domingo, 23 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 42

CUARENTA Y DOS
Paredes rosa fucsia, ventanales blancos y cortinas del mismo color. Suena un pequeño despertador negro que asegura ser la hora de levantarse. África estira el brazo hacia el mueble blanco que hay tras su cama y que ejerce también de cabecero y de mesita de noche. El aparato deja de sonar tras establecer contacto con las yemas de los dedos de la joven y ella se queda en la cama, enredada entre las sábanas de rayas horizontales desiguales en distintos tonos de rosa y alguna que otra línea negra. Sabe que es hora de levantarse e irse a trabajar, pero no sabe cómo enfrentarse a Miqui. Realmente se muere de ganas de verle, de abrazarle, de besarle, pero le aterra pensar que está enamorada. Al final ha resultado ser cierto eso que dicen de que no hay que mezclar el ámbito personal con el profesional, pero para eso tendría que dejar de trabajar allí. Está claro que le resultaría totalmente imposible alejarse de su jefe.
Se incorpora sobre la cama, pone los pies en el suelo y se levanta. Se coloca bien las braguitas con las que ha dormido y se dirige al baño para lavarse la cara. Una vez se ha despejado por completo, va a la cocina y abre la nevera en busca de leche para desayunar, pero ya no queda, de modo que se conforma con el zumo de melocotón que compró el otro día. Se prepara unas tostadas con mantequilla, se las come y vuelve al baño para darse una ducha rápida antes de ir al trabajo. Cuando sale, está mucho más despejada, con más energía para afrontar el día de hoy que no sabe muy bien cómo va a ser, ya que no ha vuelto a hablar con Miguel desde que salió huyendo de su casa. Abre el armario y escoge un vestido muy primaveral corto sin mangas. Blanco con flores de diversos colores, verdes, azules, amarillas... y un cinturón muy finito en la cintura de color rojo. Se mira al espejo que tiene de cuerpo entero. Le queda bastante bien, pero todavía tiene que hacer algo con esos pelos de loca que lleva y con la cara de zombi que se le ha quedado después de no haber pegado ojo en toda la noche. Con la ayuda de numerosas horquillas, consigue dejar caer la melena sobre su hombro izquierdo sin que parezca demasiado repeinada y escoge un maquillaje muy natural. El justo para disimular sus ojeras pero no parecer que se ha tirado media hora en el baño pintándose. Cuando tiene el bolso listo, se sube a sus tacones rojos y sale de su casa cerrando la puerta con la llave. Baja en el ascensor y se monta en su moto. Cuando llega al trabajo deja las cosas sobre su mesa, pero esta vez no tiene ningún post-it en la pantalla de su ordenador como cada mañana. Ahora no le cabe duda de que está enfadado, necesita hablar con él. Camina hasta la puerta de su jefe y la golpea dos veces con los nudillos. Abre un poco e introduce la cabeza dentro del despacho.
  -¿Se puede? -Dice con la mayor sonrisa que es capaz de fingir.
  -Ahora estoy ocupado. Cierra la puerta al salir.
África obedece y vuelve a caminar hacia su mesa, aunque lo hace dejándose guiar por su memoria fotográfica ya que casi no ve con los ojos empañados intentando aguantar las lágrimas. No es posible que le esté pasando esto, que no haya ni levantado la vista para mirarla. Que aquella persona que le hacía tan feliz ahora le haga sentir que se ahoga, que no puede respirar. Justo ahora que ya estaba segura de que quería pasar la vida con él, cuando iba a decirle que le amaba, que estaba loca de amor. Cuando iba a decirle que ahora era toda para él, que hiciera lo que quisiera con ella porque ya sólo le importaba que él fuera su compañero. Justo en ese momento decide no mirarle a la cara, decirle que está ocupado. Necesita hablar con él pero no sabe cómo. Está claro que él no tiene intención de escuchar lo que le tiene que decir. Piensa en mandarle un whatsapp, pero le parece demasiado frío e infantil. ¡Ni que tuvieran quince años!
Suena el teléfono que tiene en su mesa y lo coge rápidamente deseando que sea él.
  -¿Diga?
  -África ¿Tienes lista la maquetación?
¡Sí. es él! Ahora es el momento. Tiene que decirle lo que siente aunque su compañera se entere de todo. Es ahora o nunca.
  -Miguel, quiero decirte algo. -La joven que está sentada frente a ella, en la otra mesa, se asombra al escucharle decir "Miguel" en lugar de "Señor Sauras". Y ese trato tan directo con el que le habla hace que levante la vista de su trabajo y se quede escuchando la conversación. -Verás, el otro día...
 -Sanz ¿Tiene la maquetación lista o no? -No le ha dejado hablar y encima le ha hablado de usted, como si fueran dos desconocidos. Como si hubiera alguien en su despacho y tuviera que guardar las apariencias.
  -No, aún no. Me faltan algunas cosas. Este fin de semana he estado muy ocupada. -Contesta intentando hacerle recordar la noche tan maravillosa que pasaron juntos el viernes y la mañana del sábado.
  -Debería saber ya que su vida privada no puede afectar al trabajo. En una hora lo quiero todo en mi mesa.
Miguel cuelga y ella hace lo mismo. Siente rabia e impotencia; pero sobre todo, siente la necesidad de que todo vuelva a ser como antes, de que tiene que hacer algo para demostrarle que le quiere y se le acaba de ocurrir una idea que puede funcionar bastante bien.
 

