martes, 9 de octubre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap 12

DOCE.
  Ya ha oscurecido y las cuatro paredes del local "La Luna" cobijan a Acclaim de la fría noche. No han parado de reír, charlar y pegarse algún que otro puñetazo en el brazo como muestra de amistad desde que llegaron, pero no molestan a nadie porque en "La Luna" siempre hay buen ambiente, buena música y a nadie le importa ver a otros pasándoselo bien.
Al otro lado de la barra, Verónica, la camarera, no le quita el ojo a ese grupo. Cada uno a su manera pero todos del mismo estilo.
  -¡Vero, cuatro cañas para la mesa 7! -Tras comunicarle el nuevo pedido, el otro camarero que está sirviendo en el local esta noche coge la bandeja que hay sobre la barra repleta de cervezas que ha colocado antes su compañera y se la lleva al callejón que hay a la salida, donde su jefe colocó unas cuantas mesas altas no hace mucho.
  -¡Oído, cocina! ¡Yo me encargo! -No está segura de que David la haya escuchado, pero ya está fuera y repetírselo sería perder el tiempo.
Coge cuatro jarras de debajo de la barra y las llena una a una colocándolas bajo el grifo de cerveza con sumo cuidado. No quiere que le pase lo mismo que el primer día de trabajo cuando desperdició casi medio barril llenando los vasos de espuma. Únicamente de espuma. Por suerte, ya lleva más de un año ejerciendo de camarera y sabe perfectamente como tirar una caña, además de cuál es el número de cada mesa y, no en vano, ha decidido ser ella la que atienda a la mesa 7
  -Cuatro cervecitas para los nuevos clientes. Aquí las tenéis, pero como sigáis con este ritmo os vamos a tener que sacar a rastras del bar y la factura va a ser kilométrica. -La sonrisa es su mayor virtud y por ello no para de mostrarla en ningún momento.
  -Por la pasta no te preocupes, que aquí nuestro amigo se va a forrar de dinero en un abrir y cerrar de ojos. -Dice Marcos mientras apoya su mano sobre el hombro de Lucas.
  -¿Qué dices, tío? Yo no pienso pagar todo esto. Además, que solo formo parte de una banda. No me voy a hacer de oro por eso.
  -Una banda que toca en televisión. Esa es la clave, amigo mío.
  -¿Vas a salir en la tele? ¿Cuándo? -Pregunta Vero intrigada. -Me gustaría verte, que ahora tengo curiosidad por saber cómo tocas.
  -No voy a salir en la tele. Bueno, si, pero es diferente. Me han contratado para un nuevo programa y yo toco con la banda que han contratado para marcar el ritmo y darle vidilla al asunto, pero si me enfocan tres segundos en algún programa que otro, puedo darme ya por satisfecho.
  -Venga Lucas. Esto va a ser solo el principio. Tú te vas a hacer famoso en ese programa y luego vas a hacernos famosos a nosotros.
  -¿A vosotros? -La chica no entiende nada y no quiere parecer cotilla, pero se muere de curiosidad por saber qué pasa por la cabeza de esos cuatro chicos. Sobre todo del que más destaca. El que tiene los brazos tatuados, el pelo negro rizado y un piercing en el labio y, es justo él quien disipa sus dudad.
  -A Acclaim. Quédate bien con el nombre porque va a ser la palabra más sonada dentro de unos meses.
  Elías da por hecho que la camarera no se ha enterado de nada y se lo explica para que quite esa cara de extrañeza y vuelva a deleitarlos con su magnífica sonrisa.
  -Verás, nosotros venimos de Galicia. Allí teníamos un grupo que, como ya habrás deducido, se llamaba Acclaim. Para ser sinceros, tampoco es que tuviéramos allí mucho público, pero poco a poco nos íbamos dando a conocer.
  -Efectivamente. -Interrumpe Marcos. - Hasta que el melenas se presentó a una prueba para salir en la tele, lo cogieron y tuvimos que disolver el grupo para que pudiera grabar aquí, en Madrid. Y ahora le estamos haciendo una visitilla.
  -¡Eh! ¡A esa prueba nos presentamos todos! Lo que pasa es que solo me cogieron a mí.
  -Sea como sea, nos hemos sacrificado por ti, así que, para compensarnos, nos vas a facilitar el salto a la fama.
