viernes, 12 de octubre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 14

CATORCE
  Las paredes color vainilla de la habitación de Berta están decoradas con fotografías de todos sus trabajos. Una de sus favoritas se la hizo cuando solo tenía cuatro años. Nunca olvidará lo nerviosa que estaba ese día y, a pesar de ello, tuvo que fingir que no lo estaba. Nada mas llegar  al estudio, una gran masa de peluqueros y estilistas se abalanzaban sobre ella sin darle si quiera los buenos días o preguntarle cómo estaba. Lo único importante era dejarla con el aspecto de una muñequita de porcelana y así lo hicieron. Tampoco olvida que su madre no se separaba de ella y eso, en cierta parte, la tranquilizaba. Entre peines y brochas de maquillaje, Berta estaba petrificada. No podía casi ni parpadear hasta que notó cómo su madre le cogía la mano. No le hizo falta ni mirarla para saber que era ella. Ese tacto tan suave era inconfundible y, a pesar de tener tan solo cuatro años, sabía que aquella persona que la apoyaba agarrándole esa pequeñita mano estaba muy orgullosa de ella. Los ojos de madre e hija se cruzaron en el espejo de arriba del tocador y fue en ese momento cuando Berta consiguió relajarse. Poco menos de una hora más tarde, la sesión de fotos había terminado y la pequeña muñequita se convertiría así en el mes de Junio de un famoso calendario. Ese fue su primer trabajo, aunque ella lo consideraba como un juego y, poco a poco, se fue acostumbrando a aquel mundo relacionado con la imagen, el glamour y la moda.
Junto a la fotografía del calendario, la joven tiene enmarcada una de las tarjetas del programa de radio en el que trabajó durante un tiempo; y así se van sucediendo numerosos recuerdos de su vida, como un cartel en el que posa con los "Caramelos Sweety" cuando tenía siete años; o la portada del catálogo de lencería que hizo cuando cumplió los diecinueve años. Este último nunca le gustó a su padre, pero en el fondo sabe que él siempre la apoyará en todo lo que decida hacer con su vida.
Tumbada en la cama, Berta sujeta una de las fotografías que acaba de descolgar de su museo personal. Es de su último trabajo, poco antes de licenciarse en periodismo. Todos sus compañeros del programa de televisión posan de forma divertida. Unos sacan la lengua, otros adoptan posturas raras y ella sonríe como nunca antes lo había hecho, aunque sus ojos la delatan y hacen ver que había llorado no hacía mucho. Berta era uno de los nuevos fichajes de la temporada y tenía que encargarse de buscar artículos en la Teletienda para llevarlos al programa y someterlos a prueba en su sección semanal, pero no llegaron a grabar ni tres meses cuando la productora decidió cancelar el show. El último día de programa, cuando ya se habían apagado los pilotos rojos de las cámaras, todo el equipo se fue de fiesta y se hicieron esa foto. Tras esa despedida, ha vuelto a hablar de vez en cuando con algunos de sus compañeros por Facebook, pero nunca los ha vuelto a ver. Lo único que le queda es esa foto y la firma de todos ellos en el reverso de la misma. Berta era la más pequeña de los colaboradores y, aunque trabajó con ellos muy poco tiempo, la trataban como si fuera una niña a la que proteger, le daban cariño, la mimaban y la trataban como nunca la habían tratado en ninguno de sus trabajos.
Años más tarde, las caras de esas personas vuelven a ver a su pequeña Berta llorar, aunque esta vez, su presencia solo está impregnada en un papel. No está triste, pero los echa de menos y la reaparición de Alejandro Mateo, su representante, le ha hecho recordar todo lo que tuvo y ha perdido. Aún así, no pierde la esperanza y sabe que algún día llegará su momento y podrá demostrar su valía.
Mientras tanto, ansía el momento en el que aquel viejo amigo, el que fue como un segundo padre, la llame para decirle la hora y el lugar en el que se verán el miércoles. Se muere de ganas por saber qué ha sido de él durante todo este tiempo, dónde ha estado viviendo, cómo está su mujer... Quiere saberlo todo y quiere que él lo sepa todo de ella.