Con "B" de BERTA. Cap. 41

CUARENTA Y UNO
  La fachada del edificio de la productora es prácticamente entera de cristal con el logotipo de PedrosaTV pegado mediante un vinilo enorme que se ve a bastantes metros de distancia. A Lucas no le hace ninguna gracia este tipo de lujos totalmente innecesarios mientras siga habiendo gente que duerme en la calle cada noche porque no tiene un techo digno. De cualquier forma, no tiene intención de entrar en ese sitio muchas veces; sólo el tiempo preciso hasta que encuentre alguna otra cosa relacionada también con la música.
Las puertas automáticas se abren cuando él se acerca dejándole entrar en el que es ahora su nuevo trabajo. El recibidor es realmente espacioso y está decorado con una elegancia y un gusto que él mismo no hubiera logrado ni aunque se estudiara trescientos manuales de decoración. Se acerca a la recepcionista, una  joven guapísima, para variar. En este mundillo lo único que vale es la belleza.
  -Perdona... ¿Podrías decirme dónde está el plató 2? Formo parte de la banda del programa. Toco la guitarra jajaja -Dice mientras le muestra la funda con el instrumento en el interior. La joven sigue con sus obligaciones y sin mirar al chico le contesta.
  -Entra por la puerta azul y al fondo del pasillo en la puerta de la derecha. Pone "Plató 2" en un cartel, así que no tiene pérdida.
  -Vale, gracias. -Se queda parado un rato esperando a ver si la recepcionista se despide de él, pero ni siquiera eso, de modo que se vuelve a colocar la guitarra en el hombro y comienza a caminar hacia la puerta del fondo, la puerta azul. Recorre el largo pasillo hasta pararse frente al cartel que le dijo antes la recepcionista. Abre la puerta lentamente y asoma la cabeza para comprobar si puede pasar, pero no hay nadie pendiente de él, de modo que entra en el plató y busca a alguien que le inspire un poco más de simpatía que la joven de antes para poder preguntarle dónde son los ensayos de la banda. Se le acerca una chica joven muy mona, sin maquillar, con una melena larga color castaño claro, casi rubia, que le llega a la cadera. Lleva una camiseta gris con un hombro caído, unos shorts vaqueros gastados y unas botas negras con tachuelas. No pega mucho en este ambiente de glamour aunque, ahora que se fija, Lucas se da cuenta de que casi nadie allí va extremadamente arreglado. Lo que hay detrás de las cámaras dista mucho de lo que se ve en pantalla.
  -Hola, soy Carla, la regidora del programa. Tú debes ser de la banda, ¿No? -Dice sonriendo mientras mira la funda de la guitarra que lleva el chico al hombro.
  -Sí, pero ando un poco despistado. Perdón, soy Lucas jajaja -Ambos se dan dos besos en la mejilla. -Todo esto es muy diferente a lo que me había imaginado. Es todo más...sucio, por decirlo de alguna forma.
  -¡Nunca antes habías estado en un plató de televisión?
  -No, de donde yo vengo no se suelen dedicar a esto.
  -Gallego, ¿Me equivoco?
  -Mi acento me delata, ¿No?
  -Un poco - Los dos se ríen juntos y Carla le coge del brazo para indicarle el camino. -Ven, que te voy a presentar al resto de los chicos.
Caminan atravesando el plató y Lucas no para de mirar a todos lados. Aquello es enorme, pero su pensamiento se distrae cuando ve a una rubia sentada en la mesa rodeada de gente. Aquella chica le suena.

