada, blanco o negro, nada de grises con los que conformarse. También habían estado hablando sobre qué ropa ponerse, aunque en ese tema la que más había hablado era África, que para eso era ella la que trabajaba en una revista de moda y, gracias a sus consejos, Berta había quedado bastante satisfecha con el vestuario, lo cual le tranquilizaba bastante. Tampoco iba a pasarse mucho con el maquillaje porque quería dar una imagen natural. Una simple sombra de ojos, un poco de colorete y brillo en los labios le darían el aspecto que ella quería. En el momento de hacer la prueba, deberá parecer simpática, pero sólo lo justo para no parecer una rubia tonta de las que salen en televisión y tantas críticas reciben.
La joven no para de moverse de un lado a otra, nerviosa, pensando en todo lo que puede ocurrir en menos de doce horas. Lo único que tiene claro es que cuando salga de la prueba, su amiga la estará esperando para irse a tomar unas cañas, como era ya costumbre. Y entre pensamiento y nervios, Berta consigue cerrar los ojos y descansar para dar lo mejor de sí al día siguiente.

Con "B" de BERTA. Cap. 36

TREINTA Y SÉIS
  En la azotea del edificio en el que vive ahora Lucas no hay paredes, sólo un pollete a la altura de la cadera. Es un lugar bastante descuidado, pero al joven gallego le parece el lugar perfecto para pensar y crear su propia burbuja en la que sólo pueden entrar él y el recuerdo de Sara.
Desde que decidió alquilar el piso, va allí muy a menudo y se sienta con los pies colgando por fuera de la fachada, pero hoy ha decidido tumbarse boca arriba, con las cabeza apoyada sobre las manos, las piernas flexionadas y sus ojos mirando al cielo. Hace tan solo unos meses estaba en Galicia con su familia, sus amigos... Allí tenía una vida; o al menos lo que le quedaba de ella, de su vida con Sara. Una lágrima consigue escaparse y se precipita hacia abajo recorriéndole la sien. Cierra los ojos y ve su sonrisa, sus manos, su pelo, su manía de morderse las uñas cuando estaba nerviosa y ese beso que le daba siempre en la frente cada vez que él tenía que hacer a una entrevista de trabajo, cuando conoció a sus padres o cuando le prometió que le amaría toda la vida. Una vida que resultó ser demasiado corta.
Lucas vuelve a abrir los ojos y se ve insignificante al mirar las nubes en ese cielo inmenso. Se pone de pie y se acerca al pollete para asomarse y que le dé el aire. Una ligera brisa ondea su pelo y enfría el recorrido que tomó antes esa lágrima liberada. ¿Ha sido buena idea dejarlo toso y empezar aquí de cero? Ha sucedido todo tan rápido que no le ha dado tiempo a mirar a su alrededor, a pensar si eso es lo que de verdad quiere o lo mejor para él. De cualquier forma, Sara siempre decía que las mejores historias empiezan con los ojos cerrados; y eso es lo que estaba haciendo él, cerrar los ojos y dejarse llevar por lo que venga.
De pronto, escucha una puerta cerrarse demasiado fuerte y baja su mirada hacia la calle, donde ve a Marcos que acaba de salir de su edificio con su maleta cargada en el hombro.
  -¡Marcos! ¡¡MARCOOOS!!
No le oye. Lucas se da la vuelta y sale corriendo escaleras abajo hasta salir del edificio, pero cuando llega a la calle ya es demasiado tarde y no hay rastro de su amigo. Sube al primer piso y llama al timbre medio asfixiado por la carrera, pero éste no suena. Vuelve a llamar repetidas veces hasta que recuerda que no funciona y golpea la puerta de su casa con los nudillos. Ésta se abre de forma brusca y ve a Elías al otro lado con gesto enfadado.
  -¿Qué ha pasado? Acabo de ver a Marcos con su maleta saliendo de aquí.
Elías se gira y se dirige al salón dejando la puerta abierta para que Lucas pase.
  - Lo siento, pero he hecho lo que tenía que hacer. -Dice sin dar ninguna explicación más.