  -A ver, a ver. Esperad, que yo me entienda. -Vero sigue un poco confusa, pero más o menos va pillando la historia. -Vosotros formáis un grupo, os presentáis a un casting y solo lo cogen a él, así que se viene a Madrid a trabajar en la tele y vosotros pretendéis que él os haga famosos. ¿Me equivoco?
  -Ni en una coma. -Contesta Lucas con resignación. El joven ya tiene asumido que sus amigos le van a exigir mucho. Y más aún, Marcos, que aunque es su mejor amigo desde la infancia, siempre intenta exprimirlo al máximo.
  -Pues, desde mi humilde punto de vista, -Contesta la camarera. -tenéis más cara que espalda. Si queréis daros a conocer, venid a vivir a Madrid como ha hecho él, buscaos un trabajo e id ahorrando. Tocad en bares, en la calle, en el metro. Cualquier sitio es bueno mientras os escuchen y, si de verdad valéis para esto,  el destino os dará una oportunidad.
  Los cuatro se quedan callados. Esa chica tiene razón. Para conseguir algo, no solo basta con desearlo, también hay que currárselo cada día.
  -Y podéis empezar tocando aquí. -De nuevo, regala una sonrisa. Sabe que nadie puede resistirse a ellas. - ¿Tenéis instrumentos?
  -Si... bueno... están justo aquí arriba, en mi casa. Pero no sé. Me parece muy precipitado.
  -Venga, no seáis cobardes. A nosotros nos ha fallado el grupo que venía a tocar los jueves y vosotros buscáis promocionaros. Todos salimos ganando. Esta vez no puedo pagaros porque no está hablado con el jefe, pero si le gustáis, podría haceros contrato y tocar más veces. Además, si aceptáis mi oferta, a todas las rondas que lleváis hoy, invita la casa, aunque por ello vaya a rodar mi cabeza.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Querido diario. 27-09-2012

Querido diario, el Otoño ya está aquí. Es hora de guardar todas aquellas prendas confeccionadas con minúsculos pedazos de tela y sacar aquellas cajas que esconden kilos y kilos de lana. Los colores vivos como el rosa o el celeste se echan a un lado y dejan paso colores más apagados como el naranja o el corinto, lo cual no significa que nuestras vidas dejen de ser alegres.
A mi, personalmente, me encante esta estación. Largos días de lluvia nos acompañarán durante una buena temporada. Podremos ver los cristales empapados y a la gente corriendo de un lado a otro sosteniendo un paraguas o sin él, mientras escuchamos el sonido del agua cayendo y nos sentimos protegidos bajo nuestro techo, ese que nos proporciona seguridad aunque no nos demos cuenta.
Los atardeceres serán maravillosos, llenos de romanticismo, con árboles que dejan caer sus hojas y se van quedando poco a poco desnudos por varios meses.
Si, en este momento, viniera alguien de otro planeta y se parara a observar el paisaje sin saber que más adelante llegará la primavera y cubrirá todo de un color tan intenso como es el verde, adornado de todo tipo de flores y frutos, pensaría que todo está muerto.
Todos tenemos épocas en las que nos quedamos desnudos. Si hemos perdido un familiar, un amigo, si se produce un cambio inesperado que trastoca nuestra rutina... En esos momentos hay que pensar en la naturaleza y, al igual que un árbol reverdece, nosotros también saldremos adelante.
Al fin y al cabo, el sol sale todos los días.


martes, 25 de septiembre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 11

ONCE
  Paredes a medio pintar. El sol entra por la única ventana de la habitación mientras una gota de sudor cae por la frente de Lucas. Por mucho que le guste todo lo relacionado con la pintura, la carpintería, la fontanería y todo lo que tenga que ver con arreglos hogareños, hoy ya no puede más. No ha parado en todo el día, pero aún así, todavía le quedan bastantes cosas por hacer. Cuando vio las fotos del piso por internet, supo al instante que tendría que dedicarle unas cuantas horas para que estuviera como nueva, así que ahora no tendría sentido echarse atrás.