Que se me acumulan!!!



martes, 18 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 40

CUARENTA
  Las paredes del hall de la productora son de un color blanco impoluto. A una altura desmesurada, en el techo, cuelga una lámpara de diseño que debe haber costado bastante cara, al igual que el enorme ventanal que da a la calle. Los sillones y sofás color turquesa rodean toda la habitación, excepto en el centro de una de las paredes, donde se encuentra la recepción, compuesta por un mostrador de cristal negro bastante moderno y con forma curva. El señor Mateo se acerca a la recepcionista que se encuentra en su puesto atendiendo al teléfono y Berta se queda un poco apartada, dejando a su representante que haga su trabajo y disimulando como si no se enterara de la conversación mientras finge leer el guión de la prueba.
  -Buenos días
  -Buenos días, caballero. ¿En qué puedo ayudarle?
  -Verá, soy Alejandro Mateo. Tengo una cita con Toni para el casting del programa que están preparando.
  -Espere un momento. -La joven recepcionista se coloca bien los auriculares del teléfono y marca un número a una velocidad increíble. Espera un par de segundos y rápidamente comienza a hablar. -Hola, tengo aquí a un tal  Alejandro Mateo que dice tener cita con usted. -Silencio. -Ajá, ahora mismo se lo digo. Hasta luego. -Pulsa el botón de colgar para terminar la conversación y dirigiéndose a Alejandro dice.-Siéntense en los sillones que en un momentito le atienden.
  -De acuerdo, muchas gracias. -El señor Mateo se coloca bien la corbata, se dirige a Berta y le pone la mano en la cintura indicándole con la cabeza que tienen que esperar sentados. La joven obedece y los dos se sientan tal y como les han pedido. Ambos están tensos a causa de los nervios, pero Berta lo está mucho más y es por eso que su representante intenta calmarle colocando la mano en su rodilla para transmitirle seguridad.
  -¿Cómo lo llevas? ¿Te lo has leído ya? -Dice refiriéndose al guión.
  -Como un millón de veces -Suspira. -¿De verdad crees que este trabajo es para mí?
  -Estoy totalmente seguro. Ya verás como lo haces genial.
  -Pero si aún no han encontrado a nadie para copresentar es porque están siendo muy exigentes y yo hace muchos años ya que no trabajo en esto. Estoy oxidada.
  -No digas tonterías. Si no han cogido a nadie aún es porque te están esperando a ti. Están buscándote aunque ellos todavía no sepan quién eres, pero conozco su forma de trabajar y sé que encaja a la perfección contigo. Tú solo relájate, hazlo lo mejor que sepas y disfruta de tu momento.
  -¿En serio estás tan seguro de esto?
  -Totalmente seguro.
Representante y representada se abrazan fuerte para hacer frente a la prueba con más energía si cabe y justo en ese momento entra alguien por la puerta del fondo. Berta se gira nerviosa para ver quién es y por la sonrisa con la que mira al señor Mateo parece ser que se conocen. Es un hombre delgado y que transmite elegancia con cada uno de sus movimientos. Lleva un pantalón largo de lino marrón clarito, una camisa blanca y un chaleco marrón más oscuro que los pantalones. Los zapatos son unos mocasines oscuros a juego con sus pequeñas gafas, las cuales lleva en la mano. Tiene la cabeza rapada a causa de la temprana alopecia que sufre, pero se nota que se cuida mucho y por eso tiene la piel tan perfecta.