Lucas entra en la casa con paso acelerado para acercarse a su amigo, le coge del hombro y hace que se gire     bruscamente. Su mirada exige que le cuente todo lo que ha pasado.
  -Le he dejado las cosas claras. Le he dicho que no puede pensar sólo en él porque somos un grupo y no todo gira en torno a su ombligo. No tenemos que estar pendiente de lo que él haga o deje de hacer porque nos pueda repercutir a los demás. Creo que ya todos somos bastante mayorcitos como para saber lo que hacemos.
  -¿Y qué ha dicho él? -Lucas intenta aparentar tranquilidad para que se solucione todo esto, pero realmente está bastante enfadado. Parece que él es la niñera de todos y no saben comportarse si él se va.
  -No ha dicho nada. Ha cogido sus cosas y se ha ido.
  -¿Así, sin más?
  -Sin más no. Antes creo que iba a despedirse de Vero, la camarera de ayer.

viernes, 7 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 35

TREINTA Y CINCO
  -¿Ves esa pared del fondo con la vallita verde delante? Pues ahí tienes que girar a la derecha.
  -¿Por esta calle de aquí?
  -Sí, es ese edificio de ahí.
  -¿Este?
  -Sí, este de aquí.
El señor Mateo aparca el coche en doble fila justo delante del edificio que le ha indicado Berta. Han estado todo el camino desde la cafetería hablando sobre el puesto en el nuevo programa al que aspira la joven y ambos están muy ilusionados. Según le ha contado su representante, ella sería la que aporta un poco de cordura al programa, ya que el formato es un magazine de humor para las sobremesas de tele3. Su compañero en la mesa principal está ya contratado y se trata de un joven que no tiene mucha experiencia en televisión, pero lleva ya casi diez años ganándose la vida con sus show cómicos en teatros de toda España.
Berta tendrá que dar las noticias del día, presentar vídeos de internet e ir introduciendo todo el contenido del programa; mientras que él será quien le dé un puto de vista cómico a ese material y propondrá juegos relacionados con los temas de los que se hablen cada día a los que los dos acabarán jugando.
La idea es que parezca que Óscar Gobantes, el cómico español, es el que ha tenido la idea del programa y ha ido contratando a todo el equipo; pero es un incompetente sin estudios que ha ido llegando a este mundillo no se sabe cómo. La copresentadora, que es el puesto al que opta Berta, intentará hacer un programa serio pero debe asumir las decisiones que tome el que se supone que es su jefe y, de una forma o de otra, intentará salirse con la suya sin que él se de cuenta. La última media hora de programa estará dedicada a diferentes secciones que se irán sucediendo dependiendo del día de la semana, pero en esa parte no participará Berta y sólo tendrá que volver a salir al plató para despedir el programa con el resto de sus compañeros.
Mientras Alejandro Mateo le explicaba todo esto a la chica, le ha sonado el teléfono móvil y le han informado de que el casting se lo harán mañana. Al principio Berta ha dicho que no está preparada, pero las palabras de su representante han hecho que cambie de opinión y la ha convencido para que haga la prueba. Aún así, no está totalmente segura de que pueda dar lo mejor de sí misma ese día.
  -Nos vemos mañana entonces, ¿No? -Dice el señor Mateo con una sonrisa de ilusión. Berta suspira, le mira con ojos de tristeza y contesta.
  -Qué remedio. -Sonríe de forma forzada.
  -De aquí a dos meses seguro que no piensas lo mimo. Va a ser un buen programa y tú vas a estar dentro de este proyecto. Ya lo verás.
  -Eso espero jajaja. -Las palabras de su nuevo representante le proporcionan seguridad en sí misma desde que era pequeña y, a pesar del paso del tiempo, esta costumbre no ha cambiado.
Se dan dos besos para despedirse y Berta se baja del coche, que desaparece rápidamente al doblar la esquina.