Continua pintando pero ya tiene la espalda echa polvo y, sin ni siquiera pensarlo, se tumba en el colchón que hay colocado de cualquier manera en el salón, aún sin quitar el plástico que lo cubre. Está muy cansado y poco a poco se le van cerrando los ojos, pero cuando está a punto de dejarse llevar por los deseos de Morfeo, el desagradable sonido del timbre suena repetidas veces. ¿Quién será? Acaba de llegar a Madrid y aún no conoce a nadie. Lo más probable es que sea su casero, pero ha hablado con él por teléfono hace tan solo un par de horas y no le comentó que fuera a pasarse hoy por allí.
El timbre continua sonando y Lucas se levanta a toda prisa para poder abrir la puerta cuanto antes y poder dejar así de escuchar ese molesto ruido, pero cuando se encuentra a tan solo dos pasos de la puerta, el aparato deja de sonar. Aun así, Lucas abre la puerta y se encuentra a sus tres amigos al otro lado, uno de ellos presionando el timbre mientras dice:
  -Mierda, me lo he cargado...
  Lucas le aparta la mano rápidamente e intenta hacerlo sonar él, pero no hay manera. Efectivamente, se lo ha cargado.
  -¿Eso es lo único que nos dices después de tanto tiempo sin vernos? Ven aquí y danos un abrazo, capullo.
  Los invitados estrujan con sus brazos a Lucas, que se escapa como puede de tanto trozo de carne tatuado y protesta.
  -¡No llevo ni una semana fuera! ¿Tan imprescindible soy? No podéis estar sin mí, jajajajaja. ¿Y ahora, quién me paga esto? -Señala el timbre con la mano izquierda como si de una azafata de concurso de televisión mostrando el premio se tratara.- Como se entere mi casero, me mata.
  -Déjate de tonterías que tú esto lo arreglas en media hora.
  -O incluso menos- Ahora toma la palabra el más bajito, que no había abierto la boca hasta ese momento.
  -Pero no solo hemos venido a cargarnos tu timbre- Dice el más corpulento mientras echa a Lucas hacia un lado y entra en la casa como si fuera suya- Vaya mierda te has alquilado. Está que da asco.
  -Por eso la he alquilado -Se defiende Lucas- El dueño me ha dicho que es mía por 150 euros al mes si le arreglo todos los desperfectos y la mantengo en condiciones.
  -¡Qué chollazo! -Vuelve a hablar el bajito y se coloca bien las gafas para poder observar más a fondo la nueva casa de su amigo.
  -¿Y qué es lo que hacéis aquí en Madrid? A parte de destrozar timbres, claro.
  -¿Qué vamos a hacer? Hemos venido a verte y, de paso, a gorronearte un poco. No conocemos a mucha gente que tenga un piso en la capital.
  -Deberíais haber avisado. Yo ahora estoy muy liado y no tengo tiempo casi de nada. Los ensayos empiezan este mismo lunes y quiero adelantar lo máximo posible en la casa porque sé que luego será imposible.
  -Podemos ayudarte -Dice el tercero del grupo, que por fin se decide a quitarse el gorro de lana que llevaba puesto desde que entró a pesar de estar en pleno verano.
  -¿Qué dices? Hemos venido a salir de fiesta, no a trabajar. Para eso me quedo en mi casa.
  -Pues yo estoy de acuerdo con Elías. Mientras estemos juntos, ¿Qué importa lo que hagamos?
  -¡Gracias, enano!
  -¡Eh! ¡Que tengo un nombre!
  -Jajajajaja, me encanta picarte, Pablito. Vamos a tomar algo, anda, que aquí al lado hay un bar muy barato y ya luego pienso qué voy a hacer con vosotros tres.
  Y Elías vuelve a colocarse el gorro antes de salir por la puerta.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Querido diario. 17-09-2012

Querido diario, dicen que hay días que es mejor no levantarse y eso exactamente es lo que me ha pasado a mí. He tenido que madrugar para ir a la revisión de un examen, pero al llegar a la estación del tren he podido comprobar que había huelga y que el horario de salida de trenes se había reducido bastante.
Tras una hora de espera en la estación con la única distracción de mi Ipod, ha llegado un tren y, tres cuartos de hora más tarde, me encontraba al fin en Jerez.
El camino hasta la universidad sigue siendo igual de aburrido y monótono que la última vez que pasé por allí, pero parece ser que me voy a tener que acostumbrar a ello porque aún me quedan bastantes años recorriéndolo día tras día.