Pensando en ese momento que pronto llegará, la joven se queda dormida, abrazada a la foto, tan hermosa como en el mes de Junio de ese calendario.

Con "B" de BERTA. Cap 13

TRECE
  Esa misma noche, las paredes que rodean a África son totalmente diferentes. Colores llamativos como el rosa fucsia o el verde lima llenan de color el apartamento de la joven, que corre de un lado a otro de la casa para no llegar tarde a su cita, aunque en realidad, no ha quedado a ninguna hora concreta. Realmente, no ha quedado con nadie.
La cena ya está lista y la mete en los tuppers de diseño que regalaron en la redacción de la revista hace menos de dos semanas. Vuelve a correr al otro lado de la casa, pero esta vez se va desnudando por el camino. No hay tiempo que perder, así que deja la ropa desperdigada por el suelo. Ya lo recogerá todo mañana por la mañana. Sabe que se arrepentirá de esto, pero no puede retrasarse más. Por un momento, se le ocurre dejarlo todo así hasta que su amiga se mude y, con la excusa de compartir las tareas de la casa, lo acabarían recogiendo entre las dos y tendría menos trabajo. Ella misma se ríe de su ocurrencia, pero sabe que no lo va a hacer.
Se mete en el cuarto de baño y abre el grifo de la ducha. Normalmente se lleva hasta allí la radio para escuchar música mientras se asea, pero hoy no puede perder ni un segundo si quiere que su plan salga según lo previsto. Espera a ver cómo sale el vapor del chorro de agua caliente y, con el regulador calcula la temperatura ideal. Mete primero un pie y lo coloca bajo el agua. Una vez está totalmente conforme con el resultado, se moja el resto del cuerpo y, cuando no han pasado ni cinco minutos, suena la melodía de kesha desde su móvil, que lo tiene en el lavabo junto a la toalla. Se rodea el cuerpo con ella, mira el teléfono y contesta rápidamente a la llamada.
  -¡Hola, cariño! Ya pensé que no me llamabas...
  -¿Cómo no te voy a llamar? ¿A caso crees que he olvidado qué día es hoy?
  -Por supuesto que no. Es solo que me gustaría poder verte para darte al menos mi regalo. Es nuestro primer mes juntos y no podemos ni disfrutar de una cena romántica. -El tono de voz apagado de África difiere bastante de su rostro, que luce esa inconfundible sonrisa que tanto le gusta a su chico.
  -Ya lo sé, Afri, a mí también me gustaría verte, pero tengo un montón de trabajo acumulado.
  -Trabajo y más trabajo. Siempre lo mismo. -Esta vez, la joven parece un poco molesta y su tono de voz es mucho más seco. Su sonrisa ha desaparecido desde que escuchó la palabra "trabajo" saliendo de los labios de su novio.
  -Prometo compensarte, de verdad. El fin de semana que viene nos vamos tu y yo por ahí, a un hotel. ¿Te gusta la idea? O mejor, a un Spa. Así nos relajaremos y podremos disfrutar el uno del otro en la piscina, en el jacuzzi... Tú ya me entiendes. -Mientras pone los pies en la mesa del despacho que tiene en su casa, no puede evitar mostrar esa sonrisa suya tan peculiar. Esa sonrisa que llama la atención de todas las chicas, pero que solo una de ellas puede besar. Solo ella. Solo África.
  -Bueno, bueno, no te emociones. Que mi amiga se va a venir a vivir a casa y no sé cuándo va a hacer la mudanza.
  -Yo reservo, y si tú quieres... me acompañas. Si no, tendré que buscarme a otra. ¿Qué se le va a hacer?
  -¡Como hagas eso, te puedes ir olvidando de mis besitos en el cuello!
La conversación entre los dos se relaja entre broma y broma y África decide olvidar la adicción que tiene su chico al trabajo.