Sube las escaleras que dan a la gran puerta del edificio mientras piensa en la ropa que se va a poner mañana.  Se supone que ella le dará formalidad el programa y, por lo tanto, deberá aparentar seriedad; pero por otro lado, es un programa de humor y en ese tipo de espacios, la seriedad es algo que sobra. Entre pensamiento y pensamiento, llega a la puerta de la casa de su amiga. Su futura puerta, al fin y al cabo. Aún no se cree del todo que vaya a compartir piso con África.
Llama al timbre y espera algunos segundos, pero nadie le abre. Ni siquiera escucha movimiento al otro lado de la puerta. Esta África siempre igual de desastrosa... ni la madurez la ha hecho cambiar. Vuelve a llamar, pero esta vez de forma más insistente pulsando el timbre más de una vez y, en una de estas, la puerta se abre de golpe.
  -Pasa, pasa. Necesito terapia YA. -Dice África totalmente preocupada y cogiendo a su amiga del brazo para arrastrarla hasta dentro de la casa.
  -Espérate, mujer. ¡Qué prisas! -Berta mira a África extrañada. Las pintas que lleva no son muy características de una persona tan coqueta en su estilo como ella. Lleva un pantalón corto de chándal de estos son sueltos como los que se llevaban en los años 90, pero de talle bajo; la camiseta blanca de tirantes tiene un pequeño boquete a la altura de la cadera derecha y el pelo lo lleva recogido con una cola de la que se le salen casi todos los pelos. Está claro que no es su mejor momento.
  -Vamos, siéntate en el sofá. Yo voy por las chuches. -Y continúa empujándola hasta que llegan al salón, se da la vuelta y se va a la cocina. Berta se sienta, tal y como le han ordenado hace un momento y con un tono de voz bastante alto como para que su amiga la oiga, pregunta.
  -¿Pero qué te pasa? ¡Estás como hiperactiva!
África vuelve de la cocina cargada de bolsas con gomitas, una tarrina de helado de chocolate, patatas y una botella de dos litros de refresco.
  -¡Que me han cazado! ¡Eso es lo que me pasa!
  -¿Que te qué? -Berta no puede evitar soltar una carcajada
  -Pues eso. -Suelta en la mesa todo lo que llevaba y se sienta encogida en el sofá, justo al lado de su futura compañera de piso. -Que me han cazado. Yo no quería que pasara pero ha pasado. -Coge una bolsa de patatas, la abre y empieza a comer de forma compulsiva. -No sé qué va a ser de mí. -Dice con la boca llena y los ojos empañados.
  -A ver, África, tranquilízate. Deja de comer así que te vas a ahogar. -Ordena mientras le quita de las manos el paquete y continúa hablando. -Deduzco que todo esto es por el chico ese, ¿Verdad?
  -Miguel -Responde con apenas un hilo de voz.
  -Miguel, muy bien. Y deduzco también que estabas con él cuando me has pedido que te llamara. Y que lo has usado como excusa para librarte de él. -África asiente lentamente con la cabeza. -¡Pero, cariño, el amor no es motivo para salir corriendo!
  -¡¿Que no?! -Ahora el tono que usa es enfadado, aunque en realidad no lo esté. -¡El amor es algo que acojona! ¡O al menos debería hacerlo! ¿Sabes lo que es que tu estado de ánimo dependa totalmente de otra persona? Que no puedas acostarte pensando en lo que vas a hacer mañana, sino en él; que tu vida ideal no sea irte a la Conchinchina con tan sólo una maleta; sino ir a donde sea, pero que sea con él; estremecerte cuando te roza o te acaricia; no poder controlar tu respiración cuando estás a su lado. ¿Crees de verdad que eso no es motivo suficiente como para salir corriendo?
Berta está totalmente asombrada. Nunca antes había visto a su amiga tan alterada y casi le cuesta articular una sola palabra para responderle.
  -Joder... Así que ahora resulta que África, doña "No me voy a colgar de nadie en la vida", es toda una romántica.
  -Oye, si has venido aquí para insultarme te puedes ir, ¡Eh!
  -Vale, vale. Tranquila...
  -Bueno, ya sabes qué es lo que me pasa. ¿Ahora, qué opinas?
  -Que tienes que aprender a compartir tu vida porque así vas a disfrutarla mucho más.