Llegué al despacho 2.02, donde se encontraba la profesora de Estructura de la Publicidad y las RRPP, dispuesta a enseñarme mi examen amablemente, pero no tan dispuesta a razonar que un 4,75 y unas prácticas bien hechas y entregadas son un aprobado de toda la vida de Dios.
Salí cabizbaja de aquel despacho, pero aún tenía la esperanza de que la cosa fuera mejor con la asignatura de Historia Económica y Social. Llamadme ilusa porque el destino me dejó bastante claro que, aunque el examen esté aprobado, la asignatura estará suspensa aunque el mismísimo Papa venga a decir lo contrario. Al llegar al despacho de la profesora de Historia, vi un papel en la puerta en el que anunciaba que la revisión se aplazaría hasta esa misma tarde. He de comprender que veo visiones porque, al llegar a mi casa y preguntarle a la susodicha por ese cambio de hora, me contestó que no existía tal cambio y que las revisiones ya habían finalizado. Ahora pido un aplauso para aquel supuesto ángel de la guarda que debería estar cuidándome y, por lo visto, está de cañas con algún amigo.
Me gustaría puntualizar que, al llegar a la estación para volver a Cádiz, tuve que volver a esperar otra hora, tiempo que dediqué a lamentarme por todo aquello que me rodeaba.
Ha sido una de las peores mañanas de mi vida pero, al ver llegar a mi madre del trabajo, ha cambiado mi forma de ver las cosas. ¿Por qué estar triste si voy a tener la oportunidad de recuperar aquellas asignaturas que han podido conmigo? Nos gusta lamentarnos por lo mal que nos va todo, pero no nos damos cuenta de la suerte que tenemos y yo hoy me he parado en seco un momento. Le he dado al botón de Stop y me he parado a analizar mi vida: Tengo un hermano que vale millones y unos padres que se preocupan por mí en cada momento. Mis amigas me respaldan en cada decisión que tomo y están dispuestas a ayudar en todo momento. Sinceramente, no tengo motivos para estar triste porque tengo todo lo que necesito. Hoy no ha sido un buen día, pero mañana empieza uno nuevo. Nuevas oportunidades esperando que nos demos cuanta de que están ahí, de que están hechas para nosotros.
A veces la vida nos habla en susurros. Si no podemos escuchar, nos habla más alto. Si aún no podemos o sabemos entender o no queremos escuchar, nos sigue hablando más y más alto hasta que nos da un grito. Ese grito es el dolor, la enfermedad o el accidente. La vida no es lo que sucede cuando todos tus planes se cumplen ni lo que pasará cuando tengas eso que tanto deseas. La vida es lo que está pasando este peciso instante.
Y para concluir, me gustaría felicitar a mis papis, que hoy, o mejor dicho, ayer, porque ya han pasado las doce, cumplieron 24 años de casados. Felicidades por el esfuerzo que supone y enhorabuena por tener a alguien con quien compartir la felicidad día a día.
Os quiero y os agradezco todo cuanto hacéis. Incluso cuando os equivocáis porque eso significa que sois personas. Personas muy especiales para mí.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 10

DIEZ
  Las paredes de los edificios que tiene a los lados van quedándose atrás a una velocidad de 40 km/hora. Con las manos en el volante, Berta presta atención al tráfico o, al menos, intenta hacerlo. No se quita de la cabeza lo que le ha propuesto su amiga. ¿Irse a vivir juntas? ¡Es una locura! No es que no le haga ilusión. Desde pequeñas fantaseaban con vivir juntas en una gran mansión llena de juguetes y con una cocinera que tuviera siempre pastelitos recién hechos y se los llevaran a sus habitaciones, donde nadie podría decirles que en la cama no se come.
A medida que iban creciendo, la casa iba evolucionando. Cuando tenía diecisiete años, ambas querían un piso pequeño par ano tener que limpiar más. En ese sentido eran más realistas que de pequeñas, pero no dejaban de fantasear con sus gustos y pasiones. Berta tendría en su habitación un vestidor para ella sola y una cómoda llena de maquillaje y esmaltes de todo tipo de colores. Además, las paredes estarían llenas de fotos de sus amigas, ya que en su verdadera casa, su madre no le permitía ensuciar la pared de ninguna de las maneras.