  -¿Qué estás haciendo?
  - Nada. Estaba en el sofá leyendo. -Miente y, aunque se siente culpable por hacerlo, es la única forma de que él no sospeche nada. -Puedo hablar contigo todo el tiempo que quieras. -Vuelve a mentir. Necesita colgar cuanto antes, vestirse, peinarse, maquillarse y salir corriendo en busca de un taxi; pero tampoco quiere despegarse de su móvil. Hoy casi no ha podido hablar con él y lo echa bastante de menos.
  -Yo no tengo mucho tiempo. Me estoy tomando un descanso entre papeles y papeles. En la empresa todos van con retraso y, si no me envían su trabajo a tiempo, yo no puedo seguir con el mío; pero, de repente, me llenan el ordenador de emails con todo lo que me tenían que haber enviado durante la semana y ahora soy yo el que tiene que ponerse al día.
  -Cariño ¿De verdad quieres hablar de trabajo?
  -Tienes razón, lo siento.
Minutos más tarde, los dos se despiden y África vuelve al estrés que tenía antes de la llamada, con la diferencia de que, ahora, dispone de mucho menos tiempo.

martes, 9 de octubre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap 12

DOCE.
  Ya ha oscurecido y las cuatro paredes del local "La Luna" cobijan a Acclaim de la fría noche. No han parado de reír, charlar y pegarse algún que otro puñetazo en el brazo como muestra de amistad desde que llegaron, pero no molestan a nadie porque en "La Luna" siempre hay buen ambiente, buena música y a nadie le importa ver a otros pasándoselo bien.
Al otro lado de la barra, Verónica, la camarera, no le quita el ojo a ese grupo. Cada uno a su manera pero todos del mismo estilo.
  -¡Vero, cuatro cañas para la mesa 7! -Tras comunicarle el nuevo pedido, el otro camarero que está sirviendo en el local esta noche coge la bandeja que hay sobre la barra repleta de cervezas que ha colocado antes su compañera y se la lleva al callejón que hay a la salida, donde su jefe colocó unas cuantas mesas altas no hace mucho.
  -¡Oído, cocina! ¡Yo me encargo! -No está segura de que David la haya escuchado, pero ya está fuera y repetírselo sería perder el tiempo.
Coge cuatro jarras de debajo de la barra y las llena una a una colocándolas bajo el grifo de cerveza con sumo cuidado. No quiere que le pase lo mismo que el primer día de trabajo cuando desperdició casi medio barril llenando los vasos de espuma. Únicamente de espuma. Por suerte, ya lleva más de un año ejerciendo de camarera y sabe perfectamente como tirar una caña, además de cuál es el número de cada mesa y, no en vano, ha decidido ser ella la que atienda a la mesa 7
  -Cuatro cervecitas para los nuevos clientes. Aquí las tenéis, pero como sigáis con este ritmo os vamos a tener que sacar a rastras del bar y la factura va a ser kilométrica. -La sonrisa es su mayor virtud y por ello no para de mostrarla en ningún momento.
  -Por la pasta no te preocupes, que aquí nuestro amigo se va a forrar de dinero en un abrir y cerrar de ojos. -Dice Marcos mientras apoya su mano sobre el hombro de Lucas.
  -¿Qué dices, tío? Yo no pienso pagar todo esto. Además, que solo formo parte de una banda. No me voy a hacer de oro por eso.
  -Una banda que toca en televisión. Esa es la clave, amigo mío.
  -¿Vas a salir en la tele? ¿Cuándo? -Pregunta Vero intrigada. -Me gustaría verte, que ahora tengo curiosidad por saber cómo tocas.
  -No voy a salir en la tele. Bueno, si, pero es diferente. Me han contratado para un nuevo programa y yo toco con la banda que han contratado para marcar el ritmo y darle vidilla al asunto, pero si me enfocan tres segundos en algún programa que otro, puedo darme ya por satisfecho.
  -Venga Lucas. Esto va a ser solo el principio. Tú te vas a hacer famoso en ese programa y luego vas a hacernos famosos a nosotros.