  -¡Alejandro, cuánto tiempo! -Los dos se abrazan a modo de saludo. -¡Yo pensaba ya que no te dedicabas a esto y cuando me dijeron que tenías a alguien casi no me lo creo! Tu eres la chica, ¿No? -Dice refiriéndose a Berta.
  -Sí, soy yo -Contesta intentando ser lo más simpática y natural posible. No quiere que nadie note que está nerviosa, pero su corazón va a mil; y se acelera mucho más cuando el recién llegado la examina echándole un vistazo de arriba a abajo.
  -Yo soy Toni. Encantado. -Se saludan con dos besos. -Eres aún más guapa de lo que me habían dicho y eso es un punto a tu favor.
  -Muchas gracias. -Dice Berta intentando no sonrojarse, lo cual le resulta imposible.
  -Muy bien. ¿Pasamos al plató y empezamos la prueba? No creo que a los demás les guste esperar.
  -Sí, claro.-Contesta el señor Mateo indicándole a Berta que pase delante suya. A la joven le tiembla ya todo el cuerpo y con los tacones que lleva le resulta mucho más difícil andar, pero hasta ahora ha sabido guardar la compostura y fingir normalidad. Cuando ha oído la palabra "plató" ha sentido cómo se le ha parado el corazón de golpe. ¿Van a hacer la prueba en el plató? Eso le impone mucho más. Va a estar rodeada de cámaras, de micros y de toda la gente que esté por allí trabajando, las cuales no deben ser pocos porque si al programa sólo le falta una copresentadora, quiere decir que no tardará mucho en estrenarse. Pasan por un estrecho pasillo formado con paredes de atrezzo, y cuando llegan al final de éste, están ya en plató. Berta se queda impresionada al verlo. Es bastante amplio y en el centro, justo delante de una pantalla enorme, hay una mesa rectangular con un diseño bastante moderno en blanco y tonos azules. Se podría decir que es de diseño futurista, a juego con las sillas transparentes que hay desperdigadas por todo el plató. A la derecha de la mesa, hay un sillón azul reforzado con barras metálicas que tiene pinta de ser muy cómodo y, si Berta no se equivoca, debe estar hecho para las visitas de los personajes que vayan acudiendo al programa.
A la izquierda, bastante más alejada de la mesa centra, hay otra mesa, más finita y alargada que la anterior y con forma de letra "C". La base está formada por una gran cantidad de barras metálicas como las del sillón de los invitados, colocadas todas como si estuvieran desordenadas y la parte superior está hecha con cristal blanco con luces por dentro para que den color a la escena. La iluminación de todo el plató es genial. A Berta no le cabe ninguna duda que el presupuesto para la realización de este programa no es para nada reducido.
  -¿Estás lista?
Berta deja sus pensamientos a un lado y cuando se da cuenta, ya están todas las cámaras enfocándola, el cúe encendido con las letras bajando y un coro de personas colocadas de pie alrededor de la escena.
  -Sí, claro. -Miente. Casi no puede respirar y parece que el corazón se le fuera a salir del pecho.
  -Muy bien, siéntate en la mesa y empezamos. En el cúe tienes el guión del programa piloto. Nos saltamos la parte en la que tu compañero te presenta y comenzamos directamente con lo tuyo. ¿Correcto?
  -Sí. -Berta le da el bolso a su representante, que le desea suerte moviendo sólo los labios, sin pronunciar la palabra y, con ese deseo, camina hacia la mesa y se sienta en una de las sillas transparentes que estaban antes cada una por su lado y ahora han colocado en su sitio.
  -Te deseo mucha suerte y entramos en tres... dos... uno... ¡Dentro!