Por otro lado, África siempre soñó con una habitación azul verdoso, como el color del mar, y en ella pintaría grandes burbujas como si se encontrara en el fondo del océano. Una estantería estaría reservada completamente para las revistas de moda con las que no solo aprendía a combinar complementos, sino que también descubría nuevos enfoques y planos que más tarde pondría en práctica con su cámara de fotos. Al igual que su amiga tendría un vestidor, ella dedicaría su rincón personal de la casa a construir un estudio. Su propio estudio de fotografía. Y, sin tenía mucha suerte y todo le iba como ella quería, justo enfrente de su casa tendría un picadero en el que se alojaría su precioso caballo tordo.
Por desgracia, ambas tenían ya veinticinco años y era hora de poner los pies en el suelo.
Independizarse requiere mucha responsabilidad y, no es que ella no se viera capaz, pero le daba miedo. Irse a vivir con su amiga significaría que nunca más dormiría bajo el mismo techo de aquellos que le dieron la vida, que la vieron crecer y le dieron una educación. Nunca más se levantaría de la cama y vería a su padre tomándose el café en su taza roja, la que ella le regaló, mientra lee el periódico con cara resignación ante las noticias que se sucedían en él.
Comenzaría una nueva etapa en su vida. Una nueva etapa en la que su compañera sería África, su amiga desde siempre, desde que el mundo es mundo. O, al menos, desde que las dos tienen uso de razón. Sin duda, no estaría sola en esa nueva aventura. Ella le daría su apoyo siempre que lo necesitara y estaría a su lado los primeros días hasta que se acostumbrara a su nueva situación.
El semáforo se pone en rojo casi sin que Berta se dé cuenta y no le queda más remedio que pegar un frenazo. ¡Casi se lo salta! Menos mal que ha actuado a tiempo. Aprieta con fuerza el volante y se decide a dar el paso. Se va a ir a vivir con su amiga y no se arrepentirá de su decisión. Lo tiene clarísimo. Parece ser que, al fin y al cabo, el día no va a ser tan malo como pensaba. Es cierto que la prueba no le salió del todo bien. En realidad, no le salió nada bien. Pero una vez más, su amiga le ha demostrado que estará con ella siempre que lo necesite. Y, además, ha vuelto a ver al Señor Mateo o, como él quiere que lo llame, Alejandro.

Cuelga el móvil tras hablar con su madre y se siente culpable por no haber intentado darle un poco más de entusiasmo a su voz para que no notara que, esta vez, la negativa rotunda de los directores del casting le ha afectado tanto. Camina por la calle cabizbaja. No tiene ganas de nada. Solo quiere llegar a su casa y encerrarse en su cuarto esperando que pasen las horas y llegue la hora de dormir.
  -¿Berta? ¿Eres tú?
  La joven levanta la cabeza y, frente a ella, se encuentra a un señor de unos cincuenta años. La última vez que lo vio tenía más pelo y menos barriga, pero esa nariz picuda es inconfundible. ¡Sin duda alguna, es él!
  -¡Señor Mateo! ¡Qué alegría volver a verle!
  -Vamos chica, no me hables de usted, que han sido muchos los años que hemos pasado juntos. ¡Hay que ver lo que has crecido! ¡Estás hecha toda una mujer! Una mujer hermosa, todo hay que decirlo.
  Berta se sonroja y agacha la cabeza. Por mucho que se repita la situación, no se acostumbra a que los hombres le piropeen.
  -Está bien, Alejandro. Ya sabes que mi madre siempre se empeñaba en que te tratara de usted.
  -Lo recuerdo como si fuera ayer. Qué tiempo aquellos ¿Verdad? Tus padres firmaban los contratos y a ti te encantaba jugar a las actrices, como tú lo llamabas. Fue una gran época.
  -Y todo gracias a ti.
  -Bueno, todos pusimos de nuestra parte. ¿Tienes algún proyecto ahora?
  -Qué va... Hago todas las pruebas que puedo, pero no me suelen coger en ninguna y lo único que consigo son anuncios y poco más. Estuve unos meses en la radio, pero tuvieron que cerrar la emisora. En fin, que no he tenido mucha suerte.
  -¡Pero si tú estás hecha para trabajar en esto! ¿Cómo es posible?
  -A lo mejor es que, realmente, no valgo.
  -¿Sabes una cosa? En la vida todo sucede por algo y tu y yo nos hemos reencontrado hoy después de varios años. Representante y representada. Algo nos tiene preparado el destino.