  -¿A vosotros? -La chica no entiende nada y no quiere parecer cotilla, pero se muere de curiosidad por saber qué pasa por la cabeza de esos cuatro chicos. Sobre todo del que más destaca. El que tiene los brazos tatuados, el pelo negro rizado y un piercing en el labio y, es justo él quien disipa sus dudad.
  -A Acclaim. Quédate bien con el nombre porque va a ser la palabra más sonada dentro de unos meses.
  Elías da por hecho que la camarera no se ha enterado de nada y se lo explica para que quite esa cara de extrañeza y vuelva a deleitarlos con su magnífica sonrisa.
  -Verás, nosotros venimos de Galicia. Allí teníamos un grupo que, como ya habrás deducido, se llamaba Acclaim. Para ser sinceros, tampoco es que tuviéramos allí mucho público, pero poco a poco nos íbamos dando a conocer.
  -Efectivamente. -Interrumpe Marcos. - Hasta que el melenas se presentó a una prueba para salir en la tele, lo cogieron y tuvimos que disolver el grupo para que pudiera grabar aquí, en Madrid. Y ahora le estamos haciendo una visitilla.
  -¡Eh! ¡A esa prueba nos presentamos todos! Lo que pasa es que solo me cogieron a mí.
  -Sea como sea, nos hemos sacrificado por ti, así que, para compensarnos, nos vas a facilitar el salto a la fama.
  -A ver, a ver. Esperad, que yo me entienda. -Vero sigue un poco confusa, pero más o menos va pillando la historia. -Vosotros formáis un grupo, os presentáis a un casting y solo lo cogen a él, así que se viene a Madrid a trabajar en la tele y vosotros pretendéis que él os haga famosos. ¿Me equivoco?
  -Ni en una coma. -Contesta Lucas con resignación. El joven ya tiene asumido que sus amigos le van a exigir mucho. Y más aún, Marcos, que aunque es su mejor amigo desde la infancia, siempre intenta exprimirlo al máximo.
  -Pues, desde mi humilde punto de vista, -Contesta la camarera. -tenéis más cara que espalda. Si queréis daros a conocer, venid a vivir a Madrid como ha hecho él, buscaos un trabajo e id ahorrando. Tocad en bares, en la calle, en el metro. Cualquier sitio es bueno mientras os escuchen y, si de verdad valéis para esto,  el destino os dará una oportunidad.
  Los cuatro se quedan callados. Esa chica tiene razón. Para conseguir algo, no solo basta con desearlo, también hay que currárselo cada día.
  -Y podéis empezar tocando aquí. -De nuevo, regala una sonrisa. Sabe que nadie puede resistirse a ellas. - ¿Tenéis instrumentos?
  -Si... bueno... están justo aquí arriba, en mi casa. Pero no sé. Me parece muy precipitado.
  -Venga, no seáis cobardes. A nosotros nos ha fallado el grupo que venía a tocar los jueves y vosotros buscáis promocionaros. Todos salimos ganando. Esta vez no puedo pagaros porque no está hablado con el jefe, pero si le gustáis, podría haceros contrato y tocar más veces. Además, si aceptáis mi oferta, a todas las rondas que lleváis hoy, invita la casa, aunque por ello vaya a rodar mi cabeza.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Querido diario. 27-09-2012

Querido diario, el Otoño ya está aquí. Es hora de guardar todas aquellas prendas confeccionadas con minúsculos pedazos de tela y sacar aquellas cajas que esconden kilos y kilos de lana. Los colores vivos como el rosa o el celeste se echan a un lado y dejan paso colores más apagados como el naranja o el corinto, lo cual no significa que nuestras vidas dejen de ser alegres.
A mi, personalmente, me encante esta estación. Largos días de lluvia nos acompañarán durante una buena temporada. Podremos ver los cristales empapados y a la gente corriendo de un lado a otro sosteniendo un paraguas o sin él, mientras escuchamos el sonido del agua cayendo y nos sentimos protegidos bajo nuestro techo, ese que nos proporciona seguridad aunque no nos demos cuenta.