domingo, 16 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 39

TREINTA Y NUEVE
  En la pared del cuarto de baño de Berta, el espejo estás totalmente empañado por el vapor del agua. La joven sale de la ducha envuelta en su toalla y mira el móvil que dejó en el lavabo al entrar. Tiene un mensaje del señor Mateo, lo abre y lo lee. "Tengo el texto del casting. Paso a recogerte a las 10:30". Lo vuelve a leer para asegurarse de la hora a la que tiene que estar lista y respira hondo. Parece ser que su representante ha conseguido el guión que tendrá que leer en la prueba y eso le tranquiliza un poco; al menos podrá practicar. Mira la hora en el teléfono y son ya las 8:52. Se seca rápido y se pone la ropa interior. Abre el segundo cajón del mueble que tiene a la izquierda y saca un peine, un cepillo y el secador del pelo. Se desenreda la melena,  enchufa el secador y lo enciende sin perder ni un segundo del tiempo que le queda. Comienza a secarse el pelo y mientras piensa en el intenso día que tiene por delante. Cuando salga de la prueba irá a tomarse unas cañas con África y luego vendrán las dos a casa de Berta para recoger sus cosas y llevarlas a las de África. Esta era la última noche que dormía en su cama de siempre, en su habitación. Sus padres ayudarán en todo lo que puedan con la mudanza, pero no les parece demasiado bien esta emancipación tan precipitada. Además, Berta es hija única y su marcha supondrá un cambio radical en esa casa. cada vez que lo piensa, la joven se siente culpable, pero al fin y al cabo tiene ya veinticinco años y tarde o temprano tenía que volar del nido y, aunque a ella también le asusta el cambio, es algo que debe hacer. Siente que es el momento de tomar decisiones, de valerse por sí misma y esta es la única forma de conseguirlo.
Con el ruido del aire que expulsa el secador no oye sonar el móvil, pero ve que se enciende la pantalla y lo coge para abrir el whatsapp que le acaba de llegar. "Mucha suerte para la prueba, aunque un pivonazo como tú no la necesita, ¿Verdad?. Voy a ir recogiendo la casa que esta tarde se muda una nueva compañera de piso. Llámame cuando salgas". África siempre consigue hacerle sonreír, a pesar de ahora mismo tenga un nudo en la garganta y el estómago totalmente encogido. Está muy nerviosa, más de lo normal, pero tiene muchas esperanzas puestas en la prueba de hoy.
Con la ayuda del cepillo y el secador se marca bien las ondas del pelo, haciéndose casi tirabuzones y con las planchas se alisa el flequillo. Parece que acaba de salir de la peluquería y se lo debe a su madre, que es la que le enseñó sus truquillos de belleza cuando tenía trece años. Abre la puerta del armario que hay junto al espejo y saca su maletín repleto de maquillaje. Lo coloca en el lavabo y lo abre. Saca el pequeño bote de crema pre-base y se masajea la cara con ella. Encima de pone la base y comienza a pintarse lo ojos. Escoge una sombra poco llamativa, de un tono marrón muy clarito en el párpado móvil y beige un poco más arriba. Se pinta con cuidado la línea del ojo por arriba usando el eye-line y le da volumen a sus pestañas con el rímel negro. Le da un poco de color a su rostro con un par de brochazos de colorete y deja la barra de labios fuera para pintárselos luego. Cierra el maletín y lo coloca de nuevo en sus sitio. Sale del cuarto de baño y se marcha a su habitación para vestirse. Primero los pantalones y luego la camiseta y después el cinturón. Siempre lo hace en ese orden y hasta ahora no le ha ido demasiado mal en la vida, así que este no es el momento más adecuado para cambiar su ritual. Se sube a los tacones apoyándose un poco en la puerta del armario. Ahora lo ve todo desde una perspectiva más alta, demasiado en comparación a lo que ella está acostumbrada, pero eso no quiera decir que no sepa moverse perfectamente con esos zapatos.
Son ya las 10:20, así que se pone la chaqueta, le da un poco más de volumen a su pelo con las manos, coge el bolso con todo lo necesario, se pone el brillo en los labios que dejó antes fuera y se lo guarda en el bolsillo del pantalón para tenerlo a mano más adelante.
Antes de irse, se despide de su madre que está ahora desayunando.
  -Mamá, me voy al casting. Cuando salga te llamo
A su madre se le iluminan los ojos al ver a su hija con tanta ilusión.
  -Estás preciosa, cariño. Ven y dame un beso.
Berta se acerca y la mujer le rodea con los brazos, le aprieta fuerte contra ella y le da un beso tras otro en la mejilla a su hija.
  -Mamá, para que no quiero llegar tarde.
Con un poco de insistencia, consigue separarse de ella y cuando lo hace, se acerca y es ella ahora la que le le regala un cariñoso beso en la la sien.
  -Te quiero, mamá.
  -Y yo a ti, mi niña. -Le coge las manos a Berta, las junta y las aprieta bien fuerte. -Mucha suerte.
Su hija le sonríe a modo de respuesta y cuando le suelta las manos, se marcha. Le ha dado mucha pena no poder ver a su padre, pero a estas horas ya está trabajando desde hace bastante tiempo, así que le manda un mensaje y le dice que ya va de camino.
La puerta del ascensor se abre ante la joven, que respira hondo y se mete dentro. Que sea lo que tenga que ser.