  -Yo no creo en el destino
  -Nunca fuiste una ilusa... y veo que no has cambiado. Ahora tengo prisa, pero -Alejandro saca una pequeña agenda del bolsillo delantero de su chaqueta y pasa las páginas a gran velocidad- ¿Tienes un ratito libre el miércoles que viene para tomar un café con un viejo amigo?
  -Sí... creo que sí. De todas formas, no has cambiado tu número de móvil ¿No?
  -No, no. Ya sabes que yo no me acostumbro a las nuevas tecnologías y procuro cambiar lo mínimo posible. Jajajajaja.
  Ambos sonríen. Los reencuentros inesperados siempre producen alegría.
  -Está bien. Nos vemos el miércoles. Yo tampoco he cambiado mi número. Ya me avisarás de la hora y el lugar.
  -No lo dudes.
  -Hasta el miércoles. Me ha encantado verte.
  -A mí también, mi pequeña princesita.
  Se despiden con un beso en cada mejilla y cada uno camina hacia un lado, pero no pueden evitar mirar atrás cuando ya han andado unos tres pasos y, cómo no, vuelven a sonreír.

viernes, 31 de agosto de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 9

NUEVE
  Las paredes oscuras del local dan paso al aire libre de la calle. Las dos amigas salen por la puerta principal y se echan a un lado para no entorpecer el paso de la gente mientras se despiden.
  -Gracias por todo, África. Ya estoy mucho mejor. -Berta sonríe mientras lo dice y en sus ojos se palpa la sinceridad y el agradecimiento.
  -¡Así me gusta! ¡Y que no me entere yo de que te vuelves a poner así por una prueba! ¿Entendido? -La joven finge estar enfadada y cruza los brazos por debajo del pecho para darle más credibilidad a su actuación, pero, en cuanto termina de hablar, le regala una enorme sonrisa a su amiga y la rodea con sus brazos estrujándola hasta que la joven se queja.
  -¡Para! ¡Para! ¡Que no puedo respirar!
  -Siempre has sido una quejica. -África suelta a Berta, pero no deja de sonreirle. -Si no fuera porque me tienes a mí... Bueno, ahora que ya te he subido el ánimo, me tengo que ir. No tienes ni idea de la de cosas que tengo que hacer. Y encima me he dejado la Vespa en casa, así que tengo que ir andando a un montón de sitios.
  -Yo traigo el coche de mi padre. ¿Quieres que te lleve?
  -No, no te preocupes. Me vendrá bien andar, que desde que soy becaria me paso las mañanas enteras sentada en una silla y se me va a poner el culo blandengue.
  -¡Anda ya! -Berta mira a su amiga con cara de incredulidad. -Más quisieran muchas tener tu culo. Y yo me incluyo entre ellas.
  -¿Ves como eres una quejica? Tu culo está perfecto tal y como está. Ni se te ocurra cambiarlo ni una pizca.
  -Bueno, ¿Vas a querer que te lleve, o no? Que el coche lo tengo aquí al lado y no me cuesta nada acercarte a donde sea.
  -No. Tú tienes que ir ahora a tu casa y comunicarle a tu querida madre que ya eres mayor, el ciclo de la vida, tal y tal y que te independizas. Que el pájaro tiene que volar fuera del nido. ¡Eso nunca falla!
  -Bueno, tú no me presiones que yo necesito mi tiempo. Llámame un día de estos y charlamos.
  -Si viviéramos ya juntas, no tendría que llamarte. ¿Ves como son todo ventajas? -África vuelve a sonreír. Siempre que insiste en algo y sabe que se pone pesada, saca a relucir sus pequeños dientes blancos y sabe que así nadie le reprocha nada.
  -¿Qué voy a hacer contigo? ¡No vamos a aguantar juntas ni dos semanas, ya lo veras! Jajajajaja.