Los atardeceres serán maravillosos, llenos de romanticismo, con árboles que dejan caer sus hojas y se van quedando poco a poco desnudos por varios meses.
Si, en este momento, viniera alguien de otro planeta y se parara a observar el paisaje sin saber que más adelante llegará la primavera y cubrirá todo de un color tan intenso como es el verde, adornado de todo tipo de flores y frutos, pensaría que todo está muerto.
Todos tenemos épocas en las que nos quedamos desnudos. Si hemos perdido un familiar, un amigo, si se produce un cambio inesperado que trastoca nuestra rutina... En esos momentos hay que pensar en la naturaleza y, al igual que un árbol reverdece, nosotros también saldremos adelante.
Al fin y al cabo, el sol sale todos los días.


martes, 25 de septiembre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 11

ONCE
  Paredes a medio pintar. El sol entra por la única ventana de la habitación mientras una gota de sudor cae por la frente de Lucas. Por mucho que le guste todo lo relacionado con la pintura, la carpintería, la fontanería y todo lo que tenga que ver con arreglos hogareños, hoy ya no puede más. No ha parado en todo el día, pero aún así, todavía le quedan bastantes cosas por hacer. Cuando vio las fotos del piso por internet, supo al instante que tendría que dedicarle unas cuantas horas para que estuviera como nueva, así que ahora no tendría sentido echarse atrás.
Continua pintando pero ya tiene la espalda echa polvo y, sin ni siquiera pensarlo, se tumba en el colchón que hay colocado de cualquier manera en el salón, aún sin quitar el plástico que lo cubre. Está muy cansado y poco a poco se le van cerrando los ojos, pero cuando está a punto de dejarse llevar por los deseos de Morfeo, el desagradable sonido del timbre suena repetidas veces. ¿Quién será? Acaba de llegar a Madrid y aún no conoce a nadie. Lo más probable es que sea su casero, pero ha hablado con él por teléfono hace tan solo un par de horas y no le comentó que fuera a pasarse hoy por allí.
El timbre continua sonando y Lucas se levanta a toda prisa para poder abrir la puerta cuanto antes y poder dejar así de escuchar ese molesto ruido, pero cuando se encuentra a tan solo dos pasos de la puerta, el aparato deja de sonar. Aun así, Lucas abre la puerta y se encuentra a sus tres amigos al otro lado, uno de ellos presionando el timbre mientras dice:
  -Mierda, me lo he cargado...
  Lucas le aparta la mano rápidamente e intenta hacerlo sonar él, pero no hay manera. Efectivamente, se lo ha cargado.
  -¿Eso es lo único que nos dices después de tanto tiempo sin vernos? Ven aquí y danos un abrazo, capullo.
  Los invitados estrujan con sus brazos a Lucas, que se escapa como puede de tanto trozo de carne tatuado y protesta.
  -¡No llevo ni una semana fuera! ¿Tan imprescindible soy? No podéis estar sin mí, jajajajaja. ¿Y ahora, quién me paga esto? -Señala el timbre con la mano izquierda como si de una azafata de concurso de televisión mostrando el premio se tratara.- Como se entere mi casero, me mata.
  -Déjate de tonterías que tú esto lo arreglas en media hora.
  -O incluso menos- Ahora toma la palabra el más bajito, que no había abierto la boca hasta ese momento.
  -Pero no solo hemos venido a cargarnos tu timbre- Dice el más corpulento mientras echa a Lucas hacia un lado y entra en la casa como si fuera suya- Vaya mierda te has alquilado. Está que da asco.
  -Por eso la he alquilado -Se defiende Lucas- El dueño me ha dicho que es mía por 150 euros al mes si le arreglo todos los desperfectos y la mantengo en condiciones.
  -¡Qué chollazo! -Vuelve a hablar el bajito y se coloca bien las gafas para poder observar más a fondo la nueva casa de su amigo.