jueves, 13 de junio de 2013

Con "B" de BERTA. Cap. 38

TREINTA Y OCHO
  Paredes a oscuras. Suena la alarma del móvil que tiene enchufado en la pared de la habitación, justo al lado del colchón que ya ha sido trasladado desde el salón. Lucas se sienta sobre el mismo, silencia el aparato y se lleva las manos a la cara mientras bosteza. No ha pegado ojo en toda la noche pensando en lo que pasó ayer, pero sobre todo, pensando en lo que va a pasar hoy. Se suponía que sus tres amigos habían viajado hasta Madrid para darle ánimos en su primer día de trabajo como miembro de la banda de un programa de televisión y al final resulta que dos de ellos se fueron mucho antes de tiempo. El primero fue Marcos, que no soportó que nadie le dijera lo que tenía que hacer e impuso sus normas rompiendo la unión que había entre los cuatro marchándose sin ni siquiera despedirse. Y luego fue Elías el que se marchó cuando él mismo le recriminó que no hubiera tenido paciencia con Marcos. Al menos le sigue quedando Pablo, que está ahora mismo dormido en el otro lado de la cama, si es que se le puede llamar cama a un colchón puesto en el suelo. Se promete a sí mismo que después de los ensayos de hoy, si sale temprano se pasará por el Ikea para comprar muebles baratos y decorar la casa con todo lo necesario para vivir allí el tiempo que dure su nueva aventura.
Se levanta de la cama y se pone una camiseta para no desayunar sólo en boxers. Se lava la cara en el cuarto de baño y agradece haber arreglado ya el grifo de la cocina cuando se dispone a hacer el café. Pone pan de molde a tostar y mientras se prepara un zumo de naranja que se toma en cuanto está listo. Busca por la cocina algún condimento que untar en las tostadas, pero sólo encuentra un bote de mermelada que compró el mismo día que llegó a Madrid, así que se tendrá que conformar con eso. El café ya está listo y lo echa en dos tazas que coloca sobre una bandeja, junto al plato con las tostadas, la mermelada y el azúcar. Lo coge todo y lo lleva a la habitación, sujeta la bandeja con una mano mientras sube la persiana con la otra y hace que Pablo se despierte a causa de la luz que le da en los ojos.
  -Buenos días, princesita. -Dice Lucas riéndose. -Te he traído el desayuno.
  -Muchas gracias. -Pablo se sienta en la cama y estira los brazos para que su amigo le pase la bandeja y pueda sentarse él también.
  -Pero no te acostumbres, que esto lo hago porque eres mi invitado.
Los dos se quedan en silencio, seguramente pensando en lo mismo, pero es Pablo quien decide ser el que lo diga.
  -Todo va a salir bien, ya lo verás. -Lucas sonríe y le pega un bocado a su tostada justo después de haberla untado de mermelada de fresa.
  -Me va a resultar muy difícil vivir aquí, sin vosotros.
  -Lucas, a mí me vas a tener siempre que me necesites. Sólo tienes que llamarme y me compraré el primer billete de tren que me traiga hasta aquí. Tardaré unas horitas en llegar, pero te prometo que estaré contigo.
  -Quédate. -Los ojos de Lucas se empañan y Pablo no sabe qué decir. -Quédate, tío, por favor. Aunque sea un mes para que me dé tiempo a acostumbrarme.
Su amigo le abraza para que no se derrumbe, para que sepa que si se cae, él le levanta y le contesta. -Claro que sí. Te ayudaré con todo esto -Dice mirando las paredes de la habitación a medio pintar. - Y con todo lo que necesites. Y si quieres que te acompañe hoy a trabajar... sólo tienes que decírmelo.
  -Muchas gracias pero... tú hoy tienes otro tema pendiente. ¿O te crees que te vas a librar porque ayer Marcos fuera a ver a Vero antes de irse?
Ambos sonríen pensando en la mala suerte que tuvo Pablo, con lo decidido que iba a abrirle su corazón y se encontró con ese panorama.
  -Bueno, está bien, pero llevo el móvil encima por si quieres algo.
  -Siiiiii, mami. -Contesta Lucas poniendo voz de niño.
  -Las relaciones se estropean cuando empiezas a ver a tu pareja como a una madre. -Dice fingiendo preocupación.
  -Tú siempre serás mi princesita, ya te lo dije antes jajajajaja. Anda, vamos a ducharnos que no quiero llegar tarde el primer día.
  -Sí, pero primero uno y luego otro, que esta conversación está llegando ya a unos niveles extraños jajajajaa
  -Yo primero que no quiero llegar tarde. -Grita Lucas mientras sale corriendo y se encierra en el cuarto de baño.
 