  Las dos se ríen, se abrazan, se besan y toman direcciones opuestas. Una se aleja rápidamente en su coche, pero la otra se desplaza a menor velocidad. Todavía tiene que ir a comprar el regalo para su chico y prepararle una gran cena para darle una sorpresa. Seguro que le encanta y a ella le encante que le encante. Tan solo hace un mes que empezaron a salir pero es como si se conocieran de toda la vida, aunque suene a tópico. Quizás debería habérselo comentado a Berta. Al fin y al cabo es su amiga y siempre se lo han contado todo. Ya sea lo bueno o lo malo... Pero esto es bueno, debería estar deseando contárselo y no le ha dicho ni nada
Cuando quiere darse cuenta, África está ya delante del estudio de fotografía, entra y saluda al joven que se encuentra tras el mostrador. Es bastante guapo. Justo del estilo que le gustaría a Berta: rubio, ojazos claros, barbita de dos o tres días y una trencita de cuero que le sale de los pelos de la nuca. Básicamente, aspecto desarreglado. Nunca entenderá cómo le pueden gustar los tíos así, con lo elegante que queda una corbata bien puesta, o incluso unos vaqueros y una camiseta aceptable. ¡No hace falta llevar las pintas de descuidado hasta tal extremo! En fin... para gustos, los colores. Algún día se lo presentará.
  -¡Hola Jorge!  ¿Qué tal?
  -¡África! ¡Por fin llegas! Ya pensé que no venías.
  -Ya... es que se tenía que resolver un asunto de importancia máxima.
  -Pues hueles a cerveza que da gusto -El chico sonríe mientras lo dice. No le molesta que haya llegado tarde, pero tiene curiosidad por saber qué locura le ha pasado esta vez. -¡A mí no me la clavas, que ya desde la universidad te pasabas las horas muertas en la cafetería!
  -Muertas no. Que a más de uno le dejé sin un euro con la tontería de las cartas. Y tu eras uno de ellos.
  Los dos ríen recordando tantos días que pasaron juntos como los grandes amigos que eran. Por desgracia, los dos tomaron caminos separados al acabar sus estudios y poco a poco se han ido distanciando. El día en el que África se lo encontró allí, en ese estudio, trabajando, no podía creérselo. Después de tanto tiempo se habían reencontrado y no dudó ni un segundo en encargarle a él eso tan especial que tenía entre manos.
  -Bueno, dejémonos de tonterías. ¿Tienes lo mío? -La joven mira a su alrededor fingiendo ser una mafiosa perseguida por la policía, se acerca al oído del chico y, casi en susurros, habla. -Vamos, lo necesito cuanto antes.
  -No te preocupes. Toni lo ha dejado todo atado y bien atado.
  -¿Quién es Toni?
  -El jefe de mi banda. ¿Qué pasa? ¿Solo tú puedes ser mafiosa?
  África no se queda indiferente y sin tener que pensarlo demasiado, sale airosa de la situación-
  -Dijimos que nada de jefes. ¡¡¡Solo tú podías saber de esto!!! -Y tras la sonrisa que se le escapa la joven, la tensión fingida se disipa.
  -Voy a buscarlo al almacén. Te va a encantar.
 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 8

OCHO
  Paredes negras con decoración amarilla en forma de rectángulos verticales para darle luz al local. Solo tiene dos ventanas que no son muy grandes, pero la falta de luz natural se suple con grandes focos en el techo. Las bajas mesitas blancas están rodeadas por pequeños taburetes amarillos con forma de cubo, aunque también se pueden encontrar pequeños taburetes negros con forma cilíndrica colocados en algunas mesas aleatoriamente.
La música invita a un ambiente tranquilo y moderno, lo cual no impide que en los dos pequeños sofás negros de piel que se encuentran pegados a una pared, haya una pareja de entre cuarenta o cuarenta y cinco años que se están tomando una tapa de jamón serrano, queso y colines, acompañada de un refresco para ella y una cerveza pera él. Ambos sonríen y conversan tranquilamente.
Al fondo del bar, sentadas en unos taburetes metálicos junto a la barra con forma semicircular, se oyen carcajadas. Dos chicas, dos amigas, que comparten risas, bromas y mucha complicidad.
Una de ellas tiene la melena castaña, lisa, un poco más largo que a la altura de los hombros y el flequillo hacia un lado. Sus grandes ojos marrones trasmiten alegría y sus labios carnosos pintados de color rosa han hecho que más de un hombre deseen probarlos. Tiene un cuerpo envidiable, propio de una joven de su edad, aunque su amiga tampoco puede quejarse. Rubia, con el pelo largo ondulado por debajo del pecho; ojos verdes bastante maquillados y una nariz chata y el flequillo recto que le dan un aspecto infantil a su rostro. No tiene tanto pecho como su amiga, pero sabe sacarle partido al resto de sus cualidades. El camarero se ha fijado en las dos desde que llegaron bar y no se ha separado de la barra ni un solo momento, ya sea con la excusa de limpiar vasos, llenar jarras o contar el dinero de la caja, que no debe ser mucho porque el local está bastante vacío.