  -¿Ese es tu consejo? Permíteme que te diga que es una mierda.
  -Vamos, África, no te cierres a esto que te está pasando. Cuando aprendas a disfrutar de este momento de tu vida te darás cuenta de que es algo precioso.
  -No quiero atarme a nadie.
  -Nadie te pide que lo hagas. El amor también es libertad. Tú y yo nos queremos con locura y no por eso somos menos libres; y lo mismo te pasará con ese tal... Miguel. -Dice cuando por fin recuerda su nombre.
  -Tengo miedo de que me deje. -Ya no puede aguantar más y se le escapa una lágrima que se pierde al caer por la barbilla.
  -Eso no tiene por qué pasar. -Se acerca a ella y la abraza para consolarla. Sabe que realmente lo está pasando mal.
  -¿Y si pasa?
  -Ya me encargaré yo de que se arrepienta -África la mira y sonríe aliviada. -Y bueno... ¿Cuándo van a ser las presentaciones?


miércoles, 5 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 34

TREINTA Y CUATRO
   Paredes perfectamente decoradas. Parece que el local acaba de abrir hace apenas unos meses y en realidad este es ya su noveno año abierto al público. Uno de los camareros, el que tiene el lunar en la barbilla, sostiene elegantemente una bandeja con un café irlandés, compuesto por café, whisky y crema batida; y un caramel macchiato, hecho con café con leche, espuma y caramelo. Cuando llega a una de las mesas que hay más al fondo, se para, deja el pedido delante los dos clientes y se marcha sosteniendo la bandeja, esta vez en la espalda.
Lucas agacha la cabeza acercándose a la mesa y huele el café que le han dejado enfrente.
  -¿Este es el mío?
  -No sé.
Los dos se sonríen. No tienen ni idea de lo que han pedido, pero puestos a gastar en un sitio caro, gastan a lo grande y así prueban nuevos sabores. En Galicia no habrían encontrado un local así ni aunque se llevaran meses buscando.
  -Habrá que probarlo.
Ambos miran sus respectivos cafés con miedo, como si pudieran contener veneno o algo por el estilo. Por fin Pablo se decide y coge el asa de la taza con cuidado para no quemarse, se la acerca a la boca y se moja los labios.
  -Oye, pues está bueno. -Dice sorprendido.
  -¡Con lo que nos va a costar, como para no estarlo! -Ahora es Lucas quien decide comprobar a qué sabe su café con ese nombre tan extraño. Le da un ligero sorbo porque aún está demasiado caliente y lo saborea durante unos segundos. -¿Me lo vas a contar ya o voy a tener que torturarte?
Pablo deja de mirar el café y ve los ojos de su amigo clavados en los suyos. Sabe perfectamente a qué se refiere Lucas, pero nunca le ha resultado fácil hablar de ese tipo de temas.
  -Nada. En realidad es una tontería. De aquí a tres días se me pasa. -Dice sonriendo para restarle importancia.
  -Bueno, aunque sea una tontería, me gustaría saberlo. Soy tu amigo y quiero verte feliz, no cabizbajo. Además, nadie mejor que tú y que yo sabe lo bueno que puede llegar a ser una terapia de charla con un colega, ¿Verdad? -Ambos se miran cómplices recordando la conversación que tuvieron la noche anterior, cuando Pablo se encontró a Lucas hecho polvo en la cocina.
  -Parece ser que sí, que algo funciona. -Fuerza una sonrisa. Le va a costar mucho abrirse, pero realmente es lo más justo. No hace ni doce horas, la situación era totalmente contraria y ahora es su amigo el que pide que confíe en él para poder ayudarle.
  -Pues venga. Soy todo oídos.
Pablo respira hondo y comienza a narrar.
  -Verás... en realidad ni siquiera yo estoy totalmente seguro de lo que me pasa pero... -Vuelve a suspirar y continua. -... creo que me he enamorado.
  -¡Pero eso es una noticia genial! -Lucas sonríe a más no poder. Será por eso que sus amigos siempre dicen que es el romántico del grupo y es que para él no hay nada más fuerte que el amor en cualquiera de sus formas.