Apaga el despertador, se gira y vuelve a cerrar los ojos. Se está tan bien en la cama... ¿Para qué pondría la alarma tan temprano? ¡¡¡¡PARA EL CASTING!!!! Berta se levanta de un salto, se pone las zapatillas y va corriendo al baño para lavarse la cara. Una vez está totalmente despierta, se dirige a la cocina y pone a calentar un bol de leche en el microondas mientras saca una caja de cereales con trocitos de fruta. Un minuto más tarde, saca el bol, lo coloca sobre la mesa y se sienta en una de las sillas tras coger la cuchara del cajón de los cubiertos. Desayuna tranquila porque aún es temprano. Menos mal que no se ha vuelto a quedar dormida. Cuando no tiene ya más hambre, cierra la caja de los cereales, se bebe la leche que queda y pone el bol en el fregadero. Vuelve a su habitación y abre las puertas del armario de par en par mientras intenta recordar cuál fue el último modelito que le aconsejó su amiga la tarde anterior.
A ver...primero unos pantalones vaqueros pitillo para no parecer muy seria; por encima, una camiseta color salmón de manga corta color salmón, que se lleva mucho este verano; y para darle un toque de profesionalidad, una chaqueta color cámel; y por último, un cinturón del mismo color que la chaqueta y un collar con un poco de pedrería marrón para darle un toque más vivo a la camiseta. Lo coloca todo sobre la cama y abre ahora la puerta del zapatero que tiene junto al armario y escoge unos tacones color cámel con plataforma y tacón de unos nueve centímetros. Los coloca en el suelo, junto a la cama, y coge un conjunto de ropa interior para ducharse antes de hacer la prueba. Y ya de paso, relajar un poco los músculos con agua caliente porque esta mañana se ha levantado más tensa que nunca.

Con "B" de BERTA. Cap. 37

TREINTA Y SIETE
  Ya es de noche en Madrid y las paredes de la habitación de Berta se iluminan con la pequeña lámpara de la mesita de noche. Sentada en la cama y tapada hasta la cintura, se despide de África por whatsapp, con la que lleva hablando ya casi una hora. Hasta parece que a su amiga le ha hecho más ilusión lo de la prueba de mañana que a ella misma, pero Berta sabe perfectamente que lo que en realidad ocurre es que utiliza esa noticia para no pensar en lo de ese tal Miguel. Tiene curiosidad por saber cómo es; pero no sólo físicamente, sino también como persona. Quiere saber cómo ha conseguido que suene ese "clic" en la cabeza de su amiga; o mejor dicho, en el corazón. África ha tenido mucha suerte de encontrar a alguien que le haga sentir así, tan viva y tan muerta de miedo al mismo tiempo.
En un instante, la vibración del móvil le distrae de sus pensamientos y termina de despedirse de la loca de su amiga. Deja el teléfono en la mesilla y pone el despertador a las ocho de la mañana. La prueba es a las once y media, pero prefiere ir con tiempo de sobra por si le surge algún imprevisto. Apaga la luz y se recuesta dejando caer la cabeza en la almohada. Esa misma tarde, después de enterarse de lo del misterioso jefe de su amiga, las dos estuvieron hablando sobre la reaparición del señor Mateo, la propuesta de ser su representante de nuevo, pero sobre todo, de lo que pasaría mañana en la prueba. Sería un momento crucial para el futuro de Berta y dependiendo de cómo se desenvolviera ante los directores de casting, volvería a trabajar en la pequeña pantalla o no. En este caso era todo o nada, blanco o negro, nada de grises con los que conformarse. También habían estado hablando sobre qué ropa ponerse, aunque en ese tema la que más había hablado era África, que para eso era ella la que trabajaba en una revista de moda y, gracias a sus consejos, Berta había quedado bastante satisfecha con el vestuario, lo cual le tranquilizaba bastante. Tampoco iba a pasarse mucho con el maquillaje porque quería dar una imagen natural. Una simple sombra de ojos, un poco de colorete y brillo en los labios le darían el aspecto que ella quería. En el momento de hacer la prueba, deberá parecer simpática, pero sólo lo justo para no parecer una rubia tonta de las que salen en televisión y tantas críticas reciben.
La joven no para de moverse de un lado a otra, nerviosa, pensando en todo lo que puede ocurrir en menos de doce horas. Lo único que tiene claro es que cuando salga de la prueba, su amiga la estará esperando para irse a tomar unas cañas, como era ya costumbre. Y entre pensamiento y nervios, Berta consigue cerrar los ojos y descansar para dar lo mejor de sí al día siguiente.