  -¿Os pongo otra?
  -No, gracias.
  -A mí sí. -Berta mira a África con cara de asombro y su amiga le contesta con otra sonrisa. -Y a mi amiga también.
  -¿Entonces les pongo otras dos cervezas a estas dos preciosidades?
  -¡Sí, por favor! -Berta permanece callada y pone los ojos en blanco, dando por hecho que no va a poder convencer a su amiga. -Vamos a lo importante: ¿Cómo estás por lo de la prueba?
  Su rostro de niña se entristece rápidamente y fija la mirada en el suelo. -Bueno, eso no importa ahora. Ya se me pasará.
  -Tú no te preocupes, Berti, cariño, ya verás como te salen muchos más castings.
  En ese momento, vuelve el camarero con dos grandes jarras llenas de cerveza bastante frías. -¡A estas invita la casa!
  -¡Muchas gracias! -África se echa su melena castaña hacia atrás mientras le guiña un ojo al barman, que se da la vuelta avergonzado y se dispone a limpiar mesas.
  Berta mira extrañada a su compañera de barra.
  -¿¿¿Te gusta el camarero???
  -¡Qué va! Pero habrá que agradecérselo de alguna forma, ¿No?
  -¿Dándole falsas esperanzas?
  -No, dándole seguridad en sí mismo. Pero ese no es el tema. ¡Quiero verte sonreír! ¿Desde cuándo te pones así porque no te cojan en una prueba?
  -No es solo eso, África. Es que ya tengo casi veintiséis años y sigo igual que cuando tenía veinte: Presentándome a castings en los que me cogen de vez en cuando y trabajando en el súper de reponedora  intentando ahorrar para poder independizarme, pero está claro que con el sueldo que me pagan, eso es más que imposible.
  -¡Si el problema es que te quieres librar de tu mami, la solución es bien fácil! ¡Vente a vivir conmigo!
  -Estás loca Afri. No puedo hacer eso. Ya te he dicho que no tengo dinero.
  -¿Y quién te está pidiendo a ti dinero?
  -¡No voy a permitir que lo pagues tú todo! No me parecería justo.
  -Bueno, pues pagamos a medias los gastos de luz, agua, etcétera y listo. Para pagar eso si te llega, ¿No?
  -Sí, eso sí. ¿Pero qué pasa con el piso?
  -¡El piso lo pagan mis padres! ¿No ves que están forrados? ¿O te crees que con mi sueldo de becaria puedo pagarme un piso en pleno centro?
  -No sé, África. Déjame que me lo piense...
África finge estar enfadada y con un tono muy serio dice:
  -Me ofende que no quieras vivir con tu amiga del alma. Piensa en las noches de juerga que podemos pasar, fiestas en el piso, pelis con palomitas en el sofá tapadas con la mantita, el cuarto de baño lleno de botes de cremas y maquillaje... ¡¡Un verdadero piso de chicas!!
  -No es que no me apetezca. Es que lo veo muy precipitado.
  -¡Venga ya! Soy tu amiga de toda la vida, no te voy a secuestrar ni nada de eso. ¿Qué hay de malo en que vivamos juntas? Vente un mes de prueba y si no te gusta lo que ves, puedes volver a tu casa sin malos royos. Te prometo que no te voy a reprochar nada. Palabra de continente.
  -Afri, los continentes no hablan... Pero bueno, se lo comentaré a mis padres y ya veré lo que hago.
  -¡¡¡Siiiiii!!! ¡¡Yupi!! -África salta repetidas veces sobre su taburete hasta que, de repente, se frena en seco. -Un momento... no estás contenta. Te obligo a que estés contenta. ¡¡Sonríe!! ¡A partir de ahora vamos a ser inseparables!
  -No te emociones, aún no he dicho que sí.
  -¡¡Acabas de decirlo!!
  Y Berta vuelve a sonreír, aunque no está muy segura de que vivir juntas sea la decisión más correcta.