  -De Vero -Susurra Pablo cabizbajo mirando su café. La sonrisa de Lucas se borra por completo. Se levanta de su silla, se sienta en el hueco libre que hay al lado de su amigo y le rodea los hombros por detrás de la nuca con el brazo que tiene más próximo a él.
  -¿Y cuál es el problema? Vero es una chica estupenda. -Dice fingiendo una pequeña sonrisa. Sabe perfectamente que el problema tiene nombre y apellidos. Para ser exactos, el problema se llama Marcos Hernández Vizcaíno y es él quien pasó ayer toda la noche con ella.
  -Sabes tan bien como yo cuál es el problema. O mejor dicho, quién.
  -Bueno... -Lucas piensa rápidamente una forma de animar a su amigo. -Lo de Marcos no va a durar mucho. Los dos sabemos que él no es de relaciones largas.
  -Ya, pero me jode ver cómo la trata. Ella no es una más, ¿Sabes? No es un trozo de carne. Y no sé si es la mujer de mi vida, pero sí sé que no se merece que la traten como lo está haciendo Marcos. A pesar de tener un aspecto de chica dura, me bastó la noche de ayer para darme cuenta de que es una chica sensible, que necesita que la cuiden, y creo que no fui el único que se dio cuenta. -Pablo mira a Lucas buscando su afirmación.
  -Lo sé.
  -Pero Marcos no. Él no se dio cuenta. -Dice enfadado y toma su segundo sorbo de café desde que se sentaron para calmarse un poco.
  -Ya sabes cómo es. Hay que dejarle las cosas muy claras para que se dé cuenta. -Contesta Lucas intentando excusar a su amigo.
  -Que sea así no significa que su forma de comportarse sea la correcta. Estoy cansado ya de que se lo perdonemos todo porque él es así. Todos tenemos nuestras cosas pero no vamos a nuestra bola pensando solo en nosotros mismos. -Pablo se está desahogando como nunca antes lo había hecho y, sinceramente, le está sentando de maravilla. -Nosotros no tenemos que pagar porque él se crea el ombligo del mundo; y mucho menos tiene que pagarlo Vero, que casi ni le conoce.
  -Eso no tiene nada que ver. Tú tampoco la conoces y ya dices que te has enamorado de ella. -Mientras lo va diciendo, Lucas se va dando cuenta de que no está siendo justo y que no tenía que haberlo soltado así. Al mismo tiempo, mientras Pablo lo va oyendo, siente como si alguien le estuviera apretando el pecho y no le dejase respirar. Se queda callado mirándolo, si creer que de verdad su amigo le haya dicho eso. -Lo siento, no quería decirlo así.
  -Pero es realmente lo que piensas, que no puedo haberme enamorado de una persona con la que casi no he hablado, que es solo un capricho, ¿No?
  -Yo no...
Su amigo le interrumpe y no le deja explicarse.
  -Pues sin hablar con ella me he dado cuenta de que cuando sonríe se le cierran los ojos y se quedan diminutos a pesar de que sean enormes. Me he dado cuenta de que tiene tres lunares en el cuello dibujados en línea recta. Que tiene una piel tan suave y blanca que parece de seda. Que le sale un caracolillo de la sien. Que solo con mirarme hace que me quede sin aliento y se me desordenen las ideas. Sin hablar con ella me he dado cuenta de que la necesito en mi vida para ser completamente feliz.
  -Y luego resulta que soy yo el romántico. -Dice Lucas con media sonrisa para restarle tensión a la situación. -Siento haberte dicho eso, de verdad. Sabes que no soy así. Sólo intentaba que no te enfadaras con Marcos.
  -No te preocupes. -Dice mientras pasa el dedo por el filo de su taza dibujando círculos.
  -¿Y qué vas a hacer?
  -¿Cómo? -Pablo no se esperaba esa pregunta.
  -Que qué piensas hacer. ¿O te vas a quedar ahí sentado tomándote tu caramel macciato? -Bromea poniendo tono italiano y haciendo el gesto característico con la mano.