  -¿Y qué es lo que hacéis aquí en Madrid? A parte de destrozar timbres, claro.
  -¿Qué vamos a hacer? Hemos venido a verte y, de paso, a gorronearte un poco. No conocemos a mucha gente que tenga un piso en la capital.
  -Deberíais haber avisado. Yo ahora estoy muy liado y no tengo tiempo casi de nada. Los ensayos empiezan este mismo lunes y quiero adelantar lo máximo posible en la casa porque sé que luego será imposible.
  -Podemos ayudarte -Dice el tercero del grupo, que por fin se decide a quitarse el gorro de lana que llevaba puesto desde que entró a pesar de estar en pleno verano.
  -¿Qué dices? Hemos venido a salir de fiesta, no a trabajar. Para eso me quedo en mi casa.
  -Pues yo estoy de acuerdo con Elías. Mientras estemos juntos, ¿Qué importa lo que hagamos?
  -¡Gracias, enano!
  -¡Eh! ¡Que tengo un nombre!
  -Jajajajaja, me encanta picarte, Pablito. Vamos a tomar algo, anda, que aquí al lado hay un bar muy barato y ya luego pienso qué voy a hacer con vosotros tres.
  Y Elías vuelve a colocarse el gorro antes de salir por la puerta.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Querido diario. 17-09-2012

Querido diario, dicen que hay días que es mejor no levantarse y eso exactamente es lo que me ha pasado a mí. He tenido que madrugar para ir a la revisión de un examen, pero al llegar a la estación del tren he podido comprobar que había huelga y que el horario de salida de trenes se había reducido bastante.
Tras una hora de espera en la estación con la única distracción de mi Ipod, ha llegado un tren y, tres cuartos de hora más tarde, me encontraba al fin en Jerez.
El camino hasta la universidad sigue siendo igual de aburrido y monótono que la última vez que pasé por allí, pero parece ser que me voy a tener que acostumbrar a ello porque aún me quedan bastantes años recorriéndolo día tras día.
Llegué al despacho 2.02, donde se encontraba la profesora de Estructura de la Publicidad y las RRPP, dispuesta a enseñarme mi examen amablemente, pero no tan dispuesta a razonar que un 4,75 y unas prácticas bien hechas y entregadas son un aprobado de toda la vida de Dios.
Salí cabizbaja de aquel despacho, pero aún tenía la esperanza de que la cosa fuera mejor con la asignatura de Historia Económica y Social. Llamadme ilusa porque el destino me dejó bastante claro que, aunque el examen esté aprobado, la asignatura estará suspensa aunque el mismísimo Papa venga a decir lo contrario. Al llegar al despacho de la profesora de Historia, vi un papel en la puerta en el que anunciaba que la revisión se aplazaría hasta esa misma tarde. He de comprender que veo visiones porque, al llegar a mi casa y preguntarle a la susodicha por ese cambio de hora, me contestó que no existía tal cambio y que las revisiones ya habían finalizado. Ahora pido un aplauso para aquel supuesto ángel de la guarda que debería estar cuidándome y, por lo visto, está de cañas con algún amigo.
Me gustaría puntualizar que, al llegar a la estación para volver a Cádiz, tuve que volver a esperar otra hora, tiempo que dediqué a lamentarme por todo aquello que me rodeaba.
Ha sido una de las peores mañanas de mi vida pero, al ver llegar a mi madre del trabajo, ha cambiado mi forma de ver las cosas. ¿Por qué estar triste si voy a tener la oportunidad de recuperar aquellas asignaturas que han podido conmigo? Nos gusta lamentarnos por lo mal que nos va todo, pero no nos damos cuenta de la suerte que tenemos y yo hoy me he parado en seco un momento. Le he dado al botón de Stop y me he parado a analizar mi vida: Tengo un hermano que vale millones y unos padres que se preocupan por mí en cada momento. Mis amigas me respaldan en cada decisión que tomo y están dispuestas a ayudar en todo momento. Sinceramente, no tengo motivos para estar triste porque tengo todo lo que necesito. Hoy no ha sido un buen día, pero mañana empieza uno nuevo. Nuevas oportunidades esperando que nos demos cuanta de que están ahí, de que están hechas para nosotros.