  -No sé, no lo había pensado. -Contesta entrecortado.
  -Pues te lo voy a decir yo. Te vas a levantar, vas a ir a La luna y le vas a decir a la cara todo esto que me has dicho a mí.
  - No, no. No voy a hacer eso. Estoy totalmente sudado, ¿No me ves?
  -Va, ¡Tampoco hemos corrido tanto!
  -Además, ella trabaja por la noche. No estará allí todavía.
  -No inventes que sí que está allí ahora. Soy yo el que os enseñó ese local a vosotros, no al revés jajajaja. Vero trabaja los domingos el día entero y a esta hora no debe tener mucha clientela. Es el momento perfecto.
  -Prefiero dejarlo para otro día.
  -Si lo dejas para otro día, no lo harás nunca.
  -¿Y qué pasa con Marcos?
  -Deja de buscar excusas y sal corriendo ya de aquí. Con Marcos hablo yo. Seguro que lo entiende.
  -Bueno, vamos a pedir la cuenta antes, ¿No?
  -¡Que te vayas ya! -Dice riendo aunque subiendo un poco el tono para que no vuelva a rechistar. -Yo me quedo aquí y pago.
  -Vale, vale. -Pablo se levanta muy despacio, intentando retrasar el reencuentro lo máximo posible. Lucas le da una palmada en el hombro y le desea suerte cuando ya está a punto de salir del local mientras piensa que realmente esta historia va a traer más de un disgusto a Acclaim, el grupo de música que formaron hace ya unos años, pero sintiéndose al mismo tiempo orgulloso de su amigo. Tiene que reconocer que le ha echado valor al ir a hablar con ella con las pintas que llevaba. Y mientras piensa esto último, no puede evitar que se le escape una sonrisa.


domingo, 2 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 33

TREINTA Y TRES
Apoyada en la pared de la cafetería, Berta no da crédito a lo que acaba de pasar. No ha entendido nada de lo que le ha dicho su amiga por teléfono. La verdad es que últimamente estaba muy rara... Siempre con secretos e inventando excusas para no dar explicaciones de a dónde iba o de dónde venía. Ahora ya sabe que todo eso era porque estaba manteniendo una relación en secreto con su jefe, pero el numerito que le acaba de montar ahora no tiene nada que ver con eso. Respecto a que no le hubiera contado nada de esa aventurilla que estaba teniendo en el trabajo, se siente muy decepcionada. África y ella siempre se lo contaban todo, o al menos eso creía, pero de repente se entera de que su amiga lleva un mes saliendo con un chico y si se lo ha contado ha sido para que la sacara de un apuro que todavía no acaba de entender, pero no porque quisiera compartirlo con ella.
La vibración de su móvil le distrae de sus pensamientos y mira la pantalla que se acaba de iluminar. Es un whatsapp de África. Lo abre estando todavía un poco molesta, aunque con curiosidad por saber si ese mensaje le desvelará algo del extraño comportamiento de su amiga.
"Dentro de 15 minutos en mi casa. O mejor dicho, NUESTRA casa. Yo compro el chocolate."
Berta sonríe al ver ese "NUESTRA" escrito con letras mayúsculas, pero también siente temor. No puede evitar pensar en que la convivencia puede acabar con esa amistad que se ha ido forjando con el paso de los años.
De repente, aparece el Señor Mateo por la izquierda, que acaba de salir por la puerta de la cafetería.
  -¿Nos vamos? -Dice mostrándole las llaves del coche a la joven.
  -¿Cuánto te debo?
  -Nada, invito yo. -Sonríe.
  -No, venga. Dime cuánto ha costado lo mío que no me gusta ir dejando deudas. -Dice Berta bromeando con una sonrisa en la boca.
  -Anda, vamos al coche que seguro que estás deseando darle a tus padres la noticia del casting. Y cuando te den el puesto en ese programa, me invitas tú a otro desayuno. Así estamos en paz.
A Berta le parece buena idea, de modo que le sonríe haciéndole ver que está conforme.
  -Vale, pero si no te importa, preferiría que me acercaras a otro sitio. He quedado con una amiga.
  -Claro, no te preocupes. Te llevo a dónde tú me digas. Lo mismo me da ir a un sitio que a otro.
  -¿Te apetece venir esta noche a cenar a casa? Así le damos la sorpresa a mis padres. ¡Seguro que se alegran de volver a verte tanto como yo!
Berta nota cómo al oír sus palabras, su nuevo representante se pone nervioso pero no sabe cuál es el motivo.
  -Mejor lo dejamos para otro día, ¿Vale? Hoy tengo que... Hoy no me viene bien.
  -Está bien... cuando tú me digas. -No ha querido insistir porque lo ha notado incómodo, pero le ha decepcionado su respuesta. Le hacía mucha ilusión que sus padres se volvieran a reencontrar con él y en el coche de camino a casa de África está todo el tiempo ausente pensando en el por qué de su negativa.
Por otro lado, Alejandro se ha dado cuenta de que desde que Berta le propuso cenar juntos y él se negó, ella está más distante, pero sinceramente, no cree que sea buena idea volver a reencontrarse con ellos. Al menos por el momento.
 

sábado, 1 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 32

TREINTA Y DOS
  Las paredes del local en el que acaban de entrar Lucas y Pablo son muy diferentes a la de los locales que suelen frecuentar ambos. Éstas tienen una decoración elegante, compuesta por muchos detalles que en conjunto proporcionan una gran armonía al ambiente que allí se respira, pero ninguno de los dos se fija ahora en eso porque Lucas acaba de chocarse con una desconocida y casi la tira al suelo si no llega a ser por la pared que tenía la joven detrás.
  -¡Aaau!
  -¡Lo siento, lo siento! De verdad, no quería molestarte. 
  -No pasa nada.
  -¿Estás bien? ¿Te he hecho daño? 
  -Sí, no te preocupes
La chica continúa hablando por el móvil y los dos amigos entran en el local.
  -Anda que no eres listo tú. -Le dice Pablo con una sonrisa pícara a su amigo mientras éste busca un sitio donde sentarse y finge que no ha pasado nada.
  -¿Qué? -Hace como que no sabe de qué habla para restarle importancia al asunto.
  -Sí, hazte el loco, pero los dos sabemos que no te has ido a chocar con la más fea, precisamente. -Desde que ambos tuvieron por la noche aquella conversación en la cocina de la casa de Lucas, Pablo se ha propuesto que su amigo pase página e intente que se fije en otras chicas para que consiga superar lo que pasó hace ya casi un año.
  -No sé, no me he fijado. Vamos a sentarnos allí. -Dice Lucas señalando con la cabeza una mesa vacía y caminando hacia ella antes de que se siente otra persona. Su amigo le sigue, pero no está dispuesto a dejar pasar esta oportunidad que le ha brindado el destino con esa chica rubia. No pretende que Lucas se case con ella ni que tengan nada serio, sólo quiere que se diviertan juntos y que se dé cuenta de que la vida sigue para él.
  -Ya... Pues fíjate ahora. -Dice mirando hacia la puerta mientras la joven vuelve a entrar en el local.
  -Sí, no está mal. ¿Qué vamos a pedir? Ya que venimos a un sitio con clase nos pedimos algo que no sea una cerveza, ¿No?
  -Va, tío, eso ahora da igual. ¿No te gustaría conocerla?
  -¿Qué? -A Lucas no le está gustando nada el camino que está tomando la conversación pero no quiere enfadarse, así que opta por zanjar el tema. -Mira, vamos a dejarlo. ¿Pedimos un café?
  -Vale, pero uno que sea especial. -Dice Pablo mientras coge la carta y comienza a ojearla. No ha querido seguir insistiendo porque ha notado la incomodidad de Lucas en su mirada, pero eso no significa que se haya dado por vencido. Simplemente ha decidido aplazar el tema para otro momento.
Ambos deciden qué tomar y se lo comunican al camarero cuando éste les atiende. Mientras esperan a que vuelva para servirle su pedido, hablan de todo un poco. Del grupo de música, del equipo de fútbol de su barrio, de Marcos y Elías...