A veces la vida nos habla en susurros. Si no podemos escuchar, nos habla más alto. Si aún no podemos o sabemos entender o no queremos escuchar, nos sigue hablando más y más alto hasta que nos da un grito. Ese grito es el dolor, la enfermedad o el accidente. La vida no es lo que sucede cuando todos tus planes se cumplen ni lo que pasará cuando tengas eso que tanto deseas. La vida es lo que está pasando este peciso instante.
Y para concluir, me gustaría felicitar a mis papis, que hoy, o mejor dicho, ayer, porque ya han pasado las doce, cumplieron 24 años de casados. Felicidades por el esfuerzo que supone y enhorabuena por tener a alguien con quien compartir la felicidad día a día.
Os quiero y os agradezco todo cuanto hacéis. Incluso cuando os equivocáis porque eso significa que sois personas. Personas muy especiales para mí.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Con "B" de BERTA. Cap. 10

DIEZ
  Las paredes de los edificios que tiene a los lados van quedándose atrás a una velocidad de 40 km/hora. Con las manos en el volante, Berta presta atención al tráfico o, al menos, intenta hacerlo. No se quita de la cabeza lo que le ha propuesto su amiga. ¿Irse a vivir juntas? ¡Es una locura! No es que no le haga ilusión. Desde pequeñas fantaseaban con vivir juntas en una gran mansión llena de juguetes y con una cocinera que tuviera siempre pastelitos recién hechos y se los llevaran a sus habitaciones, donde nadie podría decirles que en la cama no se come.
A medida que iban creciendo, la casa iba evolucionando. Cuando tenía diecisiete años, ambas querían un piso pequeño par ano tener que limpiar más. En ese sentido eran más realistas que de pequeñas, pero no dejaban de fantasear con sus gustos y pasiones. Berta tendría en su habitación un vestidor para ella sola y una cómoda llena de maquillaje y esmaltes de todo tipo de colores. Además, las paredes estarían llenas de fotos de sus amigas, ya que en su verdadera casa, su madre no le permitía ensuciar la pared de ninguna de las maneras.
Por otro lado, África siempre soñó con una habitación azul verdoso, como el color del mar, y en ella pintaría grandes burbujas como si se encontrara en el fondo del océano. Una estantería estaría reservada completamente para las revistas de moda con las que no solo aprendía a combinar complementos, sino que también descubría nuevos enfoques y planos que más tarde pondría en práctica con su cámara de fotos. Al igual que su amiga tendría un vestidor, ella dedicaría su rincón personal de la casa a construir un estudio. Su propio estudio de fotografía. Y, sin tenía mucha suerte y todo le iba como ella quería, justo enfrente de su casa tendría un picadero en el que se alojaría su precioso caballo tordo.
Por desgracia, ambas tenían ya veinticinco años y era hora de poner los pies en el suelo.
Independizarse requiere mucha responsabilidad y, no es que ella no se viera capaz, pero le daba miedo. Irse a vivir con su amiga significaría que nunca más dormiría bajo el mismo techo de aquellos que le dieron la vida, que la vieron crecer y le dieron una educación. Nunca más se levantaría de la cama y vería a su padre tomándose el café en su taza roja, la que ella le regaló, mientra lee el periódico con cara resignación ante las noticias que se sucedían en él.
Comenzaría una nueva etapa en su vida. Una nueva etapa en la que su compañera sería África, su amiga desde siempre, desde que el mundo es mundo. O, al menos, desde que las dos tienen uso de razón. Sin duda, no estaría sola en esa nueva aventura. Ella le daría su apoyo siempre que lo necesitara y estaría a su lado los primeros días hasta que se acostumbrara a su nueva situación.