Un par de mesas a la derecha, Berta ha colgado ya su teléfono móvil, pero ha quedado con África en que la va a llamar dentro de un minuto, así que aprovecha ese tiempo para decirle a su nuevo representante que va a tener que volver a salir fuera en un momento y que si no le importa, que vaya pidiendo ya la cuenta. Éste asiente complacidamente y Berta le da un beso en la mejilla. Ha sido algo que ninguno de los dos se esperaba, pero la joven se ha dejado guiar por sus impulsos y ha despertado esa vieja costumbre que tenía cuando era pequeña y trabajaban juntos. Después del beso ha habido algunos segundos de silenciosa tensión que Berta ha conseguido cortar como buenamente ha podido.
  -Bueno pues... voy a fuera a llamar otra vez jajajaja. -Dice nerviosa por lo que acaba de ocurrir. -No tardo nada.
  -Vale. Cuando pague esto salgo y te llevo a casa.
Los dos se sonríen y Berta coge el bolso y la chaqueta vaquera y se la va colocando de camino a la puerta. Vuelve a colocarse delante de la fachada, como hace un momento cuando se chocó con el gallego ese que casi la tira al suelo. Marca el número de África, que ya se sabe de memoria y espera a que dé señal. Dos tonos más tarde oye la voz de su amiga al otro lado. 
  -¿Diga?
  -¿Qué querías? Para qué se supone que te tenía que llamar?
  -¿Qué? -Dice África con voz de asombro
  -Que para qu... -África no deja que su amiga termine de formularle la pregunta y vuelve a hablar ella.
  -Sí, sí. No te preocupes. Enseguida estoy allí. Dame quince minutos.
Berta no entiende nada
  -¿Que nos vemos dónde? ¿Qué estás diciendo?
  -Tranquila mamá, siéntate y tranquilízate, que cojo un taxi y voy para allá.
África cuelga el móvil y coge su bolso, que lo dejó ayer en el sofá, justo al lado de donde está ahora su novio.
  -¿Qué pasa? ¿Te vas ya?
  -Sí Miki, tengo que irme. Luego te llamo, ¿Vale?
  -¿Pero qué ha pasado? ¿Tu madre está bien?
  -Sí, no te preocupes, Es que ha vuelto a discutir con mi padre y ya sabes cómo se pone.
La verdad es que no, que no lo sabe. Es la primera noticia que tiene de que los padres de su novia discuten tan fuerte. Cuando se da cuenta, África tiene ya el abrigo puesto y va de camino a la puerta.
  -¡Llévate tu regalo! Ábrelo en tu casa aunque sea.
África no quiere ni pensar lo que puede ser. No quiere tener nada de él y pone la primera excusa que se le ocurre.
  -No, ya lo abro otro día que estemos juntos. -Sonríe de forma forzada y sigue caminando hacia la puerta.
  -Dame un beso al menos, ¿No?
 África se gira y sin moverse del sitio se lleva la mano a los labios y le lanza un beso a su novio desde la distancia. -Tengo prisa. -Dice para excusar su falta de cariño. Abre la puerta y se va. 
En el ascensor de camino a la calle, desbloquea el móvil que no lo había soltado desde que habló con Berta y lo utiliza para mandarle un whatsapp justo a ella.
"Dentro de 15 minutos en mi casa. O mejor dicho, NUESTRA casa. Yo compro el chocolate"
Le da a "enviar" y apoya la cabeza contra la pared hasta que llega a la planta baja.
Mientras tanto, Miguel no se ha movido del salón e intenta asimilar lo que ha pasado. Ha sido todo muy raro... Hace un momento estaba todo genial. Era la vez que más cariñosa veía a su novia, le abre su corazón y le dice que tiene que irse al baño. Y cuando vuelve, le suena el móvil y se va. 
El joven se sienta en el sofá y se queda mirando el cuadro que le ha regalado. Le encanta, como todo lo que viene de ella. Se tumba, apoyando la cabeza en uno de los cojines y continúa mirando el regalo. Está preciosa en la foto, como siempre.