El semáforo se pone en rojo casi sin que Berta se dé cuenta y no le queda más remedio que pegar un frenazo. ¡Casi se lo salta! Menos mal que ha actuado a tiempo. Aprieta con fuerza el volante y se decide a dar el paso. Se va a ir a vivir con su amiga y no se arrepentirá de su decisión. Lo tiene clarísimo. Parece ser que, al fin y al cabo, el día no va a ser tan malo como pensaba. Es cierto que la prueba no le salió del todo bien. En realidad, no le salió nada bien. Pero una vez más, su amiga le ha demostrado que estará con ella siempre que lo necesite. Y, además, ha vuelto a ver al Señor Mateo o, como él quiere que lo llame, Alejandro.

Cuelga el móvil tras hablar con su madre y se siente culpable por no haber intentado darle un poco más de entusiasmo a su voz para que no notara que, esta vez, la negativa rotunda de los directores del casting le ha afectado tanto. Camina por la calle cabizbaja. No tiene ganas de nada. Solo quiere llegar a su casa y encerrarse en su cuarto esperando que pasen las horas y llegue la hora de dormir.
  -¿Berta? ¿Eres tú?
  La joven levanta la cabeza y, frente a ella, se encuentra a un señor de unos cincuenta años. La última vez que lo vio tenía más pelo y menos barriga, pero esa nariz picuda es inconfundible. ¡Sin duda alguna, es él!
  -¡Señor Mateo! ¡Qué alegría volver a verle!
  -Vamos chica, no me hables de usted, que han sido muchos los años que hemos pasado juntos. ¡Hay que ver lo que has crecido! ¡Estás hecha toda una mujer! Una mujer hermosa, todo hay que decirlo.
  Berta se sonroja y agacha la cabeza. Por mucho que se repita la situación, no se acostumbra a que los hombres le piropeen.
  -Está bien, Alejandro. Ya sabes que mi madre siempre se empeñaba en que te tratara de usted.
  -Lo recuerdo como si fuera ayer. Qué tiempo aquellos ¿Verdad? Tus padres firmaban los contratos y a ti te encantaba jugar a las actrices, como tú lo llamabas. Fue una gran época.
  -Y todo gracias a ti.
  -Bueno, todos pusimos de nuestra parte. ¿Tienes algún proyecto ahora?
  -Qué va... Hago todas las pruebas que puedo, pero no me suelen coger en ninguna y lo único que consigo son anuncios y poco más. Estuve unos meses en la radio, pero tuvieron que cerrar la emisora. En fin, que no he tenido mucha suerte.
  -¡Pero si tú estás hecha para trabajar en esto! ¿Cómo es posible?
  -A lo mejor es que, realmente, no valgo.
  -¿Sabes una cosa? En la vida todo sucede por algo y tu y yo nos hemos reencontrado hoy después de varios años. Representante y representada. Algo nos tiene preparado el destino.
  -Yo no creo en el destino
  -Nunca fuiste una ilusa... y veo que no has cambiado. Ahora tengo prisa, pero -Alejandro saca una pequeña agenda del bolsillo delantero de su chaqueta y pasa las páginas a gran velocidad- ¿Tienes un ratito libre el miércoles que viene para tomar un café con un viejo amigo?
  -Sí... creo que sí. De todas formas, no has cambiado tu número de móvil ¿No?
  -No, no. Ya sabes que yo no me acostumbro a las nuevas tecnologías y procuro cambiar lo mínimo posible. Jajajajaja.
  Ambos sonríen. Los reencuentros inesperados siempre producen alegría.
  -Está bien. Nos vemos el miércoles. Yo tampoco he cambiado mi número. Ya me avisarás de la hora y el lugar.
  -No lo dudes.
  -Hasta el miércoles. Me ha encantado verte.
  -A mí también, mi pequeña princesita.
  Se despiden con un beso en cada mejilla y cada uno camina hacia un lado, pero no pueden evitar mirar atrás cuando ya han andado unos tres pasos y, cómo no, vuelven a sonreír.